Soy técnica en nutrición y esto es por lo que a veces tomo un vaso de agua caliente en ayunas
Esta experta explica cómo influyen en nuestro cuerpo tanto la temperatura a la que la bebamos como la cantidad.
En redes sociales hay multitud de "bebidas milagro" para empezar el día. Sin embargo, según la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón hay algo mucho mejor que estas soluciones mágicas, de las que ella huye. "Mi hábito de beber agua caliente —en mi caso, dos vasos— no tiene que ver con quemar grasa ni con "detoxificar" el hígado, sino con algo mucho más sencillo: preparar el terreno digestivo".
¿Por qué tibia y no fría? Luzón responde que es "una cuestión de eficiencia": "Nuestro cuerpo funciona a una temperatura interna de unos 37°C. Introducir agua muy fría supone un pequeño 'estrés' térmico; el organismo debe invertir energía en atemperar ese líquido antes de que siga su curso".
Es más, esta experta detalla que beberla tibia (a entre 35°C y 40°C) "ofrece ventajas mecánicas reales, como la higiene intestinal, ya que ayuda a disolver restos de alimentos y mucosidades en el tracto digestivo, facilitando un tránsito más fluido; la vasodilatación, con la que el ligero calor promueve una mejor irrigación sanguínea en las mucosas del estómago e intestinos, 'despertando' el sistema de forma gradual, y, finalmente, menos impact, ya que es una transición más amable para el cuerpo tras horas de reposo absoluto".
Así que la temperatura ideal a la que tomarse estos primeros sorbos de agua por la mañana no es ni la del grifo, ni hirviendo. Luzón dice que muchas veces "existe la tentación de usar el agua directamente del grifo por comodidad, pero hay dos razones para evitarlo". Y cuenta que la primera de ellas es la "seguridad alimentaria": "El agua caliente de las tuberías y calderas puede arrastrar metales pesados o sedimentos que el agua fría no suele soltar. Siempre es mejor calentar agua mineral o filtrada". La segunda razón es que debe estar en un punto justo porque "no buscamos una infusión que nos queme la lengua", aconseja. "Si está demasiado caliente, podemos dañar el epitelio del esófago. Debe ser una temperatura que puedas beber a sorbos largos sin molestia".
Respecto a la cantidad, esta técnica en dietética recomienda tomar dos vasos y cuenta las razones. "Beber un solo vaso es un buen comienzo, pero tras 7 u 8 horas de sueño, estamos fisiológicamente deshidratados. Yo opto por dos vasos por la compensación hídrica, es decir, el volumen mínimo necesario para reponer lo perdido por la respiración y la transpiración nocturna, así como por el volumen luminal". "Dos vasos generan la presión suficiente en las paredes del estómago para activar con éxito el reflejo que nos ayuda a ir al baño de forma regular", aclara.
Así que, en conclusión, "beber agua tibia no va a cambiar tu vida si el resto de tu dieta es deficiente, pero es un gesto de 'mantenimiento' sencillo y sin coste que mejora notablemente cómo te sientes el resto de la mañana", resalta esta experta.
*Ana Luzón es técnica en nutrición y defensora de una alimentación realista, alejada de dogmas y dietas restrictivas. Su enfoque se centra en ayudar a las personas a reconectar con sus señales de hambre y saciedad, integrando la salud física con el bienestar emocional y el contexto de la vida actual. Más información en www.analuzonsalud.es y en Instagram @analuzonsalud.