De facturar un millón de euros a vivir en 27 metros cuadrados y cobrar una pensión de 1.021 euros: "Antes iba a hoteles de lujo, hoy como pasta con tomate"
El jubilado ha tenido que prescindir de algunos alimentos, como el pescado.
Ulrich Reimann tiene 74 años y está furioso. Según él mismo cuenta en declaraciones al diario alemán Focus Online, se ha pasado 50 años trabajando para recibir una pensión mínima de poco más de 1.000 euros. El jubilado siempre ha tenido una vida cómoda. Ahora, vive en un apartamento de 27 metros cuadrados y se ve obligado a prescindir de algunos alimentos necesarios, como el pescado.
Reimann se queja de que ha recibido un aumento de 75 euros, que, con los impuestos, se convierte en poco más de 20. "Desde el aumento, se me queda en 1.021. Tras deducir las cotizaciones a la seguridad social, solo me quedan 24 euros del aumento, es decir, no me ha llegado apenas dinero", explica en su conversación con el medio de comunicación.
En cuanto a la comida, asegura que "renuncio a mi querido pescado y como pasta con pasta con tomate en su lugar". "Incluso un piso cálido es un lujo que no puedo permitirme. 18 grados es la sensación más alta". De este modo, "para no congelarme", "llevo varios jerséis uno encima del otro y calcetines de ganchillo". Esta es "la realidad" de un pensionista de 74 años en Alemania.
Un apartamento de 27 metros cuadrados
Reimann vive en un pequeño apartamento de 27 metros cuadrados en el sur de Alemania: "Digámoslo tal cual, este es el fin social". "Ni siquiera mis nietos vienen a verme. La última vez que estuvieron aquí fue en mi 70 cumpleaños. Nos sentamos en el suelo e intentamos celebrarlo", relata. "Es precioso', nos engañamos a nosotros mismos", dice.
En sus declaraciones, cuenta que en el pasado invirtió el dinero en una vivienda familiar, pero "tuvo que venderse", y "no queda nada de ella". "A veces ni yo mismo lo creo, cómo ha cambiado todo en pocos años: 180 metros cuadrados, dos habitaciones espaciosas, terraza, jardín. No quiero decir que esa sea mi reclamación para hoy. Lo que deseo es simplemente una vida digna", continúa. En sus declaraciones, cuenta, que en el paso invirtió el dinero en una vivienda familiar, pero "tuvo que venderse", y "no queda nada de ella".
La bancarrota de su empresa, dice, fue "un proceso gradual". "Siempre piensas: Todo irá bien", explica. "Pensaba que después de una vida ajetreada en un país como Alemania, probablemente me quedarían suficientes fondos para llevar una vida razonablemente decente", agrega. "Cuando tuve mi primera pensión en las manos, pensé que debía de ser un error: menos de 1.000 euros", culmina.