Las personas que empiezan a trabajar antes de que salga el sol "son esenciales para la sociedad, pero pagan un precio biológico oculto": la ciencia investiga ahora una solución
Varios investigadores buscan cómo aliviar el coste invisible de madrugar.
Cuando la mayoría de las persianas siguen bajadas y la ciudad aún duerme, ya hay miles de personas poniendo el día en marcha: repartidores, sanitarios, personal de limpieza, obreros, panaderos o trabajadores del transporte. Su rutina empieza a contrarreloj del amanecer, pero también a contracorriente de su propio cuerpo, obligado a rendir cuando biológicamente el cerebro todavía cree que debería dormir.
Esa descoordinación no es una simple molestia, sino que el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos (NHLBI) explica que el trastorno del sueño por trabajo a turnos puede provocar insomnio, cansancio extremo y somnolencia durante la jornada. Ahora, un ensayo clínico del Hospital General de Massachusetts Brigham apunta a una posible ayuda para solventar ese problema.
El estudio, publicado en NEJM Evidence, evidencia que el solriamfetol, un fármaco que promueve la vigilia, mejoró el estado de alerta en 78 trabajadores de turnos de madrugada con trastorno del sueño. “Los trabajadores por turnos son esenciales para el funcionamiento de nuestra sociedad, pero a menudo pagan un precio biológico oculto. Este estudio demuestra que podemos mejorar su situación”, explicó el autor principal, Charles A. Czeisler, jefe y médico sénior de la División de Medicina del Sueño y Circadiana.
Más despiertos, más seguros
La mitad de los trabajadores que participaron en el estudio tomó solriamfetol durante cuatro semanas y la otra mitad recibió un placebo. Según los investigadores, quienes tomaron solriamfetol se mantuvieron despiertos durante más tiempo en condiciones simuladas de trabajo y reportaron menos somnolencia, con mejoras también en el funcionamiento general, la productividad laboral y las actividades diarias.
“La mejora que observamos es clínicamente significativa. Estos trabajadores pudieron mantenerse despiertos y alerta durante un turno completo de ocho horas, lo que tiene implicaciones reales para el rendimiento, la seguridad y la calidad de vida”, asegura el autor. Además, este hallazgo es verdaderamente importante porque, según los autores, este grupo había quedado fuera de otros ensayos clínicos previos.
El equipo señala que muchas personas que empiezan a trabajar entre las 3:00 y las 7:00 horas de la mañana no se consideran a sí mismas “trabajadores de turnos”, aunque su reloj biológico diga otra cosa. En la práctica, esto hace que tengan más sueño justo cuando empieza el turno y que, al mismo tiempo, les cueste recuperar el descanso después. El estudio subraya además que una cuarta parte del sector laboral trabaja fuera del horario tradicional de 9:00 a 17:00 horas.
Pese a los resultados, los propios investigadores llaman a la cautela porque aún queda por entender qué efectos tendría el tratamiento a largo plazo y en perfiles más diversos. Por ello, el equipo ha comenzado a reclutar participantes para un nuevo ensayo centrado en trabajadores del turno nocturno, un avance que podría acercar la aprobación del fármaco como tratamiento específico y abrir la puerta a que madrugar deje de tener un coste invisible para la salud.