Así es Pável Dúrov, el dueño de Telegram que atacó a Sánchez: el 'Zuckerberg ruso' con 100 hijos y mil frentes legales
El multimillonario ruso tiene una larga lista de conflictos y sanciones en distintos países por su responsabilidad sobre la plataforma. En Francia está acusado de múltiples presuntos delitos: desde fraude, tráfico de drogas, crimen organizado, lavado de dinero, promoción del terrorismo a abuso sexual de menores.

El último magnate tecnológico en sumarse a los ataques contra Pedro Sánchez por el anuncio sobre la nueva regulación para las redes sociales abre el interrogante de si Elon Musk no tendrá un chat abierto en Telegram con su fundador y dueño. Este último, Pável Dúrov, entró ayer fuerte en la escena española con una suerte de 'mensaje ES-Alert personal' a todos los usuarios de la red en España.
En dicho mensaje, y tras los ataques del dueño de X y Tesla en la misma dirección, Dúrov cargaba contra el Gobierno de Pedro Sánchez que "está impulsando nuevas regulaciones peligrosas que amenazan vuestras libertades en internet" y "podrían convertir a España en un Estado de vigilancia bajo el pretexto de 'protección'".
Pero, ¿quién es este multimillonario de 41 años y una fortuna estimada por Forbes en 12,7 mil millones de dólares que también se ha sumado a esta guerra abierta por la regulación del acceso de los menores a las redes sociales y la responsabilidad de los directivos de estas compañías sobre los contenidos y los algoritmos? En líneas generales, es otro directivo de una red social que podría verse afectado por la legislación anunciada. Pero también es un directivo de una red social que acumula múltiples frentes legales. Sea cuál sea la foto de perfil a elegir, esta es la historia de Dúrov.
De cómo el 'Facebook ruso' se convirtió en una de las mayores redes de piratería del mundo
Corría el año '85 cuando Pável Dúrov nació en una Unión Soviética (URSS) en plena descomposición. Pero su Leningrado no tardaría en volver a ser San Petersburgo y al desmantelamiento de los servicios públicos le acompañaría una gran ventana de oportunidad en forma de libre mercado y la irrupción de nuevos formatos de negocio, en el que las nuevas tecnologías se perfilaban como el sector del futuro y una fábrica de millonarios.
Lejos de la emblemática ciudad rusa, en Turín (Italia), fue donde se formó Dúrov, que se había trasladado a Europa donde su padre trabajaba como filólogo. Con 17 años, en 2001, volvió a Rusia ya con su ciudad natal sin menciones al padre de la URSS. Siguió la estela de su padre y estudió y se graduó en Filología inglesa en 2006. Fue en esa etapa donde descubrió que tenía un futuro más lucrativo en una vía distinta a la de convertirse en traductor.
Dúrov no empezó en un garaje. Empezó en la uni. El invento que le puso en el punto de mira tecnológico fue una base de datos en línea en la que se compartían apuntes y libros. La evolución de esta recuerda mucho a lo que ocurrió con el Facebook de Marck Zuckerberg en EEUU. El aumento de usuarios lo acabó por transformar en un foro universitario, pero el éxito era tal que ese mismo año 2006, su antiguo compañero Viacheslav Mirilashvili invirtió desde EEUU en el proyecto. Nacía VKontakte, sin duda más conocida internacionalmente por su acrónimo: VK.
Al año siguiente, VK ya contaba con tres millones de usuarios y no, no eran solo estudiantes. Para 2012, el crecimiento había sido tan vertiginoso que batió los 150 millones de usuarios en solo un lustro. Pero, ¿qué tenía ese 'Facebook ruso' para tal popularidad? Quizás te suene esa red de la época anterior a la irrupción de las grandes plataformas de streaming o, en otras palabras, cuando la piratería en Internet estaba al orden del día. Esta plataforma se transformó en algo más que una red que ponía en contacto a personas, les permitía compartir archivos.
VK no tardó en ser puesta en los grandes listados de páginas perseguidas por la piratería y la violación de la propiedad intelectual en EEUU. Ninguna de las demandas y reclamaciones desde Norteamérica eran atendidas, pero se le abrió un frente distinto. Quizás, uno de los peores que se le puede abrir a alguien en la Federación de Rusia. Molestar al mismísimo Vladímir Putin.
De cómo su invento molestó a Putin y tuvo que centrarse en Telegram
En 2012 y con 150 millones de usuarios, VK era una pieza clave en la sociedad rusa. Una que veía cómo los supuestos caso de fraude electoral y anomalías por primera vez eran compartidas masivamente en la red. Aquello no gustó al partido ganador de aquellos comicios: la Rusia Unida de Vladímir Putin. Aquello motivó que el FSB -la policía heredera del KGB- reclamase a Dúrov que bloquease a varios grupos en VK. La respuesta de Dúrov fue una foto de un perro sacando la lengua. La del FSB fue enviar un comando de operaciones especiales a su casa, pero la cosa no fue a más.
El conflicto se saldó -más bien se pausó- tras una declaración ante la Fiscalía rusa, pero no se le imputó ni se instruyó proceso alguno. En 2014, el problema fue mayor. Las protestas en Ucrania habían derivado en el Euromaidán que culminó con la salida del presidente prorruso Viktor Yanukóvich, a su vez el gran antecedente de la invasión rusa sobre Ucrania. El Kremlin volvió a llamar a la puerta del dueño de VK para que entregase datos de manifestantes ucranianos y que bloquease algunos perfiles, como el del opositor Alexei Navalny -ya 'fallecido' en una prisión en Siberia-. Dúrov dijo no.
Aquella negativa, en público y alegando que le exigían acciones ilegales contra sus usuario, tuvo lugar el 16 de abril. Cinco días después, le echaron de su propia empresa. La cúpula empresarial le destituyó como CEO de VK y él aseguró que el entorno de Putin se había hecho con ella. Con el 88% de las acciones en manos de ellos, no le quedó más remedio que vender y largarse de Rusia. Pero lo cierto es que Dúrov no se había centrado únicamente en VK. Junto a su hermano, Nikolái Dúrov, había desarrollado -y separado de la red social- algo llamado Telegram Messenger.

El multimillonario de los 100 hijos y los mil frentes judiciales
Pável Dúrov siguió dando titulares después de salir de Rusia. Además de intentar crear su propia criptomoneda -las autoridades estadounidenses lo cortaron de raíz de inmediato-, destaca por su cambiante pasaporte y nacionalidad. Primero obtuvo la ciudadanía de San Cristóbal y Nieves, una federación conformada por varias islas de un archipiélago caribeño. Lo logró pagando unos 250.000 dólares estadounidenses. ¿Mucho? Es la misma persona que, estando en medio de una conferencia, hizo una donación de un millón a Wikipedia.
En 2021 sí obtuvo una nueva nacionalidad. En realidad, dos. La francesa y la de Emiratos Árabes Unidos. De hecho, reside en su capital, Dubái, en el lujoso complejo residencial que es a su vez un pequeño archipiélago, las islas Jumeirah. Respecto a su vida privada, el dato más conocido de él es que tiene una amplia progenie. Es padre de un centenar de hijos, a través de donaciones de esperma en al menos 12 países, y de seis más que tuvo con tres parejas. Ha prometido repartir su fortuna entre todos ellos -si tienen pruebas de ADN, claro- y hasta ha planteado compartir su código genético para facilitar que se encuentren.
Pero, ¿qué le llevó a dejar Francia y vivir en Dubái? En 2024, justo después de que su avión privado aterrizase en el aeropuerto parisino de Le Bourget, la policía gala estaba esperándole. ¿Por qué? Precisamente, por muchas de las cuestiones que han motivado que el Gobierno de España proponga la reforma de la regulación de las redes sociales. Le detuvieron acusado de una amalgama de presuntos y diversos delitos. Tanto permitir el blanqueamiento de delitos en la red social como no actuar ante la difusión de imágenes pedófilas.
Solo estuvo arrestado 48 horas, pero tuvo que pagar una fianza de 5 millones de euros y sobre él pesan importantes acusaciones: fraude, tráfico de drogas, crimen organizado, lavado de dinero, promoción del terrorismo y abuso sexual de niños. Todo ello por su responsabilidad sobre Telegram, la misma puerta que se ha abierto ahora en España.
Este frente judicial en Francia se suma a los que tuvo en Rusia -más orientados al choque con el Kremlin-, pero también en otro país donde la legislación en materia de redes sociales está más avanzada y es más pionera: Australia. Allí, Telegram también ha sido sometido a investigaciones y sanciones. Lo cierto es que en el seno comunitario, distintos países han actuado también sobre Telegram.
