La defensa de Zuckerberg: 'no se Meta' con Instagram, son los niños que mienten en la edad
El CEO y fundador de Meta se ha defendido durante tres horas de testimonio en el histórico juicio sobre la adicción a las redes sociales, celebrado en Los Ángeles. Ha descargado la responsabilidad en los usuarios, a pesar de haber sido enfrentado a documentos internos e informes que dejan entrever la intencionalidad de la compañía.

Tras las históricas imágenes y reacciones que dejaron en 2018 y 2021 las primeras intervenciones de Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Meta, en las comisiones del Congreso estadounidense sobre el escándalo de Cambridge Analytica y, después, por los algoritmos de las redes; el juicio de ayer prometía mucho. El responsable de la empresa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp testificó durante tres largas horas en un proceso que ya forma parte de la historia y que puso a Los Ángeles como epicentro mundial del debate sobre la responsabilidad de los directivos de estas redes sociales en cuanto a la adicción que generan entre los menores de edad.
Zuckerberg, al igual que Google (Alphabet) por YouTube, debía responder ante la acusación de que son responsables de generar niveles de adicción al igual que lo hace el tabaco, pero impactando en gran medido en la salud mental de algunos usuarios. Todo partió de la denuncia de una mujer de 20 años -K.G.M.- que asegura que haber estado usando desde los 10 años este tipo de redes la convirtió en una auténtica adicta, generando problemas mentales marcados por la depresión y la inclinación hacia el suicidio.
En realidad, más allá del caso individual, la lucha de K.G.M. representa a la de miles de personas más en todo el mundo, en un contexto en el que los Gobiernos de distintos países -con especial atención en Europa- preparan y despliegan medidas contra las redes sociales. España sin ir más lejos anunciaba hace unas semanas que se prohibirá el acceso a los menores de 16 años. Pero Zuckerberg ha descargado de toda responsabilidad a Meta. Entonces, ¿de quién es la culpa? Según el magnate tecnológico, de los usuarios. Concretamente, de los propios menores de edad.
Zuckerberg: "Mienten sobre su edad para usar nuestros servicios"
El máximo responsable de Meta aseguró que "la política de la compañía ha sido clara" y que está completamente prohibido el acceso a menores de 13 años. No se quedó ahí y señaló lo evidente. "Creo que hay un grupo de personas, potencialmente un número significativo, que mienten sobre su edad para usar nuestros servicios", dijo, obviando que el pilar central de la reclamación popular es que sean las compañías tecnológicas las que garanticen un sistema de verificación de edad efectivo.
No se quedó ahí Zuckerberg, que también abordó otro de los factores que marcan este juicio. Ha esgrimido que para los desarrolladores de las apps es difícil implementar sistemas de verificación de edad del usuario, defendiendo que esa tarea y responsabilidad debería ser de los propios fabricantes de los móviles.
También dio un dato que sería muy relevante ante los documentos internos e informes que le pusieron delante. Según el CEO de Meta, los adolescentes no serían un perfil demográfico atractivo, en términos económicos, para sus empresas. Sobre todo en Instagram, donde aseguró que esa cohorte de edad equivale a menos del 1% de los ingresos.

El abogado acorrala a Zuckerberg con documentos: "Y aún así dices que 'nunca haríamos eso'"
Todas esas argumentaciones no quedaron sin respuesta. El encargado de darla fue Mark Lanier, abogado de la denunciante, quien acudió a un documento interno de 2018 -desvelado por Los Angeles Times- en el que un dato sobresale contradiciendo la defensa de Zuckerberg de que los adolescentes no son rentables. Hace 8 años, el número de menores de 13 años en Instagram era de 4 millones. ¿Mucho, poco? Representaba cerca del 30% de todos los niños de EEUU de entre 10 y 12 años.
Tampoco se quedó ahí el letrado de la acusación, que le puso delante a Zuckerberg una presentación interna, también de Instagram y de 2018, en la que se aseguraba que "si queremos tener un gran éxito entre los adolescentes, debemos incorporarlos cuando son preadolescentes". En ese momento, el abogado le espetó al dueño de Meta: "Y aún así dices que 'nunca haríamos eso'".
Zuckerberg respondió que estaba "interpretando erróneamente lo que digo" y que ha "mantenido diferentes conversaciones a lo largo del tiempo para intentar crear diferentes versiones de servicios que los niños puedan usar de forma segura". Incluso aseguró que valoraron hacer un Instagram paralelo para los menores de 13 años, pero que acabaron descartando esa idea.
De nuevo, y en términos de la acusación por adicción, Lanier se dirigió al jurado exponiéndole una serie de correos electrónicos de 2014 y 2015 en los que Zuckerberg exponía una 'Meta' bastante diferente de los objetivos de alcance. Reclamaba un aumento del tiempo que dedican los usuarios a estas apps. ¿Cuánto? En los correos se reclamaba que esa subida tuviese un porcentaje de dos dígitos. El abogado también le estaba pidiendo explicaciones por lo que había testificado en el Congreso en 2021.
Zuckerberg se refirió a aquella declaración en la Cámara baja estadounidense de la siguiente manera: "Si lo que intentan decir es que mi testimonio no fue preciso, estoy totalmente en desacuerdo con eso". Muchas de las respuestas tenían esta construcción, una cuestión que también salió a relucir a lo largo del interrogatorio al CEO de Meta, a quien le preguntaron si había recibido entrenamiento para testificar en ese juzgado.
El abogado de la acusación también aportó al jurado otro documento interno, pero ya de 2022, en el que se exponían los "hitos" (objetivos, metas..., en argot empresarial) que debía completar Instagram en los siguientes ejercicios. Entre ellos, el aumento gradual del tiempo que los usuarios pasan en la aplicación cada día. ¿Fue mucho? En tres años, pasó de 40 minutos en 2023 a 46 minutos en 2026. ¿Qué dijo a eso Zuckerberg? Que también se había malinterpretado, pues no eran hitos como tal, sino una "evaluación" para la alta gerencia sobre cómo le va a la compañía. Y, sí, no le va nada mal.
