A favor de las ideas, en contra de la pereza

A favor de las ideas, en contra de la pereza 

¿Hay algún presupuesto, algún grupo de ideas básicas de partida, algo ideológico que permita distinguir entre izquierda y derecha, sin necesidad de fijarse si tal o cual propuesta política la está defendiendo Sánchez o Feijóo?

Alfonso GuerraEFE

Preguntado acerca de qué es la Física, sir Arthur Stanley Eddington —propuesto para el premio Nobel de tal disciplina en más ocasiones que Meryl Streep para los Oscars— levantó su índice derecho hacia el cielo con la intención de reforzar la solemnidad de su respuesta y sentenció: "La Física es lo que aparece en el Manual de Física". Punto. La política española se ha vuelto eddingtoniana. ¿Qué es la izquierda? "La izquierda es lo que defienden los partidos que dicen que son de izquierdas". ¿Qué es la derecha? Lo mismo, pero al revés. ¿Pero hay algún presupuesto, algún grupo de ideas básicas de partida, algo ideológico que permita distinguir entre izquierda y derecha, sin necesidad de fijarse si tal o cual propuesta política la está defendiendo Sánchez o Feijóo? Ni de coña.

La izquierda, la derecha, pueden ser una estética, una actitud, una jerga o un gusto. Un equipo de fútbol del que te haces hincha por motivos biográficos, y cuya victoria celebras feliz aunque el gol se haya marcado con la mano. En la conformación mental de los mamíferos es fundamental trazar una línea clara entre los buenos y los malos, entre nosotros y ellos. Pero, aceptémoslo, las ideas ya no importan ni una mierda seca. Leí con suma atención todas las críticas que recibió Alfonso Guerra esta semana por su entrevista en un popular programa de televisión: ni una juzgaba la verdad o falsedad de las ideas expresadas, sino el hecho de que hubieran sido dichas por el porquero de Agamenón. La línea del partido —recordando una excelente columna reciente de Laura Freixas— es más bien un garabato.

Pensar es un coñazo. Y pensar sin tener decidido de antemano cuál es la conclusión a la que quieres llegar es, además, peligroso. ¿Y si resulta que terminas pensando algo diferente que tus amigos? ¿Para qué pensar si en los medios y las redes podemos encontrar las ideas ya pensadas? Ideas precocinadas, basta con meterlas un minuto en el microondas y ya están listas para ser usadas en un debate. Ideas prêt a porter, baratas, fabricadas en serie y con diferentes tallas de habilidades retóricas. Ideas IKEA, con facilísimas instrucciones de montaje a partir de unas palabras básicas que vienen en una cajita plana. Packs completos que incluyen datos ilimitados, opinión sobre el verificador del acuerdo entre Sánchez y Puigdemont, suscripción a HBO y tarifa plana de arrogancia moral y demagogia.

Ahora bien, cualquiera que venza la pereza y se ponga a pensar sin el resultado ya decidido convendrá en que la reforma de la ley trans autonómica emprendida por la comunidad de Madrid es una buena noticia. No es el caso de quienes reaccionan de forma refleja ante el logotipo del PP y, abriendo la caja de los aspavientos y los clichés, confunden la vehemencia con el aerobic. En un momento en el que muchos países europeos comienzan a corregir los daños a la infancia provocados por ideologías insensatas, Madrid apuesta por analizar de forma racional y científica la disforia de género, sin poner la salud de los menores a los pies del big pharma y de chamanes terraplanistas. Para algunos será una medida de derechas, pero sólo en el sentido eddingtoniano. No les será fácil entender esta columna.