Lars, 50 años en grandes ciudades, vende su casa y ahora vive en una cabaña de 38 metros en un pueblo de 1.720 habitantes: "Fue realmente liberador"
Tras décadas viviendo entre Suecia, Bélgica y Finlandia, Lars Mentzer cambió la ciudad por una pequeña cabaña.

Después de pasar 50 años viviendo en grandes ciudades, Lars Mentzer decidió dar un giro radical a su vida. Vendió buena parte de sus pertenencias, dejó atrás el ritmo urbano y se instaló junto a su esposa en una cabaña de madera en Pukkila, un pequeño municipio finlandés de unos 1.720 habitantes, situado a unos 40 kilómetros al norte de Porvoo.
La decisión llegó durante la pandemia de coronavirus y, varios años después, asegura que no se arrepiente. "Fue realmente liberador. "Toda la basura que habías acumulado a lo largo de los años podías venderla, tirarla o reciclarla", resume en declaraciones a Yle.
De tres viviendas a una pequeña cabaña
Antes del cambio de vida, la pareja acumulaba varias propiedades. Lars conservaba una vivienda en Suecia y todavía guardaba un camión entero de pertenencias de su etapa laboral en Bélgica. Su esposa, Minna, tenía además un apartamento en Porvoo.
La idea inicial era concentrar toda esa vida en una cabaña de apenas 38 metros cuadrados, aunque pronto comprobaron que el espacio resultaba insuficiente. Finalmente, ampliaron la vivienda hasta 54 metros cuadrados, lo justo para disponer de una pequeña oficina desde la que poder teletrabajar y mantener una vida cómoda sin renunciar a su nuevo estilo de vida.
Vivir con menos para ganar tranquilidad
Mentzer asegura sentirse identificado con la filosofía del downshifting, un movimiento que apuesta por reducir el consumo, desprenderse de lo innecesario y priorizar el tiempo, la tranquilidad y el bienestar frente a la acumulación de bienes materiales.
"No se trata de renunciar a todo", explica. De hecho, reconoce que todavía conserva una vieja cómoda heredada de su bisabuelo porque no quiere desprenderse de ella. Pero el resto fue una decisión plenamente consciente. "La verdad es que está muy bien reducir la cantidad de cosas", asegura.
Un pueblo pequeño donde todos se saludan
Uno de los aspectos que más valora de Pukkila es precisamente aquello que para otras personas podría resultar un inconveniente: la calma. "Aquí se respira paz. Llegas a casa y simplemente es agradable", afirma mientras contempla el río Porvoo desde su jardín.
Aunque reconoce que no está especialmente integrado en la vida social del municipio, asegura sentirse muy cómodo. "Todos los vecinos me saludan, pero nunca me hablan porque creen que no sé finlandés", comenta con humor.
Aprender el idioma ha resultado más complicado de lo que esperaba. "Lo conozco lo suficiente para comprar en la tienda; para lo demás suelo intentar señalar", admite entre risas.
Una iglesia roja y un pueblo sin vida nocturna
Pukkila apenas cuenta con unos pocos servicios concentrados en su pequeño centro urbano. Durante un recorrido por el municipio, Lars enseña con orgullo algunos de sus rincones favoritos, como la iglesia de madera roja, de la que únicamente acierta a explicar que le gusta porque "es roja y alta".
También destaca la pequeña plaza donde se encuentran el supermercado, el banco, la gasolinera, la farmacia, la oficina de correos y el restaurante. Eso sí, no espera encontrar demasiado ambiente. era se nos ha ocurrido venir en bicicleta para disfrutar de la vida nocturna de Pukkila".
No cambiaría la tranquilidad por volver a la ciudad
Otro de sus lugares preferidos es la pequeña central hidroeléctrica y los rápidos de Naarkoski, donde suele pasear con sus dos perros, Wille y Ebba, dos Airedale Terrier que le acompañan cada día. Allí disfruta especialmente cuando se abren las compuertas y el agua genera una brisa fresca durante los días de verano.
Aunque echa de menos algunos productos de la costa oeste sueca, como las gambas, asegura que no tiene intención de regresar. Sus dos hijos adultos visitan con frecuencia la cabaña, mientras que su madre, de 80 años, sigue intentando convencerla para que vuelva a Suecia. "Ella dice que tengo que volver a casa antes de que muera, pero la verdad es que no me tienta dejar este lugar", concluye.
