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05/01/2015 07:14 CET | Actualizado 22/06/2016 13:21 CEST

El desastre del despilfarro alimentario: hay que verlo para creerlo

En siete semanas, recorrí 1.600 kilómetros en bici cruzando los Estados Unidos. Durante mi viaje me alimenté de lo que encontraba en contenedores de basura de mercados. Cada día, colocaba mis hallazgos en un parque público. Eso sí, no sólo como de la basura para suplir mis necesidades.

Rob Greenfield

Puede que hayáis oído algo sobre el despilfarro alimentario, pero, por si acaso, aquí van unos cuantos datos para que os hagáis una idea:

  • En Estados Unidos cada año se tiran 165.000 millones de dólares en comida. Es más del presupuesto estadounidense para parques, bibliotecas públicas, cárceles federales, salud pública de los veteranos de guerra, el FBI y la Administración Nacional de Alimentos y Medicamentos juntos.
  • De los 317 millones de estadounidenses, unos 50 millones no están bien alimentados a pesar de que producimos suficiente comida para alimentar a 500 millones de personas.
  • Sólo para generar la cantidad de comida que acaba en los vertederos gastamos el agua suficiente para suplir las necesidades domésticas de todos los ciudadanos de Estados Unidos.

[Y en España la situación no es muy distinta, por cierto.]

Incluso conociendo estas cifras sobrecogedoras, probablemente tengas que verlo para creerlo. Así que allá voy.

Un fin de semana del pasado septiembre me planté en Nueva York tras mi segundo viaje en bicicleta por América sobreviviendo de lo que encontraba en contenedores. En mi primer viaje rebuscando en la basura, aproximadamente el 70% de mi dieta procedía de cubos de basura, es decir, casi 120 kilos de comida en casi 7.600 kilómetros en bicicleta.

Éste es el botín habitual recogido en un contenedor:

En esta ocasión me comprometí a comer sólo lo que encontrara en basureros de supermercados y tiendas de comida hasta llegar a Nueva York cruzando el país. En los más de 1.600 kilómetros y siete semanas desde Madison, Wisconsin, hasta Nueva York se me pudo ver por cualquiera de los 300 contenedores o así con los que me crucé. Tengo que reconocer que incumplí mi promesa un par de veces. Una vez que dejaron frente a mí un brownie en Baltimore, otra vez con unas palomitas recién hechas y alguna vez que cogí unos tomates o unas hortalizas de un huerto. Además, usé aceite y algunas especias para cocinar cuando iba a visitar a mis amigos. Por lo demás, comí como el rey del basurero y engordé más de dos kilos a pesar del tiempo que monté en bici.

Aquí tenéis a un tío que come directamente de los basureros:

Sin embargo, no sólo como de la basura para suplir mis necesidades. Lo hago para animar a la gente a que deje de tirar alimentos. Mis interacciones con cualquiera que me cruzaba por el camino les servían para ver el fiasco del despilfarro alimentario de primera mano, pero quería que también VOSOTROS lo vieseis para creerlo.

Y aquí entran en juego las fotos de mis manifestaciones públicas. Durante mi viaje busqué en los contenedores de siete ciudades -normalmente sólo una noche en cada sitio-, y al día siguiente colocaba mis hallazgos en un parque público. Mucha gente se sorprendía por lo que les enseñaba y algunos incluso se enfadaban, no conmigo, sino con el despilfarro de nuestra sociedad mientras millones de personas pasan hambre.

Pasé unos días en cada ciudad para reunir todos esos fiascos. Aquí se nos ve gorroneando en Madison tras dos días:

A través de las redes sociales encontré a un voluntario que prestó su vehículo para ayudarnos en cada ciudad, porque yo no podía acarrear toda la comida en mi bicicleta. Esto fue lo que recolectamos en Chicago, Illinois:

Ninguno de los voluntarios tenía experiencia rebuscando en la basura y para mí cada escenario en esas ciudades era nuevo. En Detroit, Michigan, empezamos por la mañana y el coche estaba lleno en dos horas:

En Cleveland, Ohio, pasamos siete horas en los basureros la noche de antes del evento y llevamos la comida al Cleveland Public Square. Ese día hacía más de 30º C, así que gran parte de la comida que encontramos estaba estropeada. En la foto sólo se ve la comida que estaba en buenas condiciones:

En Lancaster, Pennsylvania, contamos con dos vehículos y pudimos llegar a diez basureros en dos equipos. Y esto es lo que nos llevamos a casa después de cuatro horas:

A los dos días llegué a Philadelphia, Pennsylvania, a las 9 de la tarde, y empezamos a buscar en la basura una hora más tarde. A la 1 ya estaba profundamente dormido con todo este botín.

La comida era de muy buena calidad, pero no me había propuesto donarla. Sólo quería enseñar a la gente lo que desperdiciamos. Pero entonces empezaron a coger la comida y la misión no hizo más que mejorar. La gente, como David, estaba súper contenta por poder comer y compartirlo con sus amigos:

Entre todas las demonstraciones que llevé a cabo acabamos donando comida por valor de más de 10.000 dólares (8.220 euros) y dimos de comer a 500 personas. Para mí es la mejor prueba de lo buena que es la comida que tiramos.

He aprendido que puedo presentarme en casi cualquier ciudad de América y recolectar comida suficiente para dar de comer a cientos de personas en cosa de una noche. Lo único que nos limitaba era el tamaño del vehículo que teníamos para el transporte. Mi experiencia me demuestra que los contenedores de supermercados y tiendas de comida se llenan hasta los topes de alimentos en perfectas condiciones en casi todas las ciudades americanas, a pesar de que hay niños demasiado hambrientos como para poder concentrarse en sus estudios.

Lo que intento con estas fotos es ayudar a que os hagáis una idea de la magnitud del problema. Pero, aun así, sólo son fotos. Verlo en persona es una historia totalmente distinta. Mi misión siguió y el 30 de septiembre se celebró el último fiasco del tour en el Union Square Park de Nueva York.

Como sé que no todos vivís en Nueva York y quiero que lo veáis con vuestros propios ojos, os animo a que vayáis a algún comercio y sigáis una rutina diferente a la normal. Quiero que vayáis detrás del comercio, que busquéis sus contenedores y echéis un vistazo dentro. No hace falta que os llevéis la comida a casa. Tampoco hace falta que os metáis en el contenedor. Sólo asomaos y descubrid el problema por vosotros mismos. Puede que el contenedor esté cerrado o que haya sido vaciado. Si es así, busca en otras zonas. La primera vez que ves un contenedor lleno de comida tu vida puede cambiar para siempre. Si sientes que quieres ser parte de la solución, te animo a que fotografíes o grabes la comida desperdiciada y que lo publiques en las redes sociales con la etiqueta #DonateNotDump. Házselo llegar por Twitter al supermercado y diles que no vas tolerar más ese despilfarro.

Tened esto en mente e informaos un poco más antes de lanzaros a los vertederos. Nuestro mensaje a los supermercados es que dejen de tirar sus excedentes de comida y empiecen a donarlo a las organizaciones sin ánimo de lucro para que puedan distribuirlo a la gente que lo necesita. Tras mi experiencia y mis investigaciones he descubierto que nadie sale perdiendo en esta situación. En Estados Unidos los protege la ley del buen samaritano [que no existe en España], obtienen desgravaciones fiscales, gastan menos en la tasa de basuras y, lo más importante, hacen lo correcto por su comunidad. La excusa más frecuente para no donar es el temor a las responsabilidades, pero, además de que están protegidos, según un estudio de la Universidad de Arkansas no se ha elaborado ninguna normativa contra los comercios que han donado comida a programas de recogida de alimentos.

En Estados Unidos, hay miles de programas de recogida de alimentos, como City Harvest, Feeding America y The Food Recovery Network, y miles de supermecados donan comida a estas organizaciones y bancos de alimentos. Sin embargo, sólo es una pequeña fracción de lo que podría hacerse. Deberían apuntarse más supermercados a la iniciativa de donar, deberíamos animarnos a hacer más compostaje con lo que no se pueda donar (en lugar de enviar los alimentos al vertedero).

No hace falta que te asomes a los contenedores si no quieres. Comparte este artículo con los supermercados o, simplemente, habla con el encargado cuando vayas a la tienda y explícale lo que es importante para ti, para sus clientes. Los directores son seres humanos con corazón y podemos hacer que cambien para mejor. Depende de nosotros el hacerles responsables del trato al medio ambiente y dar a los ciudadanos hambrientos el respeto que se merecen.

Creo que estamos en un punto de inflexión para acabar con el despilfarro alimentario; con la acción ciudadana podemos solucionarlo. La ilusión que tengo me dice que en nuestra era mi generación reducirá el despilfarro alimentario drásticamente.

Puedes empezar recordando a tu supermercado: #DonateNotDump [#DonaNoTires]

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de The Huffington Post y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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