Trabaja 12 horas al día y se alimenta de atún enlatado y avena para jubilarse a los 50 años
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Trabaja 12 horas al día y se alimenta de atún enlatado y avena para jubilarse a los 50 años

"Sabe bien y es super barata".

Simon Kjær Sørensen, junto a la imagen de archivo de atún enlatado

Simon Kjær Sørensen tiene 20 años, vive en una caravana en Australia y come pasta con atún de lata porque, dice, "sabe bien y es superbarata". Se levanta a las 3:30 de la madrugada. No lo hace por necesidad ni porque le haya ido mal en la vida: lo hace por un plan muy concreto que empezó, como casi todo en su generación, con un vídeo de TikTok.

En el vídeo, un chico contaba que se había ido a las minas de Australia y ganaba 500.000 coronas danesas al año (66.900 euros). Simon, que entonces terminaba el bachillerato en Dinamarca y no sabía muy bien qué hacer después, no se lo pensó: "Llamé enseguida a mi amigo y le dije: 'Me voy a Australia'". Tres meses más tarde se bajaba del avión en Perth, al otro lado del mundo.

El plan tiene nombre: se llama FIRE, siglas en inglés de "independencia financiera, jubilación temprana". La idea es vivir con lo mínimo, ahorrar al máximo, invertir lo ahorrado y llegar a un punto en que las rentas te permitan no volver a trabajar nunca.

Simon lo ha traducido a una meta con cifras: juntar unas 450.000 coronas (unos 60.000 euros) en año y medio para, de vuelta en Dinamarca, invertir en un piso de alquiler y en bolsa. Y jubilarse a los 50. "No me veo trabajando el resto de mi vida. Prefiero poder hacer lo que me apetezca: entrenar, jugar al golf y estar con mis amigos", afirma a TV2.

Una rutina muy estricta

Para eso, cada corona cuenta. Al principio pilló un trabajo de temporada en una granja, con diez noches seguidas de trabajo y un día libre, que llegó a pagarle hasta 70.000 coronas al mes, cerca de 9.400 euros. Ahora es peón de construcción: cava zanjas, vierte cemento, limpia piscinas. Menos glamuroso y peor pagado, aunque, matiza él, "sigue estando bien para ser trabajo sin cualificación": entre 40.000 y 45.000 coronas al mes (unos 5.400-6.000 euros) libres de impuestos, más 350 coronas diarias exentas para comida que valora como un extra.

Su día está cronometrado:

  • Se levanta a las 03:30 horas, desayuna avena con leche, café y proteína en polvo.
  • Entrena en el gimnasio desde las 04:15 hasta las 05:30 horas.
  • Se prepara en su caravana y comienza a trabajar a las 06:00 horas.
  • A las 10:00 horas tiene un pequeño descanso de 15 minutos.
  • A las 14:00 horas come pasta con atún, cebolla y especias: "Sabe bien y es super barata".
  • Su día termina a las 18:00 horas, cuando vuelve a su caravana, cena frijoles de lata y un batido de proteínas.
  • Después de cenar, se ducha y lee antes de dormir a las 20:00 horas.

Al día siguiente, otra vez. Hay quien no entiende su vida, y a él le da igual: "Hay que hacer lo que uno quiera, y yo solo tengo que encontrar el trabajo mejor pagado que no requiera estudios y luego jubilarme a los 50".

Lo interesante es que Simon no es una rareza, sino un síntoma. Lo explica Tommy Kjær Lassen, filósofo de la gestión y profesor en la escuela de negocios CBS: cada generación ha recibido una promesa distinta. A los abuelos les dijeron que trabajaran duro; a los boomers, que estudiaran. "Hoy es como si a los jóvenes les dijeran que tienen que hacerse una fortuna, y que entonces todo irá bien".

Pero avisa de la trampa. Ese modelo de sacrificarlo todo ahora para disfrutar después puede volverse una rueda: trabajas tanto que necesitas vacaciones, y las vacaciones buenas exigen trabajar tanto que vuelves a necesitarlas. "La buena vida es el equilibrio entre dar y disfrutar. Ahí está la verdadera felicidad", zanja. Simon, de momento, ha elegido el otro lado: renunciar a los 20 para, quizá, ser libre a los 50.

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