En la BBC alucinan con el éxodo de los españoles de la ciudad al campo por los precios desorbitados de la vivienda: así son los "neorrurales"
Miles de jóvenes en España realizan el salto de la ciudad al pueblo, sea por necesidad o sueño. Una mayoría que demanda vivienda se decanta ya por zonas rurales.

La situación de la vivienda en España ya traen consecuencias sociales y económicas: la más llamativa, al menos para medios extranjeros como la británica BBC, es el éxodo de las ciudades al campo para poder vivir dignamente, tener una casa asequible y en condiciones y un salario que cunda. Los llaman "neorrurales", en un giro de 180 grados respecto a décadas de migración del campo a lo urbano.
El artículo se detiene en casos concretos, jóvenes y españoles con nombre y apellidos, con una historia real, un cambio de vida que no solo les libra de la locura inmobiliaria en las grandes ciudades, sino que les brinda nuevas oportunidades y calidad de vida. No hay mal que por bien no venga.
Por ejemplo, Ainara y Roger hicieron algo que en una gran ciudad suena casi a ciencia ficción: se mudaron a un pueblo de 15 habitantes y, con ello, aumentaron su población casi un 20%.
El lugar se llama Corterrangel (Huelva), está en pleno parque natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, rodeado de castaños y dehesas. Y allí crían a su hija sin tráfico, sin ruido… y con un detalle que explica mucho de lo que está pasando: compraron la casa "de un tirón" con sus ahorros.
Dejaron Sevilla, la ciudad donde vivieron 15 años, donde el alquiler se disparaba y comprar era misión imposible, sobre todo con contratos temporales. Su caso no es una rareza: es un síntoma.
La idea de irse al campo ya no es romántica: es económica
Hay casos que sí, o que se aúnan ambas, pero en la mayoría de los casos, aunque a la postre haya sido una bendición, se hace por el bolsillo, no hay otro remedio. En España, el salto al entorno rural ya no se vende solo como "calidad de vida". Cada vez más, es una respuesta a la vivienda, cero romanticismo de antaño.
Fotocasa Research publicó en 2025 un dato revelador: el 63% de los demandantes de vivienda (alquiler o compra) tiene pensado o le gustaría mudarse a una zona rural. Si miras solo a los más jóvenes, el deseo sube: al 71% de quienes tienen entre 18 y 24 años les gustaría irse a vivir a un entorno rural.
El problema es el de siempre: querer no es poder. Mucha gente no puede hacerlo porque su trabajo exige presencia, porque el teletrabajo se frenó tras la pandemia o porque el cambio implica renuncias reales.
Sueldos que suben… y alquileres que se comen media nómina
Aquí hay un choque frontal entre números. Según el INE, el salario medio bruto mensual en 2024 fue de 2.385,6 euros (máximo histórico de la serie). Ahora aterrízalo en una gran ciudad: en Madrid capital, el alquiler llegó a situarse en torno a 22,37 euros por metro cuadrado al mes, en mediciones recientes citadas por medios a partir de datos de mercado.
Haz la cuenta rápida: un piso "estándar" de 80 metros cuadrados se va a cifras que, para muchísimas familias, significan vivir al límite. Y ahí aparece el campo como salida: más barato, más espacio, menos presión.
Corterrangel: ciencia, contratos temporales y una hora de coche
Ainara y Roger no encajan en el tópico del "urbanita que se va a plantar tomates". Son científicos del CSIC, pero viven con contratos que dependen de financiación y renovaciones. Ella estudia alimoches y él investiga ácaros asociados a aves. Para ir a la oficina se desplazan a Sevilla, algo más de una hora en coche, y aun así lo defienden: "Vivir aquí nos da mucha paz".
Ellos se reconocen como neorrurales: no fue solo necesidad, también decisión.
La "España vaciada" tiene otro obstáculo: incluso en el pueblo falta vivienda
La paradoja es que te vas al pueblo buscando vivienda asequible… y en muchos pueblos no hay oferta. El envejecimiento, la herencia de casas cerradas, la falta de rehabilitación y la poca vivienda pública disponible hacen que el "me voy" no sea tan fácil.
Y el mercado nacional tampoco ayuda: la falta de vivienda empuja los precios en todo el país (poca oferta, demanda que no baja). En el debate público aparece otro dato recurrente en el análisis del sector: España arrastra un déficit anual de viviendas y, además, suma presión por la llegada de población en los últimos años: se van unos 400.000 cada año, pero llegan 500.000.
La demanda crece y la poca oferta no solo no compensa, sino que aumenta la brecha. "España ha recibido más de 500.000 personas en el último año y tenemos un déficit de casi 150.000 viviendas anuales que vamos arrastrando y haciendo cada vez esa bolsa de viviendas necesarias más grande", señala la directora de Estudios de Fotocasa a BBC Mundo.
Por eso en algunas comarcas se están moviendo asociaciones y entidades locales para crear bancos de vivienda y tierras, y para poner en la misma mesa algo que casi nunca se resuelve a la vez: trabajo, casa y servicios en el mismo pack. Abundan los anuncios de búsqueda de nuevos pobladores con facilidades e incluso dinero contante y sonante.
Lo que ganas… y lo que pierdes
Si te planteas esta cambio de vida, ten en cuenta pros y contras. Irte a un pueblo no es una foto idílica en Instagram. Es renunciar a cosas. No hay Glovo, no hay Carrefour Express a las dos de la mañana, y tu rutina cambia de verdad.
Pero lo que compran quienes dan el paso es otra cosa: tiempo, silencio, comunidad y margen económico. La clave, como decía una de las protagonistas de este fenómeno, es bastante clara: en el pueblo hay trabajo, pero a veces hay que crearlo.
