Pacto de no agresión entre PP y Vox con la vista puesta en las generales: "No hay que entrar en polémicas"
Ambos partidos buscan evitar líos en las regiones donde gobiernan en coalición para no entorpecer las estrategias nacionales y demostrar que pueden trabajar conjuntamente.
PP y Vox han acordado de forma tácita no escenificar ni divisiones ni enfrentamientos mientras gobiernan de forma conjunta en varias Comunidades Autónomas. La consigna es clara: tal como adelantó hace unos días El HuffPost, ambos partidos buscan demostrar que pueden entenderse y gestionar sin líos en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Es decir, no quieren que ninguna polémica estéril pueda trastocar sus estrategias de campaña de cara a las próximas generales. Al contrario, quieren trasladar un mensaje de seriedad, unidad y eficacia ante la posible coyuntura de tener que gobernar a partir de 2027 juntos a nivel nacional. "Estamos obligados a entendernos", admiten en Génova.
En las últimas semanas, Vox apretó las tuercas al PP para poder conformar gobiernos en los territorios donde a los de Feijóo se le escapó la mayoría absoluta. La prioridad nacional fue un trágala que la dirección popular tuvo que digerir con dificultades, pero siendo consciente de que no le iba a restar votos. De la misma forma, asumieron la cesión de carteras y algunos de los mantras que mediáticamente mejor le funcionan a Santiago Abascal. "Es lo que hay", resumían en el PP.
Pero una vez que los gobiernos han echado a andar, nada enturbia la buena sintonía entre ambas fuerzas. "Por ahora van las cosas bien. Ellos mantienen su discurso, pero están siendo leales al Gobierno", asegura un barón autonómico del PP. Y añade: "Los veo más comprometidos con la acción de Gobierno. Creo que han aprendido que gobernar es distinto a hacer oposición. Dicho lo cual, les queda mucho recorrido de aprendizaje porque se nota que son novatos".
El cambio de actitud de Vox es evidente. El año pasado, en uno de los peores veranos para Castilla y León en incendios, los de Abascal llegaron a presentar una querella en el Tribunal Supremo contra el presidente de la región, Fernández Mañueco, por su gestión de este desastre. Y la fundación del partido aseguró que las Comunidades Autónomas eran los primeros culpables de esta situación. “Amparándose en una hipotética e irreal ayuda del Estado en caso de emergencia y acuciadas por sus propias necesidades financieras, las comunidades autónomas han reducido de manera sistemática las partidas de prevención, limpieza de montes, cortafuegos, mantenimiento de pistas forestales o refuerzo de brigadas forestales”, señalaban.
Ahora, en 2026, Vox ha evitado señalar a los barones populares por los terribles incendios que se han originado en Castellón, Madrid o Ávila y ha centrado todas las culpas en el Gobierno y en su presidente, Pedro Sánchez. “Esta es la España de Sánchez, la de Nerón”, decía Abascal en un vídeo el pasado sábado.
Al calor de unas encuestas muy favorables, tanto PP como Vox saben que hay una buena oportunidad de desbancar por fin al PSOE del poder tras nueve años de gobierno. Por ello, quieren evitar a toda costa "polemizar con asuntos" que no interesen o que algún presidente diga "algo inapropiado". "El primer año con elecciones municipales y generales suelen ser el peor porque se intenta marcar perfil propio. Hay mucha excitación política y eso dificulta la imagen de unidad en el Gobierno", razonan en el PP.
Pese a que algunos sondeos dicen que, juntos, podrían sumar hasta 200 escaños, en Vox siguen viendo a Sánchez "fuerte". "El PP está algo estancado en los 130 escaños y somos nosotros los que crecemos y haríamos viable ese nuevo gobierno. Pero no podemos fiarnos de Sánchez y de los trucos que pueda intentar en las semanas previas a las elecciones", asegura a El HuffPost una figura muy destacada de Vox.
En la sede de Bambú creen que esa buena sintonía entre gobiernos va a prevalecer hasta las generales del próximo año, aunque temen que en Andalucía pueda haber "algún incendio" por la "incomodidad" que le genera a Moreno Bonilla tener que gobernar por primera vez con Vox.
Esta semana, sin ir más lejos, han saltado las costuras después de que el Ayuntamiento de Sevilla autorizara las obras de una gran mezquita pese a las amenazas de su socio. "Hay que escuchar a los españoles", decía a modo de respuesta Abascal. El grupo municipal ha amagado con romper el acuerdo de gobierno y ha manifestado que ha perdido "su confianza" en el alcalde hispalense, José Luis Sanz. Incluso un portavoz de Vox echó mano de la Inteligencia Artificial para vestirlo en redes sociales con turbante y chilaba.
Pese a estos "chispazos", la voluntad de buen entendimiento entre PP y Vox es clara. Incluso más allá del prisma autonómico. A nivel estatal, Feijóo ya ha dejado atrás su intención de gobernar en solitario y ha mejorado el diálogo con Abascal, tal como admitió este pasado fin de semana en una entrevista en La Razón. De ahí que en el PP ya no dé miedo hablar de él como un posible vicepresidente en el gobierno de Feijóo si dan los números. “Más miedo da a los españoles que Sánchez continúe en la Moncloa”, razonan en Génova.