Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Los monos de un templo en Bali no roban por hambre, negocian: distinguen un iPhone de unas chanclas y eligen qué objetos pueden cambiar por más comida

Los monos de un templo en Bali no roban por hambre, negocian: distinguen un iPhone de unas chanclas y eligen qué objetos pueden cambiar por más comida

Algunos monos desarrollaron auténticos "procesos de toma de decisiones económicas". 

monos-templo-bali-iphone
Uno de los monos tan hábiles e inteligentes del Templo de Uluwatu.Getty Images/iStockphoto

Los turistas que visitan el famoso Templo de Uluwatu suelen llegar buscando puestas de sol, acantilados espectaculares y danzas tradicionales balinesas. Pero muchos terminan protagonizando una escena mucho más surrealista: un mono escapando con su teléfono móvil, sus gafas o su cartera mientras negocia comida como si formara parte de una pequeña mafia organizada.

Y no es una exageración turística. Investigadores que han estudiado durante años a los macacos del templo aseguran que estos animales no roban por impulso ni únicamente por hambre. Lo hacen porque han aprendido a usar los objetos humanos como moneda de cambio.

Algunos incluso distinguen perfectamente entre un iPhone, unas gafas graduadas o una cartera —objetos con alto valor para las personas— y otros mucho menos útiles como chanclas, horquillas o sombreros. Y actúan en consecuencia.

Una "organización criminal" de monos en Bali

El escenario de esta peculiar historia es el Templo de Uluwatu, uno de los lugares más visitados de la isla indonesia de Bali. Allí viven alrededor de 600 macacos de cola larga considerados guardianes sagrados del templo por la tradición local. Una historia que demuestra que la inteligencia no es algo exclusivo de los humanos. La inteligencia y la picardía. 

Pero para muchos turistas, esos guardianes funcionan más bien como carteristas profesionales. Jonathan Hammé, un turista británico de 64 años, todavía recuerda cómo un mono le arrebató sus gafas de sol favoritas mientras contemplaba el océano desde el acantilado. “Los monos se han apoderado del templo. Están montando una estafa”, explicó al Wall Street Journal después de recuperarlas mediante un intercambio de galletas Oreo organizado por uno de los cuidadores del recinto. Las gafas aparecieron dobladas, pero aparecieron.

Los monos saben qué objetos "valen más"

Lo más llamativo es que el comportamiento no parece aleatorio. Un equipo de investigadores de la Universidad de Lethbridge pasó años grabando y analizando cientos de horas de comportamiento de los macacos.

Su conclusión fue que algunos monos desarrollaron auténticos “procesos de toma de decisiones económicas”. Es decir, aprendieron qué objetos generan mejores recompensas por parte de los humanos

Un teléfono inteligente suele traducirse en más fruta. Unas gafas graduadas también. Una chancla vieja, en cambio, apenas tiene valor de negociación. Según los investigadores, los macacos priorizan los objetos que los humanos intentan recuperar desesperadamente. Y usan esa información para maximizar la recompensa.

El trueque funciona mejor que la fuerza

Cuando los monos roban algo valioso, normalmente entran en escena los llamados pawang, cuidadores especializados que actúan como negociadores entre turistas y animales. Utilizan fruta como plátanos, mangos, rambutanes o mangostanes para convencer al mono de devolver el objeto. En casos difíciles, incluso recurren a huevos crudos, considerados un auténtico premio por los animales.

Ketut Ariana, cuidador del templo desde hace dos décadas, asegura que los monos llegan a robar entre cinco y diez teléfonos móviles al día. Y muchas veces las negociaciones son largas.

Taylor Utley, una turista estadounidense que participaba en un retiro de bienestar en Bali, vivió una escena casi absurda cuando un mono le robó el teléfono y se colocó junto al borde del precipicio, según relata en el mismo artículo del WSJ.

El cuidador intentó negociar durante varios minutos lanzándole bolsas de fruta. El mono se negó a soltar el móvil hasta que acumuló tantas bolsas que físicamente ya no podía sujetarlas todas. Solo entonces dejó caer el teléfono.

Un comportamiento aprendido durante décadas

Nadie sabe exactamente cuándo empezó este sistema de robos organizados. Algunos cuidadores creen que los monos ya robaban joyas hace décadas durante ceremonias religiosas, antes incluso del auge turístico de Bali.

Otros apuntan a que el comportamiento se reforzó cuando el templo prohibió a los visitantes alimentar directamente a los animales. Los monos habrían aprendido entonces que robar objetos era la forma más eficaz de conseguir comida extra.

Y parece que el sistema funciona demasiado bien como para abandonarlo. Las autoridades del templo han intentado modificar horarios de alimentación y variar la dieta de los animales para reducir los robos, pero el comportamiento persiste. Porque, según reconocen los propios cuidadores, muchos monos ya no roban solo por comida. También parecen hacerlo por entretenimiento.

El día que un mono hizo fotos con un iPhone

La sofisticación de estos macacos llega a situaciones casi cómicas. Durante una visita reciente al templo, un periodista relató cómo un mono le robó el iPhone y desapareció entre la vegetación del acantilado. Tres cuidadores participaron durante más de una hora en la operación para recuperarlo.

El animal escapaba constantemente, cambiando de árbol, escondiéndose y hasta mordisqueando el dispositivo. Finalmente, lograron recuperarlo con la parte trasera rota.

Pero la historia terminó todavía más surrealista: al revisar el teléfono, descubrieron que el mono había tomado varias fotografías accidentalmente mientras lo manipulaba.

Más inteligencia social de la que parecía

Los investigadores consideran que el caso de los macacos de Uluwatu es uno de los ejemplos más avanzados de comportamiento económico observado en animales salvajes. No solo identifican objetos de valor. También entienden la reacción emocional humana, retrasan la devolución para aumentar la recompensa y desarrollan estrategias distintas según el tipo de turista. Todo ello sin entrenamiento directo.

Lo que para los visitantes parece una anécdota divertida se ha convertido para los científicos en una prueba fascinante de inteligencia social, aprendizaje cultural y adaptación al turismo humano. 

MOSTRAR BIOGRAFíA

Te paso lo de la bio: Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos