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30/06/2018 10:20 CEST | Actualizado 02/07/2018 16:32 CEST

Elecciones en México: la posible victoria de López Obrador genera entusiasmo en muchos sectores y temor en otros

Entrevista a José Luis Álvarez, economista y sociólogo mexicano, experto en políticas públicas

Getty Images

Entrevisto a José Luis Álvarez, economista y sociólogo mexicano, experto en políticas públicas. Nació en Ciudad de México en 1976, viajó por primera vez a Estados Unidos a finales de los años 90; posteriormente, estudió allí, y en 2005 llegó a Europa. En la actualidad, reside en Francia donde trabaja para un organismo internacional desde el que ha tenido oportunidad de colaborar con la admnistración mexicana. Le pregunto, a título personal, por su experiencia de México en las décadas de los 80 y 90 que fueron de grandes cambios para el país, por la violencia y las elecciones presidenciales que se celebran en unos días. Los medios mexicanos e internacionales llevan semanas comentando la creciente posibilidad de que gane Andrés Manuel López Obrador en un resultado que sería inédito para el país y que genera enorme entusiasmo en unos sectores y temor en otros.

Eras un adolescente cuando comenzó a resquebrajarse la hegemonía del PRI [Partido Revolucionario Institucional] a finales de los años 80, tras la crisis económica y el terremoto de 1985. ¿Cómo describirías la sociedad mexicana en aquel momento?

Recuerdo ese periodo de México como uno de profunda frustración y desencanto entre la mayoría de la población. Hacia finales de la década de los años 70 México descubre grandes yacimientos petrolíferos en su territorio. El presidente entonces, José López Portillo, se animó incluso a decir que "habría que prepararnos para administrar la abundancia". Nos dijeron que íbamos camino de convertirnos en algo así como la Noruega actual. Apenas unos años más tarde, una mala gestión macroeconómica (un endeudamiento excesivo animado por las elevadas reservas petroleras) con un entorno internacional adverso (caída de los precios del petróleo) terminó con el modelo de sustitución de importaciones que había regido la economía mexicana por mucho tiempo. Llegaron entonces tiempos de austeridad y pobreza.

Como suele ocurrir, la crisis afectó a los que menos tenían; una hiperinflación rampante debilitó todavía más los ingresos de los más pobres y el terrible terremoto de 1985 se llevó la vida de miles de personas y la vivienda de muchas otras más. Pero no había recursos suficientes para la reconstrucción. Y así, en esos años se pasó de vivir de sueños de prosperidad a la necesidad de sobrevivir cada día con lo mínimo en el bolsillo. Aun así, el gobierno se las ingenió para organizar la Copa del Mundo de fútbol de 1986, quizá precisamente con la intención de aliviar un poco el descontento social.

¿Dónde situarías el punto de inflexión en el que comienza una etapa nueva en la política mexicana?

Evidentemente es muy difícil elegir un punto concreto, pero yo me atrevería a decir que fueron las elecciones presidenciales de 1988. Para esas elecciones el partido gobernante, el famoso PRI, llegó muy cuestionado por los efectos de la crisis y también fracturado. Un grupo de militantes históricos del partido, liderados por Cuauhtémoc Cárdenas (hijo del presidente Lázaro Cárdenas) se separó del partido, postulando a aquél como candidato presidencial desde la oposición. El resultado oficial de esas elecciones fue muy cuestionado y quizá jamás tengamos una respuesta concreta sobre el resultado real. Todas las boletas [papeletas] fueron almacenadas y años más tarde se quemaron. En cualquier caso, fue a partir de esa fecha que la oposición política en México empezó a crecer muy visiblemente y a ocupar espacios legislativos y en otros ámbitos de gobierno a nivel federal y local y, desde mi punto de vista, la sociedad mexicana empezó a cambiar más rápidamente.

¿Cómo explicas la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994?

El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México representa para muchos el pináculo de los esfuerzos del PRI por reinventarse y dar una respuesta económica a la crisis política que generaron las elecciones de 1988. Es decir, la vieja burocracia fue sustituida por un ejército de tecnócratas que, más allá de su filiación partidista, sabían, supuestamente, cómo gobernar al país, modernizarlo, sacarlo de su ensimismamiento y orientarlo al mercado exterior con un modelo de agresiva apertura comercial, atracción de inversión extranjera y desmantelamiento de las empresas públicas. Como proyecto contable pudo tener éxito, pues se controló la inflación (a través de controles salariales, entre otras medidas) y el déficit público (por las enormes ventas de activos estatales), pero desde el punto de vista social siguió sin dar resultados.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte llegó a la vez que los zapatistas que se alzaron para recordar que había un México, muy grande, que seguía viviendo las condiciones de miseria y explotación del siglo XIX

¿Qué impacto tuvo el Tratado en México?

El Tratado generó un debate apasionante y muy importante dentro de la sociedad mexicana, uno que aún continúa en nuestros días a propósito de la reapertura de negociaciones iniciada por la administración del presidente Trump. Yo acababa de ingresar a la universidad para estudiar economía y pude seguir esos debates muy de cerca. La metáfora que se me ocurrió en ese momento fue la siguiente: imagínate que te invitan a subir a un ring de boxeo diciéndote que tu contrincante usará los mismos guantes que tú, que los jueces de cada esquina serán absolutamente neutrales y que está garantizado que nadie hará trampa; el problema es que tú eres un ser humano ordinario físicamente y el boxeador que tienes enfrente es Mike Tyson... no se pueden aplicar las mismas reglas a competidores desiguales.

La violencia copa con frecuencia las noticias que llegan de México. ¿Es México un país excepcionalmente peligroso?

Esta es una pregunta que genera división entre muchos mexicanos. Si uno se pone a discutir las cifras con frialdad, encontrará que en términos relativos (el número de asesinatos per cápita), México no es el país más violento de América Latina. Pero al ser un país tan grande y poblado los números absolutos son pasmosos. En cualquier caso, más allá de la discusión "técnica" de los números, lo que a muchos nos resulta aterrador es la "calidad" de la violencia.

Cuando yo era chico, uno tenía la impresión de que la violencia era sólo un medio para despojar a otros, ahora te queda la sensación de que el ejercicio de la violencia es un fin en sí mismo.

Algunos de los eventos violentos que nos muestra la prensa hoy en día nos hacen cuestionarnos acerca de lo relativamente fácil que parece aniquilar la dignidad humana de los más débiles. En México mucha de la gente asesinada es pobre; son mujeres, son niños.

¿Por qué son importantes las elecciones presidenciales del próximo 1 de julio?

Son importantes porque, por primera vez, un candidato identificado con la izquierda tiene posibilidades muy reales de ganar la elección. Pero bueno, identificar claramente a López Obrador como una opción manifiestamente de izquierda es muy poco preciso en estos momentos. La constelación de agrupaciones políticas que ahora le cobijan representa opciones políticas que cubren prácticamente todas las posiciones ideológicas, así de fuerte y amplio parece ser el descontento social en Mexico con la última administración. En cualquier caso, llegue el presidente que sea, los retos del país son enormes y llevará mucho tiempo y recursos solucionarlos.

¿Cuál puede ser el impacto de una victoria de López Obrador para México y los países de su entorno?

Francamente, no creo que el impacto sea muy grande.

Será muy difícil para López Obrador llevar a cabo cambios sociales profundos en un solo sexenio que obliguen a los que más tienen a compartir su riqueza

De la misma forma, creo que para mucha gente será decepcionante que los problemas de desigualdad no se puedan resolver más rápidamente. Recordemos además que López Obrador no es, ni mucho menos, un político o gobernante improvisado. De 2000 a 2006 gobernó la Ciudad de México en una gestión que se recuerda, no solamente sin grandes sobresaltos, sino además de abierta colaboración con grandes empresarios. Asimismo, instrumentó varias medidas de apoyo social no vistas hasta ese momento sin hacer tremendos agujeros en las arcas públicas – al menos, hasta donde yo sé. En cualquier caso, si llega a ser presidente de México, yo le deseo toda la suerte del mundo, sobre todo, por todos esos millones de mexicanos que necesitan una vida mejor; especialmente los más vulnerables que son niños, mujeres, ancianos y las comunidades indígenas.

Si, como dices, el margen de maniobra real de un presidente como López Obrador es reducido, ¿por qué hay sectores que ven en él una amenaza?

Me parece que, más allá de las discusiones puramente técnicas sobre el modelo de gestión de país – me refiero a optar entre libre mercado o mercado regulado – mucho del temor a López Obrador se nutre de los aspectos más viles de nuestro mal llamado racismo y bien llamado clasismo.

A muchos mexicanos les resulta incómoda la idea de tener un presidente que no hable inglés, que no haya estudiado en el extranjero, que no ostente al menos algún apellido de abolengo

A mí, personalmente, puede que varias de las cosas que dice y propone López Obrador no sólo no me convenzan, sino que incluso me parezcan muy equivocadas como experto que pretendo ser en políticas públicas; pero algo que me parece saludable es tener un candidato que pone el bienestar de las personas primero y por encima de cualquier métrica tecnocrática de gestión del gobierno y de la economía: ¡eso debe ser un principio básico en políticas públicas! Pero, como daba a entender hace un momento, puede haber sectores que sientan que el bienestar de la mayoría puede significar pérdidas en su bienestar y riqueza personal y eso les resulta muy alarmante. Muy pocos aceptan perder privilegios individuales en pos de un bienestar social mayor.

Puedes leer la entrevista íntegra en el blog de la autora haciendo clic aquí.