Una técnica en nutrición revela cómo disfrutar de los dulces sin sentir culpa en Reyes
Esta experta explica cómo tomarse el roscón tranquilamente y resalta la importancia de no enfocarlo desde la alimentación saludable.
No existen dulces con lo que lo que hagamos sea "pecar", porque lo que hay que intentar disfrutar del roscón sin culpa ni cálculos. Esto es lo que defiende la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón y explica las claves para afrontar el consumo de estos dulces de una manera positiva. "Cada año, cuando llega Reyes, aparece la misma pregunta en medios y redes: ¿Cuál es el dulce con menos calorías para no engordar? O formulada de otra manera: ¿con qué puedo “pecar” menos? Como técnica en nutrición, entiendo de dónde nace esa inquietud. Pero también sé que esa forma de plantear la comida es parte del problema, no de la solución", recalca esta experta.
Luzón afirma que no hay que pensar que "el roscón de Reyes es el enemigo". "El problema es el marco mental con el que lo miramos: comerlo es “saltarse la norma”; disfrutarlo es “pecar”, elegirlo es “portarse mal”... y después toca compensar". Y es que "este discurso no habla de nutrición, habla de culpa", afirma la técnica en dietética.
Luzón dice que buscar el dulce “menos calórico” suele salir mal y explica el porqué: "Cuando elegimos un postre solo por sus calorías, suelen pasar varias cosas: comemos con miedo y vigilancia, no lo disfrutamos del todo, nos quedamos insatisfechas, seguimos pensando en comida, y muchas veces acabamos comiendo más, pero con peor sensación. No porque falte fuerza de voluntad, sino porque la restricción genera más obsesión, no más control".
Así que la forma de afrontar estas situaciones es pensando que "comer un dulce no es una excepción que haya que pagar", añade esta experta. Porque "un día especial no estropea una alimentación, una tradición no se compensa, un alimento no define tu salud y ésta no se construye a base de cálculos puntuales, sino de relación sostenida con la comida, con el cuerpo y con el disfrute", insiste.
Entonces, ¿cuál es su propuesta? Adoptar "una mirada mucho más sencilla —y más saludable—", responde Ana Luzón. "Elige el roscón que de verdad te apetece; cómetelo sentada, presente y sin prisa; disfrútalo como parte de una comida o celebración; escucha tu saciedad, sin exigencias, y sigue comiendo normal después, sin castigos ni 'arreglos'. Eso es regulación, autocuidado y también es nutrición".
También hace referencia al peso en nuestra salud de la relación que tengamos con la comida. "Un alimento no tiene el poder de 'estropearlo todo'. Pero la culpa constante sí tiene efectos reales: ansiedad, pérdida de señales internas, desconfianza corporal y una relación cada vez más tensa con la comida".
Por eso, concluye Luzón, "más importante que saber cuántas calorías tiene un dulce es preguntarnos: ¿Desde dónde lo estoy comiendo? y ¿cuál es mi mensaje para Reyes". "Porque comer roscón no es pecar; es compartir, celebrar y formar parte de una tradición. Y eso, lejos de ser un problema, también es salud", destaca.