José Luis Marín, psiquiatra: "Si puedes ver desde tu casa 3 árboles, tienes un parque a menos de 300 metros y tu barrio tiene un 30% de zonas verdes tienes menos propensión a los antidepresivos"
El bienestar depende no solo de nosotros, sino de todo lo que nos rodea.
En un mundo que corre deprisa y busca respuestas rápidas, cada vez más voces invitan a detenerse y mirar más allá. ¿Y si parte de lo que nos pasa no estuviera solo en la cabeza, sino también en cómo vivimos, en lo que comemos, en cuánto descansamos o incluso en lo que vemos al asomarnos por la ventana? Esa es la reflexión que plantea el psiquiatra José Luis Marín, que propone entender a la persona antes que al síntoma.
En esa línea, el experto pone el foco en algo tan cotidiano como el entorno en el que vivimos. Así, defiende que el bienestar no depende solo de lo que ocurre dentro de nosotros, sino también de todo lo que nos rodea y, muchas veces, pasa desapercibido. Desde el ritmo de vida hasta la calidad de nuestras relaciones, pasando por el descanso o la alimentación, todo influye en cómo nos sentimos, aunque no siempre sepamos ponerle nombre.
Lejos de centrarse únicamente en los síntomas, José Luis Marín plantea que muchas claves del malestar están en aquello que damos por hecho en el día a día. “Si puedes ver desde tu casa tres árboles, tienes un parque a menos de 300 metros y tu barrio cuenta con un 30% de zonas verdes, tienes menos propensión a consumir antidepresivos”, explica en una entrevista con Roca Project, haciendo referencia a la regla 3-30-300.
“La depresión está en tu vida”
No se trata de una fórmula mágica, sino de una forma de recordar que la vida diaria, el entorno y las condiciones en las que habitamos también forman parte de nuestro equilibrio emocional, poniendo sobre la mesa cómo factores aparentemente simples pueden tener un impacto directo en nuestra salud. A menudo, son precisamente esos elementos cotidianos los que terminan marcando la diferencia sin que apenas reparemos en ello.
Durante la conversación, Marín desmonta uno de los pilares más extendidos en psiquiatría: la idea de que la depresión es un simple desequilibrio químico. “La depresión no está en tu cabeza. La depresión está en tu vida”, asegura. Para el psiquiatra, reducir el malestar a neurotransmisores es una simplificación peligrosa. Por eso insiste en que tratar únicamente con fármacos es, en el mejor de los casos, un parche.
En su enfoque, no existe una separación real entre mente y cuerpo, sino que todo forma parte del mismo proceso. “No hay nada corporal que no afecte a lo psicológico. Y no hay nada psicológico que no afecte a lo corporal”, defiende. Según explica, el sufrimiento se manifiesta en todo el organismo: digestión, piel, sistema inmunitario… No es raro que alguien con malestar emocional acabe pasando por múltiples especialistas sin que nadie conecte las piezas.
En el fondo, su mensaje apunta a recuperar una forma más humana de entender la medicina y el sufrimiento, donde el diagnóstico no eclipse a la persona. Por eso, el psiquiatra defiende cambiar la pregunta clínica: menos “¿qué te pasa?” y más “¿qué te ha pasado?”. Un matiz que abre la puerta a comprender historias, contextos y heridas que no siempre aparecen en una receta, pero que resultan esenciales para acompañar de verdad a quien lo necesita.