Tirarse pedos no es solo motivo de broma: un estudio con más de 6.400 personas define por primera vez qué es lo normal y por qué tirarse muy pocos puede ser peor que tirarse muchos
Funcionar bien, a veces, implica hacer un poco de ruido.
Pocas cosas son tan democráticas como los gases. No entienden de edad, profesión ni estatus social. Da igual si uno está en una reunión de trabajo, en el sofá viendo una serie o intentando mantener la dignidad en un ascensor lleno. Tarde o temprano, todos nos enfrentamos a esa pequeña rebelión silenciosa —o no tanto— del aparato digestivo.
Un estudio con más de 6.400 personas ha intentado responder a una pregunta tan universal como poco elegante: ¿cuántos pedos son normales al día? La respuesta, publicada en JAMA Network Open, es que la mayoría de las personas expulsan gases unas cinco veces al día. De hecho, casi el 80% de los participantes se situó dentro de una horquilla de entre dos y siete episodios diarios.
Una aplicación para registrar pedos
Para obtener datos fiables, investigadores de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO), en Australia, recurrieron a una herramienta poco convencional: una aplicación para móviles bautizada como Chart Your Fart (Registra tus flatulencias).
Más de 6.400 australianos mayores de 14 años utilizaron esta aplicación para anotar, en tiempo real y durante al menos tres días, cada vez que expulsaban gases. El objetivo era hallar datos sobre cuántas veces al día se tiran pedos las personas sanas.
Los hombres ganan… por poco
Los resultados también revelaron pequeñas diferencias entre sexos. Los hombres declararon expulsar gases una media de 5,2 veces al día, frente a las 4,8 veces registradas por las mujeres. Además, los participantes más jóvenes, entre 14 y 25 años, informaron de menos episodios que otros grupos de edad.
Y los pedos, al parecer, también tienen horario de oficina
Su frecuencia permanecía relativamente baja durante buena parte del día, pero comenzaba a aumentar a partir de las seis de la tarde y alcanzaba su pico entre las seis y las diez de la noche, coincidiendo con el momento en que solemos consumir comidas más abundantes y ricas en fibra. No es que nuestro intestino tenga vida nocturna. Es, simplemente, una cuestión de digestión.
De dónde salen realmente
Cuando expulsamos gases, nuestro cuerpo libera una mezcla procedente de dos fuentes distintas. Por un lado está el aire que tragamos al comer, beber o hablar mientras masticamos. Ese gas suele ser inodoro. Por otro, están los compuestos que producen las bacterias que habitan en nuestro intestino mientras descomponen los alimentos.
Y ahí aparece el verdadero responsable de la mala fama de las flatulencias: los compuestos sulfurosos, culpables de ese olor capaz de vaciar una habitación en cuestión de segundos. Algunos alimentos ricos en fibra pueden aumentar la producción de gases, al igual que determinadas afecciones digestivas, como el síndrome del intestino irritable.
¿Y si uno se tira muy pocos?
Aunque muchas personas consultan al médico porque creen expulsar demasiados gases, los investigadores apuntan a una idea menos intuitiva: la ausencia o disminución repentina de flatulencias puede ser más preocupante.
La incapacidad para expulsar gases, especialmente si aparece acompañada de dolor abdominal o hinchazón, puede ser una señal de alarma que indique una obstrucción intestinal u otro problema digestivo importante que requiere atención médica. En otras palabras, el exceso puede resultar incómodo o embarazoso, pero el silencio absoluto del intestino tampoco siempre es una buena noticia.