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De dónde viene la fascinación de la extrema derecha por J. R. R. Tolkien y El Señor de los Anillos: "Como dice Gandalf..."

De dónde viene la fascinación de la extrema derecha por J. R. R. Tolkien y El Señor de los Anillos: "Como dice Gandalf..."

En los años 70, el fascismo italiano, desorientado todavía años después de su derrota, vio en la saga del escritor británico una oportunidad para captar jóvenes e iniciar una batalla cultural contra una izquierda entonces dominante.

Primer Campamento Hobbit del Movimiento Social Italiano, en 1977.ARCHIVOS DE LA HISTORIA

Es sábado, 11 de junio de 1977. En el pequeño pueblo de Montesarchio, al sur de Italia, cientos de jóvenes se reúnen para escuchar al conjunto musical Grupo Nacional de Protesta de Padua, que en ese momento decide presentarse como la Compagnia dell'Anello. Si adoptan ese nombre es porque los jóvenes participan el fin de semana en el primer Campamento Hobbit. Hasta aquí, todo normal. Cualquiera diría que se trata de una convención para fanes de El Señor de los Anillos y ya, pero en realidad son chavales congregados por la rama juvenil del fascista Movimiento Social Italiano (MSI), heredero de Benito Mussolini. La iconografía de la saga fantástica de J. R. R. Tolkien se mezcla en la villa italiana con saludos fascistas o recreaciones de la cruz celta usada por los neonazis.

Desde la década de los 70, Tolkien es considerado una especie de referente para la extrema derecha italiana. ¿Por qué? Hace unos años, Mario Bortoluzzi, uno de los fundadores de la Compagnia dell'Anello , lo explicaba así: "La obra de Tolkien evocaba símbolos y valores alternativos a los expresados por la cultura dominante. Conectó con toda una generación de activistas gracias a un proceso inmediato de identificación. Nos sentíamos como pequeños hobbits luchando contra el Señor Oscuro. Pequeños, pero fuertes, resistentes, combativos y, al final, victoriosos". Donde la mayoría ve la fantasía de un mundo imaginario ideado por su autor, el fascismo italiano vio una ideología. La suya.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, nacida justo el año en el que se celebró el primer Campamento Hobbit, es una fan acérrima de El Señor de los Anillos. Llegó a definir la obra como "sagrada" y en su autobiografía, Yo soy Giorgia, cuenta que incluso se disfrazaba de hobbit en su juventud. En el libro cita además un fragmento de la saga que acostumbra a repetir siempre que tiene la ocasión; se trata de una aclamación de Faramir, cuando dice: "La guerra es necesaria para defender nuestras vidas de un destructor que todo lo consume; pero no amo la espada brillante por su filo, ni la flecha por su velocidad, ni al guerrero por la gloria que ha ganado. Amo solo aquello que defiendo: la ciudad de los hombres de Númenor; y deseo que sea amada por todo lo que atesora de recuerdos, antigüedad, belleza y el legado de sabiduría".

Aunque este afán por ver extremismo en Tolkien se limita casi solo a los movimientos fascistas italianos, en España la extrema derecha ha comenzado también a dar coba a tal imaginario. De hecho, en el prólogo de la autobiografía de Meloni publicada en España, el eurodiputado e ideólogo de Vox Jorge Buxadé aconseja a quien lea el libro que luego se meta "en el universo de las lecturas de Giorgia, [...] La historia interminable, El señor de los anillos, en fin, el universo Tolkien, y el gran Chesterton". Sí, también quieren apropiarse de Michael Ende, el autor también de la célebre novela 'Momo'.

Hace unos días, RTVE pidió a los portavoces de los cuatro principales partidos en el Congreso que recomendaran una lectura por el Día del Libro. Pepa Millán, de Vox, escogió, por aquello de honrar a Meloni, El Señor de los Anillos. "Como dice Gandalf, no podemos elegir el momento que nos ha tocado vivir, pero sí podemos elegir qué hacer con el momento histórico que tenemos entre nuestras manos, y yo creo que cualquier político se lo podría leer y podría ver perfectamente cómo al final nuestra vocación debe ser la del servicio a un bien superior". Luego, en redes sociales, escribió que recomienda "cualquier obra" de Tolkien, "pero especialmente la saga de El Señor de los Anillos".

Que la extrema derecha quiera apropiarse de alguien como Tolkien tampoco debería sorprender cuando son capaces de hacerlo, o de intentarlo al menos, hasta con el británico George Orwell y su distópica obra '1984'. De poco sirve que Orwell fuera un autoproclamado antifascista y que llegara a enrolarse con los brigadistas internacionales para luchar contra el franquismo en España y así "matar fascistas porque alguien tenía que hacerlo". Si la extrema derecha no tiene reparos en tratar de adueñarse de alguien con una ideología opuesta a la suya, ¿cómo no hacerlo con alguien como Tolkien?

No es difícil adivinar la repulsión que sentiría Orwell si viera a alguien como Jorge Buxadé recitar fragmentos de '1984', pero... ¿Sucedería lo mismo con Tolkien? Quizás no repulsión, sí contrariedad. En 1957, el autor de 'El Señor de los Anillos' contestó a la carta de un lector que le preguntaba sobre las posibles "alegorías" en la saga. Herbert Schiro, el autor de la misiva, le interrogaba acerca de si, por ejemplo, con los "cinco magos" que cita en las novelas se refería a los "cinco sentidos", o si los orcos eran "comunistas".

La respuesta de Tolkien fue clara y concisa: "No". "No hay simbolismo ni alegoría consciente en mi historia. Una alegoría del tipo cinco magos = cinco sentidos es completamente ajena a mi forma de pensar. Había cinco magos y eso es simplemente una parte única de la historia. Preguntar si los orcos son comunistas me parece tan sensato como preguntar si los comunistas son orcos. Que no haya alegoría no significa, por supuesto, que no haya aplicabilidad. Siempre la hay. Y puesto que no he hecho la lucha totalmente inequívoca (pereza y estupidez entre los hobbits, orgullo entre los elfos, rencor y avaricia en los corazones de los enanos, y necedad y maldad entre los Reyes de los Hombres, y traición y ansia de poder incluso entre los Magos), supongo que hay aplicabilidad en mi historia al tiempo presente. Pero yo diría que el relato no trata realmente sobre el Poder y el Dominio: eso solo pone las ruedas en movimiento; trata sobre la muerte y el deseo de no morir, lo cual difícilmente es más que decir que es un relato escrito por un hombre". Pero qué más da lo que dijera Tolkien.

En Italia, a raíz de la mitificación extremista de la saga, el paleólogo griego Lucio del Corso y el filósofo italiano Paolo Pecere quisieron desmontar en un libro publicado en 2003, 'L'anello che non tiene', la distorsión de la obra de Tolkien. En una entrevista con La Reppublica, Pecere sostenía que "desde un punto de vista ideológico, El Señor de los Anillos no contiene nada que realmente invite a la reflexión; es neutral". En su opinión, lo que sucedió en los 70, y se prolongó después, es que "existía una cultura de derecha, extraparlamentaria y marginada por la cultura fascista, que se nutría de lecturas esotéricas". "Había una necesidad de difundir estas ideas, que en el contexto cultural de aquellos años parecían inaceptables. La obra de Tolkien fue un texto exitoso y de amplia difusión. Las imágenes fantásticas, interpretadas de manera superficial, con aspectos como el heroísmo, la caballería y una sociedad organizada en castas, permitían argumentar que representaban los valores de esa derecha", defendía el filósofo italiano.

"Hay que ser bastante ignorante"

Sí es verdad que a lo largo de los años, sobre todo tras la adaptación de los libros al cine, surgió un debate acerca del contenido racista en los libros de Tolkien, donde los buenos siempre son seres blanquísimos, frente a unos orcos monstruosos y oscuros. Si bien las acusaciones resultan acertadas en un sentido, muchos expertos en la obra del autor británico los matizan. Es, por ejemplo, el caso de Dimitra Fimi, profesora de Literatura Fantástica e Infantil en la Universidad de Glasgow y autora de 'Tolkien, raza e historia cultural'. En 2018, Fimi opinó en The Conversation que "los prejuicios raciales están implícitos en la Tierra Media" pero más por una "herencia de su educación a finales de la época victoriana y principios de la eduardiana" que por una "agenda social o política". 

Según Fimi, la Tierra Media "es un lugar donde diferentes razas y pueblos deben unirse y cooperar para vencer a un enemigo predominantemente moral". "La escena de Sam Gamyi contempla a un enemigo muerto, preguntándose si era verdaderamente malvado o simplemente alguien obligado a la guerra, dista mucho de demonizar al enemigo o de deshumanizar al otro. Estas complejidades son la razón por la que algunas obras literarias siguen leyéndose y adquieren diferentes significados para las nuevas generaciones", dijo.

En la saga de Tolkien también existe una ausencia notable de protagonistas mujeres, más allá de Arwen y Eowyn. Las mujeres jóvenes del fascista Movimiento Social Italiano publicaron también allá por los 70 una revista que llevaba este último nombre, Eowyn. Pero su reivindicación de la sobrina del rey Théoden no era en absoluto feminista. Así lo explicó Jordi Valentini, doctor en Literatura en la Universidad de Turín y experto, entre otras cosas, de la literatura obrera europea. "El personaje de Eowyn es elegido como símbolo porque encarna una figura femenina excepcional que participa en la guerra, pero sin cuestionar de forma estructural el orden social. Esta ambigüedad permite una lectura conservadora del texto, compatible con una visión tradicional de los roles de género. Su heroicidad funciona como una excepción narrativa que confirma la norma: una vez cumplida su hazaña, el relato la reconduce hacia roles tradicionales asociados al cuidado, la sanación y el matrimonio, restableciendo el equilibrio social previo", analizó Valentini.

Por si acaso, hace unos años, en las últimas elecciones andaluzas, el actor Viggo Mortensen quiso también dejar clara su posición al respecto de tal apropiación. Entonces, en 2019, Vox realizó un montaje con una imagen de Aragorn (que para Vox serían ellos mismos) a punto de vencer a los orcos, representados por la extrema derecha en el feminismo, el movimiento LGTBI, el comunismo o la República. Viggo Mortensen contestó en una carta al director de El País. "Hay que ser bastante ignorante para pensar que el uso del personaje de Aragorn para promover la campaña electoral de un partido xenófobo de ultraderecha como Vox sería una buena idea", escribió.

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"No solo es absurdo que a mí - prosiguió - el actor que encarnó este personaje y una persona interesada en la rica variedad de culturas e idiomas que existen en España y en el mundo, se me vincule a un partido político ultranacionalista y neofascista. Es aún más ridículo que se utilice el personaje de Aragorn, un estadista políglota que aboga por el conocimiento y la inclusión de las diversas razas, costumbres y lenguas de la Tierra Media, para legitimar a un grupo político antinmigrante, antifeminista e islamófobo".

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Redactor de Política de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster de Investigación en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó en La Voz de Galicia, Público, La Sexta o eldiario.es y colaboró en medios como Praza, Luzes, La Marea, Vanity Fair o CTXT. Creó un programa de humor con los cómicos Facu Díaz y Miguel Maldonado en La Tuerka. Ha escrito tres libros: 'El analista' (Libros del KO), 'Dajla. Apuntes desde o Sahara' (Praza), y '(Des)Unidos' (Icaria).

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