Isabel Pérez, ganadera en Grazalema, tras los temporales: "Ha sido como una guerra, lo hemos pasado muy mal"
La ganadera andaluza relata los estragos económicos sufridos en su explotación tras las fuertes borrascas en Cádiz y reflexiona sobre el duro futuro del sector rural.
Históricamente, la ganadería ha sido un mundo fuertemente masculinizado. Sin embargo, aunque los hombres siguen siendo mayoría, en los últimos años cada vez son más las mujeres que dan un paso al frente para tomar las riendas del sector primario.
Isabel Pérez es un claro ejemplo de ello. Esta ganadera española tiene una explotación ganadera a su nombre en Benaocaz, un pueblo enclavado en el corazón de la Sierra de Grazalema (Cádiz).
La andaluza, en una reciente entrevista con el Diario de Cádiz, se sincera sobre su experiencia en la ganadería, los obstáculos que ha tenido que enfrentar y su percepción sobre el relevo generacional en el campo.
La pasión ganadera corre por sus venas
Aunque Isabel estudió peluquería y llegó a trabajar un tiempo en el sector de la hostelería, la gaditana tenía clarísimo que su verdadero lugar estaba manchándose las botas de barro, siguiendo los pasos de su padre, quien fundó la explotación que ella dirige hoy en día. "No me iba a morir con un cepillo en la mano, yo me moriré con mis cabras”, declara.
La pasión que siente por los animales es innegable, pero no oculta la extrema exigencia física y mental de su oficio. "Simplemente el hecho de que se te escape un chivo y haya que ir a buscarlo monte arriba supone un esfuerzo. Hay que estar muy pendientes de ellos", expone.
La desconexión es, literalmente, una utopía: "Paso muchas noches sin dormir preocupada por cuestiones de la explotación. Aquí no caben las vacaciones. Si quiero unos días libres para descansar, tengo que pedirle ayuda a mi padre, que aunque está jubilado, se presta a echarme una mano”, confiesa.
Unos temporales caóticos
A la dureza intrínseca del trabajo hay que sumarle los caprichos de la meteorología. Isabel relata con angustia las desastrosas consecuencias que ha sufrido su rebaño tras las fuertes borrascas que azotaron recientemente la Sierra de Grazalema. “Los animales se resguardaban en sus corrales, pero no podían salir al campo a comer" afirma.
Esta situación desencadenó una tormenta perfecta para su economía "El precio de los piensos se incrementó, como el de las alpacas de paja, lo que, unido a la bajada de producción, ha supuesto un golpe. Esto ha sido como una guerra. Llegaba a los corrales y no sabías lo que te ibas a encontrar", enfatiza la ganadera.
Un complejo relevo generacional
Isabel es muy consciente de que los jóvenes huyen de las labores agrícolas y las ataduras que exige el campo, una realidad que la llena de preocupación de cara al futuro de nuestros pueblos. "Hay relevo generacional, pero está cada vez más difícil. Somos cada vez menos los que queremos quedarnos en el campo", sostiene.
Pese a los baches, la andaluza pone en valor las grandes lecciones vitales que regala el campo, un oasis de realidad muy alejado de la ansiedad y la hiperconectividad que devoran a la sociedad moderna. "En el campo no aprendes nada malo. Resolver los problemas que se van presentando día a día te da sabiduría. Llegas a conocerte bien", concluye.