Volver con tu ex: ¿le conviene a Vox gobernar otra vez junto al PP?
Abascal se ha mostrado abierto a repartirse el poder con los populares en Extremadura, justo cuando las encuestas le sonríen. El HuffPost habla con diferentes analistas para conocer los riesgos que entraña un gobierno de coalición.
El 12 de noviembre de 2019, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se fundían en un abrazo mientras al resto de presentes se les escapaba un espontáneo suspiro de ternura. Tras una repetición electoral y varios años a garrotazo limpio, los dos líderes de la izquierda olvidaban así sus rencillas y desconfianzas (al menos, aparentemente) para dar la bienvenida al primer gobierno de coalición a nivel nacional de la democracia en nuestro país.
La incertidumbre era palpable. Un país acostumbrado a las mayorías holgadas se enfrentaba por primera vez al experimento de un Ejecutivo bicolor formado por 17 ministros del ala socialista y cinco de Unidas Podemos. Una fórmula de gobierno muy arraigada en otros países europeos, pero que aquí era absolutamente novedoso pese a que Felipe González se la ofreció en 1993 a Jordi Pujol (CiU) y a Xabier Arzalluz (PNV) y Zapatero tentó a Josep Antoni Duran i Lleida (CiU) en 2008 con un asiento en el Consejo de Ministros.
El gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos estuvo marcado durante sus más de tres años de duración por las constantes tensiones entre los socios y el fuerte desgaste electoral de los de Iglesias, que acabaron integrándose dentro de Sumar, la nueva plataforma política liderada por Yolanda Díaz.
Tras las generales de 2023, Sánchez cambió de pareja de baile y firmó un nuevo gobierno de coalición con su vicepresidenta segunda del Gobierno, que llega hasta nuestros días también con capítulos de división y reproches mutuos por cuestiones fundamentales como las políticas de vivienda o la inversión en defensa.
Mientras a nivel nacional el gobierno de coalición parece seguir en fase experimental, a nivel autonómico esta fórmula está ya más que asentada. El 41,1% del total de los ejecutivos formados en CC.AA. desde 1980 hasta 2025 han estado compuestos por más de un partido político. En concreto, según cifras de un estudio elaborado por tres profesores universitarios de Granada y Salamanca, en 106 de los 258 constituidos desde la llegada de la democracia.
En siete de las CC.AA. (Aragón, Cantabria, Cataluña, Islas Baleares, Islas Canarias, Navarra y País Vasco) el número de gobiernos de coalición ha supuesto la mitad o más de las experiencias de ejecutivos. De este grupo destaca el caso de Cataluña como la comunidad con un mayor número (16) y porcentaje (84,2%) de gobiernos de coalición.
En cambio, hay regiones donde la experiencia coalicional ha sido poco frecuente, como ha ocurrido en Castilla-La Mancha, Extremadura o Madrid (solo un caso) o Asturias, Castilla y León o Murcia (tres gobiernos de coalición y un porcentaje en torno al 20%).
Tras las elecciones autonómicas de 2023, PP y Vox forjaron alianzas en cuatro regiones para culminar la suma de fuerzas en el lado derecho del tablero político. Un año después, Santiago Abascal optó por deshacer estas uniones (además del gobierno de Castilla y León rubricado en 2022) con el pretexto de discrepar por el reparto teóricamente suscrito entre PP y PSOE de menores inmigrantes desde las Islas Canarias.
Entrar o no entrar, esa es la cuestión
Ahora, después de las elecciones en Extremadura del pasado 21 de diciembre, Vox se plantea volver a la fórmula de los gobiernos de coalición de la mano del PP. "Nosotros somos un partido de gobierno. Es más: los españoles nos votan para gobernar. Por tanto, estamos a disposición de que si hay una fuerza que ofrece gobierno, nosotros empezaremos una negociación en serio", dijo este mismo lunes el portavoz nacional del partido, José Antonio Fúster. La lógica, por tanto, es que si los números dan, Vox también pedirá entrar en los gobiernos de territorios que próximamente celebrarán comicios: Aragón (8 de febrero), Castilla y León (15 de marzo) y Andalucía (en junio).
Una decisión que debería ser muy meditada, a tenor de los precedentes. Aunque no es algo general, muchos de los partidos en posición de desventaja que han entrado en ejecutivos de coalición han sufrido un importante desgaste electoral. Podemos, como ya se ha señalado, acabó diluido en Sumar y con sólo cinco representantes en el Congreso tras su experiencia en el poder. Ciudadanos, que le sirvió de muleta al PP en la pasada década para alcanzar diferentes gobiernos autonómicos, está prácticamente desaparecido y las últimas encuestas señalan que Sumar habría perdido en sólo dos años más de la mitad del apoyo que cosechó en las generales de 2023.
¿Es una buena estrategia para Vox volver a gobernar junto al PP en diferentes territorios cuando las encuestas a nivel nacional le sitúan en cifras récord de apoyo? "Es, sin duda, una decisión de alto riesgo", asegura a El HuffPost Alejandro Sánchez Muñoz, contratado predoctoral en la Universidad de Salamanca y uno de los autores del estudio mencionado previamente. Y añade: "En un gobierno de coalición desigual, el socio mayoritario es quien suele capitalizar los éxitos del Ejecutivo. Las victorias del partido pequeño se acaban diluyendo y no tienen tanta repercusión porque quien suele tener las carteras más potentes y quien marca la agenda política es el otro".
Sánchez Muñoz aporta también otra clave interesante y que podría explicar el derrumbe que han sufrido recientemente partidos como Podemos, Sumar o Ciudadanos: "Sus grandes figuras pasan a formar parte del gobierno, asumen altas responsabilidades y eso hace que acaben descuidando la organización del partido".
En el caso concreto de Vox, según su opinión, el riesgo es aún mayor porque perdería la imagen de outsider o antiestablishment con la que está intentando ganarse a parte del electorado. "Entras a formar parte de la élite, las decisiones del Gobierno son también las tuyas y ya no puedes capitalizar la sensación de frustración que tienen actualmente parte de los votantes y que ha ayudado a impulsar a Vox en las encuestas. Si finalmente Vox entra en el gobierno de Extremadura, debería al menos luchar por hacerse con carteras que le ayuden a mantener desde dentro esa lucha cultural que lleva desplegando desde hace meses, como pueden ser Agricultura, Medio ambiente o Educación", detalla.
"Vox va a decepcionar"
Ignacio Urquizu, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, cree que los riesgos en una coalición no derivan tanto del peso de cada partido sino de las funciones que asumen cada uno y los objetivos globales alcanzados. Y pone de ejemplo el SPD alemán, que sufrió tras la pasada legislatura un fuerte desgaste cuando gobernó en coalición con los verdes pese a ser mayoría. "El que tiene la cartera de primer ministro o presidente es quien suele concentrar la asignación de responsabilidades. A él se le echa la culpa o se le premia según la gestión hecha. Los socios minoritarios responden más a otros criterios, como si han defraudado a su electorado o no", asegura.
Urquizu también rechaza que se asocie a gobiernos de coalición con inestabilidad política, aunque señala que duran más aquellos que están formados por partidos que no compiten por el mismo espectro ideológico. "En Aragón, la etapa de mayor estabilidad tuvo lugar cuando gobernaron juntos PSOE y PAR, puesto que no competían entre sí. Si el gobierno lo forman dos partidos muy próximos en sus ideas, esa estabilidad se va rompiendo conforme se aproximan las siguientes elecciones", asegura.
Para Urquizu, PP y Vox son ahora dos partidos bastante diferenciados, "pero esa frontera desaparecerá cuando gobiernen juntos y mucho votante de Vox acabará volviendo al PP". "Vox va a decepcionar en cuanto gobierne porque ha hecho promesas difíciles de cumplir. Se acabará convirtiendo en un partido del sistema y asumirá las contradicciones que implica gobernar. Perderá su pureza", advierte.
La 'dinámica coalicional', ¿la opción inteligente?
Josep Maria Reniu, titular de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona, cree que a Vox le podría interesar más la llamada "dinámica coalicional"; esto es, controlar al gobierno desde el parlamento como socio preferente. Una estrategia similar a la ya desplegada por la ultraderecha en varias regiones desde su salida de los gobiernos autonómicos en el verano de 2024.
"En aquellos casos en los que la aritmética parlamentaria me permite obtener de una manera más fácil los resultados políticos deseados desde fuera del Ejecutivo, sin corresponsabilizarme de toda la acción de gobierno pero garantizando la supervivencia del mismo, la decisión debería ser clara: no entrar", explica.
Sobre todo porque, a priori, Vox no tiene ahora como prioridad ocupar sillones. "Todos los partidos tienen únicamente cuatro objetivos: en la arena ejecutiva, buscan cargos. En la arena electoral, votos. En la arena interna, cohesión. Y en la política, propuestas. El truco es que estos objetivos son estratégicos o instrumentales, según los intereses de cada formación. Si para ti es instrumental tener cargos o no, puedes negociar con ello a tu favor. Vox lo que busca ahora es el sorpasso al PP y, a partir de ahí, conseguir el resto de objetivos", analiza.
Sin embargo, Reniu considera que a Vox se le hará difícil rechazar un gobierno de coalición con el PP si, tras unas generales, dieran los números para hacerse con la Moncloa. "Teniendo en cuenta que, en mi opinión, los comicios no serán más allá de mayo de 2027, creo que Vox podría hacer un esfuerzo de no entrar ahora en gobiernos con el PP para llegar lo más fuerte posible a esas elecciones", sentencia.