¿Por qué los medios siempre describen la maternidad como maravillosa o como deprimente?

¿Por qué los medios siempre describen la maternidad como maravillosa o como deprimente?

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Escrito por Colleen Temple

En este momento de mi vida, me hallo inmersa en todo lo relacionado con la maternidad. Parece que mi vida se limita a mamá/bebé/matrimonio y lactancia/lloriqueos/cansancio/risitas/etc. Todos los días la misma historia. Últimamente, siento que únicamente existen dos mundos: uno es perfecto, impoluto, moderno y lo sabe todo: este mundo se llama redes sociales. En las redes, la maternidad es maravillosa y mágica y es exactamente como toda mujer se hubiera imaginado.

Y luego hay otro mundo: los medios y su forma de describir la maternidad. Aún no he visto la película Tully, pero solo ver el tráiler ya me entristece. Por otra parte, vi el primer capítulo de la serie de Netflix The Letdown y me sentí identificada, sí, pero también algo desesperanzada.

Básicamente, lo que quiero decir es que todo lo que vemos respecto a la maternidad es, o bien perfecto, o bien deprimente. O mágico o terrible. O la cosa más increíble del mundo, o la más agotadora. Y eso es cierto, pero también no lo es.

La maternidad es compleja, y no se puede definir con una sola palabra o incluirla en una categoría específica.

La realidad es que la maternidad es ambas cosas. Todas esas cosas que he mencionado y muchas más. Son muchos sentimientos encontrados. A menudo, me siento feliz a la par que triste. Llena de energía, pero agotada. Triste e inspirada. Confusa y con las ideas claras. Ocupada, pero concentrada. Deseo que el tiempo se pare o que pase más rápido. Ansío que llegue la hora de dormir, pero disfruto jugando con mis hijos. Siento muchas cosas a la vez, nunca una sola. Porque, tan pronto siento ansiedad extrema cuando mi hijo entra corriendo a mi cuarto (mi oficina) sin pantalones o en pañal en medio de una videoconferencia importante, como siento orgullo de mi trabajo; tan pronto me enfado porque escucho a mis hijos decir alguna palabrota, como me quedo embobada mirándolos cuando les estoy dando el pecho...

... O siento pánico porque no he sacado nada para cenar y me pregunto qué vamos a comer, o siento ansiedad al ver cómo está la casa porque parece que ha sido saqueada. Pero también siento orgullo al ver cómo mis dos hijos mayores chocan los cinco y dicen "¡mejores amigos!" (lo acaban de aprender y es genial), o me muero de amor cuando el pequeño me dice que soy guapa...

... O me siento agotada después de responder a miles de emails, o algo de vergüenza al servirme la cuarta o quinta taza de café del día, o me río a carcajadas porque mi hijo de dos años me pregunta si podemos ir a la "casa de donuts de chocolate" (la panadería), o me animo al pensar que en media hora llega mi marido de trabajar y podemos dividirnos las tareas...

... O alegría al escuchar al bebé reírse de las tonterías que hace su hermana, confusión por no saber cómo gestionar sus peleas, o me siento sobrepasada por la idea de querer poner orden pero no tener ni idea de por dónde empezar y, de repente, sorprenderme de la generosidad que tienen mis hijos en su corazón después de ver cómo se ayudan mutuamente. O me emoción por ver un nuevo capítulo de mi serie favorita, agradecimiento por la vida que tengo y las personas que forman parte de ella, o deseo que a veces me resultara más sencillo comprender que todo este caos y falta de energía no va a durar para siempre.

No siento solo una cosa, siento TODO a la vez. La maternidad es compleja, y no se puede definir con una sola palabra o incluirla en una categoría específica.

Siempre trato de aceptar que la vida puede ser complicada, agotadora, y que nos enfrentamos a muchos retos, pero tampoco quiero dejar de celebrar las partes bonitas. Porque es inspiradora, es divertida, es todo lo que siempre había imaginado, y es mágica. La maternidad consiste en aprender, crecer, evolucionar y transformarse, así como en aceptar las cosas y criar a nuestros hijos. Consiste en recordar quién has sido, saber quién eres y quién quieres ser. En no olvidar qué cosas te gustaba hacer cuando tenías tiempo, en apreciar lo que tienes ahora y saber a qué hay que darle prioridad en este momento, y también consiste en plantearse retos y sueños para el futuro.

La maternidad no es comparar, ni ganar, ni ser perfecta. La maternidad es enriquecedora, es una lección de humildad y, por encima de todo, debo decir que es algo maravilloso.

Este artículo fue publicado originalmente en 'Motherly', apareció posteriormente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por María Ginés Grao.