Diego Rodríguez, investigador de Fedea, sobre las redes hidráulicas españolas: "Casi estamos hablando de un problema de seguridad"
España arrastra años de sequías intensas, embalses envejecidos y redes de distribución obsoletas.

España se acerca a los 50 millones de habitantes mientras roza también otro récord: el de los 100 millones de turistas al año. El problema es que gran parte de las infraestructuras del país siguen diseñadas para una España mucho más pequeña. El resultado empieza a verse en averías, fugas, apagones, retrasos ferroviarios y sistemas hidráulicos envejecidos. Y algunos expertos ya hablan directamente de un problema de seguridad.
“Casi estamos hablando de un problema de seguridad”, advierte Diego Rodríguez en el diario El País, investigador de Fedea y catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense, al analizar el estado de las infraestructuras hidráulicas españolas.
España cerró 2025 con más de 49,1 millones de habitantes, según el INE, y las estimaciones apuntan a que la barrera de los 50 millones podría superarse entre finales de 2026 y principios de 2027. A eso se suma otro dato histórico: los 96,8 millones de turistas internacionales registrados el año pasado. Nunca habían llegado tantos visitantes al país.
Las redes hidráulicas españolas pierden hasta el 25% del agua tratada
El agua se ha convertido en uno de los puntos más críticos. España arrastra años de sequías intensas, embalses envejecidos y redes de distribución obsoletas. Según recoge un análisis basado en datos de Seopan y expertos de Fedea, entre el 15% y el 25% del agua tratada se pierde por fugas en las infraestructuras hidráulicas. En algunas regiones, un informe de S&P eleva esa cifra hasta el 40%.
El turismo multiplica además la presión sobre el sistema. Un turista consume entre 400 y 800 litros de agua diarios, frente a los 127 litros de media de un residente, según datos de Aigües de Barcelona citados en el informe.
La situación preocupa especialmente por el estado de las presas hidráulicas. La Asociación de Caminos, Canales y Puertos lleva tiempo alertando de que muchas infraestructuras tienen ya una edad media cercana a los 60 años.
Todo esto ocurre mientras España afronta un escenario de crecimiento demográfico acelerado impulsado casi exclusivamente por la inmigración. Desde 2015, las defunciones superan a los nacimientos y el crecimiento vegetativo es negativo. El aumento poblacional depende hoy de la llegada de población extranjera y del tirón económico del turismo.
Cercanías colapsa mientras la alta velocidad sigue creciendo
El deterioro no afecta solo al agua. El sistema ferroviario también muestra síntomas de fatiga. España tiene la segunda red de alta velocidad más extensa del mundo, solo por detrás de China, pero gran parte de la inversión histórica se concentró ahí mientras el servicio de Cercanías quedó rezagado. Entre 1990 y 2018 se invirtieron alrededor de 3.650 millones de euros en Cercanías, frente a más de 55.000 millones en alta velocidad, según la AIReF.
El resultado es visible cada semana en Madrid, Barcelona o Valencia: incidencias constantes, retrasos y saturación. Al mismo tiempo, la liberalización ferroviaria disparó el número de viajeros. El Instituto de Estudios Económicos señala que los usuarios de alta velocidad crecieron un 100,8% entre 2015 y 2024, mientras el gasto de mantenimiento por pasajero cayó un 27,5%.
El Ministerio de Transportes ya ha anunciado inversiones superiores a 20.000 millones de euros para los próximos años, con especial foco en la red convencional y Cercanías. Pero los expertos insisten en que el problema no es solo cuánto se invierte, sino cómo se hace.
La red eléctrica también empieza a saturarse
El apagón eléctrico de abril de 2025 disparó otra preocupación: la capacidad energética del país. España produce más electricidad renovable que nunca y exporta energía a otros países europeos, pero la demanda crece a gran velocidad por la electrificación, los centros de datos y el turismo.
La demanda eléctrica aumentó un 2,8% en 2025, muy por encima del 0,5% de media europea. El problema es que el 83% de los nudos de conexión de la red están saturados, limitando nuevas viviendas, industrias o proyectos renovables.
Incluso promociones inmobiliarias han quedado paralizadas por falta de capacidad energética. Solo el 12% de los proyectos que solicitaron conexión a la red en 2025 obtuvieron autorización.
Un país más grande con infraestructuras de hace décadas
El problema de fondo es estructural. España pasó años recortando inversión pública tras la crisis financiera de 2010. Antes de aquella etapa, la inversión en infraestructuras rondaba el 4,5% del PIB. Hoy sigue por debajo de la media europea pese a los fondos europeos Next Generation.
Los expertos coinciden en que el reto ya no es solo económico. También afecta a la seguridad, la competitividad y la calidad de vida. Y el margen para seguir retrasando inversiones empieza a agotarse.
