Una científica del CSIC reescribe la historia y halla la prueba más antigua de cuidado materno, hace 125 millones de años, en plena era de los dinosaurios
El descubrimiento de embriones fosilizados dentro de las branquias de unos bivalvos demuestra que estos animales ya incubaban a sus crías durante el Cretácico, cuando gigantes como el Iguanodon dominaban la Tierra.
Cuando pensamos en el cuidado materno solemos imaginar aves protegiendo sus nidos o mamíferos cuidando a sus crías. Sin embargo, una investigación liderada por una científica española acaba de demostrar que algunas formas de protección maternal ya existían hace 125 millones de años, cuando los dinosaurios todavía dominaban el planeta.
El hallazgo ha sido encabezado por Graciela Delvene, investigadora del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), y ha permitido descubrir la evidencia fósil más antigua conocida de bivalvos de agua dulce incubando a sus descendientes.
La investigación, publicada en la revista Scientific Reports, ha encontrado algo extraordinariamente raro: embriones y larvas fosilizados conservados dentro de las branquias de unos moluscos que vivieron durante el Cretácico temprano.
Una cápsula del tiempo en la era de los dinosaurios
Los fósiles fueron hallados en la Isla de Wight, en Reino Unido, uno de los yacimientos paleontológicos más famosos del mundo por haber albergado especies emblemáticas de dinosaurios como el Iguanodon. Lo excepcional del descubrimiento no es únicamente la antigüedad de los ejemplares, sino el grado de conservación.
Además de las conchas, los investigadores han encontrado tejidos blandos fosilizados, algo extremadamente inusual porque este tipo de estructuras suele desaparecer poco después de la muerte del organismo.
Entre esos restos aparecieron embriones microscópicos, larvas en distintas fases de desarrollo e incluso estructuras reproductivas completas. "Esta es la primera evidencia fósil directa de bivalvos de agua dulce incubando activamente a sus crías dentro de las branquias", explica Delvene.
Hasta ahora, los científicos sabían que algunos moluscos actuales utilizan este sistema de reproducción, pero nunca habían encontrado una prueba tan antigua de que ya existía en tiempos remotos.
Una maternidad sorprendentemente sofisticada
El estudio se centra en una especie denominada Margaritifera valdensis, un antiguo bivalvo emparentado lejanamente con las actuales náyades perlíferas.
Los fósiles conservan cámaras de incubación, tejidos branquiales y distintas fases del desarrollo embrionario, lo que ha permitido reconstruir con gran detalle cómo se reproducían estos animales.
Las náyades modernas poseen uno de los ciclos reproductivos más complejos entre los invertebrados. Sus larvas crecen inicialmente protegidas dentro de las branquias maternas antes de ser liberadas y completar posteriormente otras etapas de desarrollo.
Según los investigadores, los nuevos fósiles demuestran que esta sofisticada estrategia reproductiva ya había evolucionado hace más de 125 millones de años.
Cómo alimentaban a sus crías
Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es que también ha permitido averiguar cómo alimentaban y ayudaban a desarrollarse a los embriones.
Los científicos identificaron pequeñas acumulaciones minerales en las branquias que actuaban como depósitos de calcio, un elemento esencial para la formación de las futuras conchas de las larvas.
En otras palabras, aquellas madres no solo protegían a sus descendientes dentro del cuerpo, sino que también les suministraban los recursos necesarios para desarrollarse correctamente.
Un misterio paleontológico resuelto siglo y medio después
La investigación también ha servido para reinterpretar un enigma que llevaba más de 150 años desconcertando a los paleontólogos. Se trata de una sustancia oscura conocida como "molluskite", descrita en el siglo XIX por el célebre paleontólogo británico Gideon Mantell.
Ahora los investigadores creen que aquel material no era una simple curiosidad geológica, sino restos fosilizados de tejidos blandos y estructuras reproductivas excepcionalmente conservadas.
El descubrimiento no solo aporta una nueva página a la historia evolutiva de los moluscos de agua dulce, sino que ofrece una ventana única a la vida cotidiana de unos animales que convivieron con los dinosaurios.
Y lo hace demostrando algo tan sorprendente como familiar: que mucho antes de que aparecieran los seres humanos, e incluso antes de que desaparecieran los dinosaurios, algunas madres ya protegían cuidadosamente a sus hijos antes de que vieran la luz.