El pueblo de Salamanca donde todavía resuena el sonido de panderetas rectangulares
Hace unos años estuvo al borde de la desaparición.
Si hablamos de instrumentos musicales, siempre hay alguno capaz de sorprendernos, ya sea por su forma insólita, su técnica de ejecución o el sonido que produce… Algunos parecen surgir de la imaginación más que de la realidad. En este contexto, en un pequeño municipio de Salamanca hay un instrumento cuanto menos peculiar, cuya forma y manera de tocarlo llaman la atención de músicos y visitantes por igual.
Un pueblo del corazón de El Rebollar ha conseguido mantener con vida un instrumento que desconcierta a quien lo escucha por primera vez. En Peñaparda todavía sobrevive el llamado panderu cuadráu, o pandero cuadrado, una pieza etnográfica que no se toca en ningún otro lugar de Castilla y León, ni del país. Se trata de uno de los instrumentos musicales más raros y desconocidos del folclore español.
A simple vista parece una pandereta transformada en cajón, con un marco de madera y una piel tensada que forma una superficie rectangular, pero su peculiaridad va mucho más allá de la forma. El pandero no lleva sonajas ni se hace sonar con las manos como una pandereta corriente, sino que se golpea con una pequeña baqueta o palillo de madera apoyado contra la piel y el instrumento suele reposar sobre la pierna del músico, tal y como recoge RTVE.
Peculiar pero muy querido
Durante buena parte del siglo XX el instrumento estuvo al borde de la desaparición, ya que la emigración, el cambio de costumbres y la pérdida de constructores tradicionales hicieron peligrar la continuidad de esta práctica. Sin embargo, en las últimas décadas, la movilización local ha impulsado una recuperación que ha convertido al pandero cuadrado en emblema identitario del Rebollar, algo que ha sido posible gracias a los grupos folclóricos, escuelas de música y artesanas que siguen fabricando los panderos.
Esa labor de promoción tiene su momento álgido cada verano, durante la Fiesta del Pandero Cuadrado que se celebra el último fin de semana de julio. Esta fecha reúne a solistas y formaciones de música tradicional y atrae a visitantes interesados en ver y escuchar el instrumento en su contexto. La fiesta se concibe tanto como celebración social como herramienta para poner en valor un patrimonio sonoro poco frecuente fuera de esta comarca.
Los músicos de Peñaparda insisten en que, más allá del exotismo que despierta su forma, el pandero cuadrado es un lenguaje rítmico propio, con variantes locales y matices que sólo se entienden escuchando a quienes lo tocan en su entorno original. Hoy, cuando viajeros llegan al pueblo para escucharlo en directo, encuentran no solo un instrumento singular, sino también una comunidad que ha decidido conservar una porción viva de su historia popular.