Arranca la nueva ley del tabaco en la UE entre dudas internas y criticas de científicos
La normativa se enmarca en la estrategia para alcanzar una generación libre de humos a partir de 2040.
Nuevo revés para el consumo de tabaco en Europa. La Comisión Europea ha dado este lunes un paso clave en la revisión de la Directiva de Productos del Tabaco (TPD) al abrir una consulta pública para adaptar la normativa a la irrupción de nuevos productos como los cigarrillos electrónicos o las bolsitas de nicotina.
Todo ello, se enmarca dentro de la estrategia para lograr una generación libre de humo en 2040. El objetivo, según Bruselas, es actualizar el marco regulatorio para responder "con celeridad" a la evolución del mercado y reforzar la protección de colectivos vulnerables, especialmente los jóvenes. Sin embargo, este movimiento llega en un contexto de creciente polémica sobre la calidad de las evidencias en las que se apoya la futura regulación.
Una reforma clave con una debilidad: los datos
En paralelo a la apertura de la consulta, han salido a la luz criticas relevantes sobre la nueva norma internacional. El propio órgano interno de control de la Comisión Europea, el Regulatory Scrutiny Board (RSB), ha señalado "deficiencias graves" en dicho documento. Entre ellas:
- Falta de capacidad para determinar qué ha provocado realmente la caída del tabaquismo en Europa.
- Uso de datos limitados, fragmentados e inconsistentes.
- Extrapolaciones a nivel europeo a partir de información parcial.
De esta forma, la propia Comisión reconoce que no puede atribuir con precisión los avances en salud pública a su marco regulador, y aun así avanza en una nueva legislación.
El cambio de paradigma
Más allá del debate técnico, lo que está en juego es un cambio de enfoque de gran calado: la UE busca pasar de una regulación centrada en el cigarrillo a un modelo que abarque todo el ecosistema de productos con nicotina. La gran cuestión: ¿se están tratando productos distintos como si fueran iguales?
Uno de los puntos más controvertidos del debate es la posibilidad de que la futura normativa no distinga claramente entre productos combustibles y alternativas sin combustión, pese a que presentan perfiles de riesgo diferentes. Este enfoque preocupa a parte de la comunidad científica, ya que podría influir tanto en el comportamiento de los consumidores como en la eficacia de las políticas de salud pública.
"Una oportunidad histórica"
Más de un centenar de expertos —agrupados en plataformas europeas de reducción del daño— han trasladado a Bruselas su preocupación por el enfoque de la futura regulación, alertando de que existe una insuficiente consideración de la evidencia científica, de que se corre el riesgo de equiparar productos con perfiles de riesgo distintos y que se está construyendo una política pública sobre una base incompleta.
Los propios marcos internacionales, incluida la estrategia global de control del tabaquismo de la OMS, apuntaban a reducciones más ambiciosas del consumo para mediados de esta década con el tabaquismo en el 5%. Sin embargo, la prevalencia en gran parte de Europa se mantiene en torno al 20%.
Este desfase está alimentando un debate creciente en el ámbito científico y regulatorio sobre la eficacia de las políticas tradicionales basadas exclusivamente en restricciones.
Algunos análisis dentro del ecosistema internacional de salud pública han empezado a señalar que la aparición de alternativas sin combustión —como el tabaco calentado, los cigarrillos electrónicos o las bolsas de nicotina— podrían significar la aceleración de la reducción del daño asociado al tabaquismo, siempre bajo marcos regulatorios adecuados.
De hecho, tres eminencias de la OMS piden apostar por estas alternativas como "oportunidad histórica para acabar con el tabaquismo en el mundo".