Yolanda Díaz, la ministra de la reforma laboral, que subió el SMI y quiso "sumar" a la izquierda: del pico de popularidad al debate por el relevo
Ascenso meteórico, reforma laboral salvada por un voto y dimisión tras las europeas: las claves de una trayectoria que marca el debate actual en la izquierda.
Durante un tiempo, Yolanda Díaz fue la excepción. En un Gobierno de coalición de difícil convivencia, ella parecía moverse con otra música, la suya propia: acuerdos con sindicatos y patronal, una imagen pública menos crispada que la media, y una agenda laboral con medidas muy concretas que se podían resumir en dos palabras: más salario y menos precariedad. Su ascenso fue tan rápido como simbólico: abogada laboralista gallega, hija de un histórico sindicalista, ministra de Trabajo en enero de 2020 y vicepresidenta segunda en 2021.
Pero la política española es una cinta de correr. Y esa figura que llegó a ser la cara amable y negociadora de la izquierda acabó entrando en un terreno más, digamos, áspero: el de la construcción de un liderazgo propio, la competición por el espacio a la izquierda del PSOE y, finalmente, el desgaste. Ahora, con su renuncia a la carrera electoral, su nombre vuelve al centro del tablero en pleno debate sobre quién manda en la izquierda nacional.
Sus inicios: una abogada laboralista en la trastienda de la política
Antes de ser "Yolanda", la ministra, fue Yolanda, la letrada: una abogada laboralista en Ferrol que se movía en el ecosistema de IU/EU, Anova y las confluencias que dominaron aquella década: AGE, En Marea, En Común.
Su recorrido hacia la cima explica parte de su imagen pública: una dirigente que proyecta tono de gestión incluso cuando habla de política dura. Y también explica por qué, cuando llegó a Trabajo en 2020, lo hizo con un objetivo que no era menor: tocar el mercado laboral sin que el país arda. Y lo logró.
Su primer trofeo: el SMI
El primer gran hito que la coloca en el escaparate es el Salario Mínimo Interprofesional (SMI). En enero de 2020 pacta con sindicatos y patronales una subida a 950 euros brutos en 14 pagas, un primer movimiento que abriría una secuencia de aumentos en los años siguientes. El balance de ese periodo, con el SMI como termómetro político, es uno de los ejes que más se asocia a su marca personal. Es posible que, con el paso del tiempo, ese sea, precisamente, su legado.
Y no fue solo el SMI. Su ministerio se convirtió en el espacio donde el Gobierno podía decir: "Esto sale", en contraste con otras áreas bastante más embarradas. En parte fue así por su método, por el timing (salida de la pandemia y reconstrucción), y, sobre todo, porque el "producto" que comercializaba era vendible: empleo, contratos y estabilidad.
En febrero de 2025, por ejemplo, se firmó una nueva subida del SMI a 1.184 euros mensuales en 14 pagas, acordada con CCOO y UGT.
La reforma laboral y la noche del voto que lo cambió todo
Si hay un capítulo que resume esa mezcla de épica y fragilidad de su carrera es la reforma laboral. Aprobada en el Congreso el 3 de febrero de 2022, salió adelante por un solo voto en una sesión de máxima tensión. Seguro que se acuerdan ustedes.
En la memoria política, aquel capítulo quedó asociado a dos cosas: al choque con algunos socios habituales y, especialmente, al episodio del diputado del PP Alberto Casero, cuyo error en la votación resultó decisivo en el desenlace.
Años después se supo otro dato que aporta algo más de dramatismo si cabe: ella tenía en la cabeza dimitir si la reforma no salía. Es decir: el proyecto estrella, el que debía certificar su solvencia y su autoridad, estuvo a un hilo de convertirse en su salida por la puerta de atrás. Es difícil saber, pero la Yolanda Díaz que conocemos ahora seguramente no sería la misma sin aquel error de Casero.
Pero esa es otra historia. Aquel día, Díaz se consolidó como ministra fuerte. También se consolidó otra idea inamovible: su capital político estaba íntimamente ligado a esa vitrina de resultados. Mientras el BOE respondía, el liderazgo parecía posible.
“Sumar”: cuando la ministra quiso ser algo más que ministra
La siguiente fase fue la más ambiciosa y, por ende, la más arriesgada: pasar de ser una figura de Gobierno con buena prensa a ser la candidata llamada a recomponer la izquierda. Ahí es nada. Fue Sumar su artefacto electoral con el que intentó construir un paraguas amplio, transversal, menos marcado por la marca Podemos y con gran capacidad de atraer a quienes se habían bajado del tren de las siglas. Un reto mayúsculo. Su gran desafío. El salto al vacío.
Y ahí empezó lo difícil. Gobernar es una cosa. Ordenar un espacio político lleno de partidos, egos, herencias y recelos, otra muy distinta. Y la gran promesa de unificar convivió desde el principio con una tensión imposible de revocar: Sumar como "hogar común" o Sumar como partido propio. Demasiadas piedras en la mochila.
El declive: críticas internas, desgaste y dimisión tras el 9J
El golpe simbólico llegó tras las elecciones europeas de 2024. Sumar obtuvo un resultado pobre y Díaz anunció que dejaba la dirección del partido. Lo hizo en junio de 2024, asumiendo el varapalo y defendiendo que era su responsabilidad, aunque seguía como vicepresidenta y ministra.
La dimisión no solo fue una reacción electoral. También fue la foto de un momento interno complicado: críticas de aliados y desgaste por la gestión de la campaña.
Su salida, más que un adiós total, acabó siendo "un paso a un lado", un clásico. En marzo de 2025 se confirmó que Díaz seguiría en la dirección de Sumar con un rol más institucional, mientras el partido pasaba a estar coordinado por otros perfiles.
Traducido: menos "jefa del partido" y más "figura imprescindible del Gobierno".
La paradoja Yolanda: fuerte en gestión, frágil en partido
Es aquí donde convergen todas las aristas de su perfil: Díaz ha brillado más como ministra que como jefa de partido. En Trabajo podía exhibir resultados (SMI, negociación, reforma laboral, empleo), pero en el terreno de la izquierda partidaria, se encontró con lo que devora a casi todos los que lo intentan: competencia interna, desconfianza, guerras de egos y un tablero en el que nadie cede su espacio de forma gratuita.
Lo relevante, en estos tiempos, no es solo su biografía política, sino el momento. La izquierda a la izquierda del PSOE vive una discusión permanente sobre quién lidera, con qué proyecto y con qué alianzas. La salida de Díaz de la primera línea orgánica tras las europeas se leyó como un síntoma de algo mayor: el fin de una etapa.
Su trayectoria reciente, sin embargo, deja una conclusión incómoda: Yolanda Díaz fue, durante años, la apuesta más seria por una izquierda en constante debate.
La lección que deja Díaz (por ahora)
Yolanda Díaz llegó al centro del poder por la vía de los resultados, pero su desgaste llegó por la vía de la política interna. La reforma laboral le dio prestigio. El SMI le dio relato. Sumar le dio ambición. Y la combinación de todo eso le dio, también, un problema: cuando pasas de gestionar a liderar el camino se embarra.
Ya sabemos que el "nuevo Sumar" o el "Sumar 2.0" no irá liderado por ella, algo que era un secreto a voces. Al tiempo que empezarán a salir nombres y que la izquierda volverá a intentar unificarse, Díaz se marchará, pero Yolanda, la mamá de Carmela, se quedará. Así funciona esto.