James, granjero, perdió su Rolex en 1974 y lo encuentra 50 años más tarde lejos de dónde pensaba: "Nunca pensé que volvería a ver el viejo"
El hallazgo ha devuelto no solo un objeto, sino recuerdos de toda una vida.
Durante décadas, algunos relojes han demostrado que están hechos para resistir mucho más que el simple paso del tiempo. Diseñados para acompañar a sus dueños durante toda una vida, muchos acaban acumulando historias que van más allá de su valor material. A veces, incluso, esas piezas parecen desaparecer para siempre… hasta que el azar y la perseverancia las devuelven al lugar al que pertenecen.
En este contexto, un reloj que James Steele, un granjero lechero de Shropshire (Inglaterra), creyó perdido para siempre en la década de 1970 ha vuelto a su muñeca medio siglo después, tras atravesar el tracto digestivo de una de sus vacas y pasar por una minuciosa restauración realizada por expertos relojeros. El hallazgo y la reparación han devuelto no solo un objeto, sino recuerdos de una vida entera dedicada al campo.
El hombre, ahora de 95 años, compró el Rolex Air-King poco después de cumplir los 21 y lo llevó con orgullo durante décadas. En los años setenta la correa se rompió mientras trabajaba con las vacas y el reloj desapareció entre la hierba. Tras registrar los pastos sin éxito, la familia acabó por asumir que el aparato se había perdido para siempre. "Cuando fui y compré el reloj nuevo, nunca pensé que volvería a ver el viejo", asegura Steele a The Sun.
Una cuidada restauración
La sorpresa llegó en 2024 cuando Liam King, aficionado a la detección de metales, rastreó una parcela de la granja y desenterró la pieza oxidada. King devolvió el hallazgo a la familia Steele, que recordó la teoría que un veterinario les dio décadas atrás: el reloj podía haber sido tragado por una vaca. La hipótesis, improbable pero plausible dadas las circunstancias, cobraba ahora sentido tras la ubicación del objeto en el terreno fecundado por el ganado.
El reloj, aunque intacto en su esencia, apareció con la caja abollada y oxidada, la esfera blanca se había vuelto amarilla y el cristal estaba muy rayado y deteriorado, mostrando incluso una grieta. Aun así, la maquinaria conservó piezas originales que podían salvarse. La restauración corrió a cargo del relojero neerlandés Kalle Slaap y su equipo, quien documentó el proceso en vídeo.
El experto describió la reparación como un reto técnico comparable a restaurar una obra de arte: limpieza extrema, reemplazo sólo de piezas irrecuperables y preservación de la pátina cuando era posible para mantener la historia del objeto. Tras aproximadamente 160 horas de trabajo el Air-King volvió a latir y fue devuelto a su propietario, que pudo reencontrarse con el reloj que había perdido medio siglo atrás y cerrar, por fin, una historia que creía inconclusa.
Además del valor sentimental, la historia ha resonado en el mundo de los coleccionistas: la pátina y la procedencia aumentan el interés sobre piezas antiguas, y la restauración subraya cuánto puede sobrevivir una pieza bien construida aun en condiciones adversas. Para James Steele, el resultado es más sencillo y humano: recuperar un recuerdo de juventud antes de que el tiempo lo borre.