Robin, psicólogo, señala que la parte más complicada de la jubilación no es la soledad: "Simplemente eres... tú"
Un cambio que puede traer consigo toda una crisis de identidad.
Entrar en la jubilación suele imaginarse como ese momento largamente esperado en el que el despertador deja de mandar y el tiempo vuelve a pertenecernos. Sin embargo, más allá del descanso merecido, muchas personas descubren que esta etapa también trae consigo un torbellino inesperado de dudas, inseguridades y replanteamientos personales. Lo que parecía un retiro soñado puede convertirse en uno de los cambios más exigentes a nivel emocional.
Y es que, con el paso de los meses, muchos se dan cuenta de que lo más duro de la jubilación no es simplemente quedarse solo o tener demasiado tiempo libre. Lo verdaderamente desconcertante es perder el papel que durante décadas les dio identidad y propósito. De repente, sin ese rol laboral que funcionaba como carta de presentación ante el mundo, toca enfrentarse a una pregunta mucho más íntima: ¿quién soy ahora?
Preguntar "¿a qué te dedicas?" es, en realidad, una manera rápida de definir quiénes somos y situarnos socialmente. La jubilación borra ese atajo: ya no eres “el director de…” o “la jefa de…”, y con la pérdida del rol profesional se desactiva también un ecosistema de interacciones y reconocimientos sociales. El resultado puede ser una crisis de identidad que para muchos resulta más desorientadora que la soledad en sí.
Elegir bien las amistades
El psicólogo evolutivo Robin Dunbar, conocido por sus investigaciones sobre las relaciones humanas, subraya además que muchas de las amistades que creemos sólidas en realidad se sostienen por la proximidad y la rutina. El contacto diario en el trabajo mantiene vivos esos vínculos y, cuando esa frecuencia desaparece, la relación tiende a debilitarse de forma natural, según recoge en uno de sus estudios. La jubilación, por tanto, pone a prueba la red social que creíamos firme y obliga a distinguir entre compañeros de trabajo y amigos elegidos.
La investigación sobre la amistad muestra que tres ingredientes (proximidad, repetición y la vulnerabilidad no planificada) son esenciales para que una relación pase de conocida a verdadera amistad. En el entorno laboral esos ingredientes suelen darse de forma natural: la interacción diaria, las charlas en la cocina, los proyectos compartidos. Cuando cesa el contacto cotidiano, muchas de esas "amistades del día a día" pierden fuerza.
La jubilación, según explica Robin Dunbar, también confronta a las personas con una realidad más profunda: “Simplemente eres… tú”. Sin el rol profesional que durante años definió su identidad, desaparecen las etiquetas que daban sentido a las interacciones diarias y a la propia autoestima. Los estudios señalan que, en promedio, los hombres tienden a vincular más su sentido de valía al rol profesional, por lo que la retirada del mercado laboral suele golpear con mayor fuerza su identidad.
Por ello, para afrontar la jubilación con serenidad los expertos recomiendan seguir unos pasos sencillos: adelantarse al cambio, identificar qué relaciones merecen la pena y dedicar tiempo a ellas, y abrirse a nuevas redes que no dependan de la proximidad física. Cambiar la narrativa interna, de “ya no soy lo que hacía” a “todavía puedo ser esto y aquello”, ayuda a reconstruir una identidad más rica y flexible.