Javier Burón, experto en vivienda: "Hay que actuar poniendo algunos límites que significan que no crezcan constantemente los precios"
“Solo se va a empezar a solucionar por un nivel de presión social incontestable”.

El acceso a la vivienda en España ha dejado de ser una preocupación puntual para convertirse en una auténtica emergencia social. Comprar o alquilar una casa ya no depende solo de la capacidad económica o del esfuerzo individual sino que es, cada vez más, un problema estructural.
En un contexto marcado por un mercado tensionado, una oferta insuficiente y unos precios que avanzan muy por encima de los salarios hace ya tiempo que hace saltar todas las alarmas sociales.
En este escenario, expertos en vivienda como Javier Burón advierten de que no hay soluciones fáciles, pero sí decisiones urgentes que tomar, tal y como ha explicado durante una entrevista en el especial informativo Para entrar a vivir, de RTVE Noticias.
Poner límites a los precios: la línea roja
La idea central que atraviesa su diagnóstico es clara y directa. “Hay que actuar poniendo algunos límites que significan que no crezcan constantemente los precios”, afirma Burón, dejando claro que el mercado, sin intervención, no está garantizando el derecho a la vivienda.
Lejos de planteamientos abstractos, el experto apunta a medidas concretas que ya se están aplicando. “A mí, por ejemplo, me parece muy interesante lo que ha hecho Cataluña, de que el impuesto de transmisiones patrimoniales no es el mismo dependiendo de si te compras tu primera y única vivienda, tu segunda, tu tercera… y así sucesivamente”, explica.
Para Burón, este tipo de políticas introducen una lógica social en un mercado que, durante años, ha funcionado bajo dinámicas puramente económicas. “La palanca social es importante”, insiste el experto en vivienda.
Más seguridad para alquilar… y más vivienda disponible
Además, el experto hace hincapié en un punto trascendental: limitar no es suficiente si no se acompaña de incentivos. Burón también pone el foco en el alquiler, donde ve necesario generar confianza para aumentar la oferta. “Dar a la propiedad de vivienda todo tipo de garantías, facilidades y seguridades para que alquile de manera tranquila también es importante”, sostiene.
El objetivo es claro: movilizar viviendas vacías y reducir la presión sobre un mercado donde la escasez de oferta sigue empujando los precios al alza. Sin ese equilibrio, cualquier intento de regulación corre el riesgo de quedarse corto.
Una emergencia social que ya está al límite
La crisis de la vivienda ha dejado de ser un problema individual para convertirse en un desafío colectivo, lo que hace que la presión social no pare de crecer, algo que Burón acaba viendo como parte de la solución: “Solo se va a empezar a solucionar por un nivel de presión social incontestable”.
Aunque añade un elemento clave: esa presión no solo vendrá de la ciudadanía. “Otro vector de presión (que no va a ser nunca público, pero que ya se está dando) son las patronales. Porque las empresas tienen problemas no porque no vendan, sino porque tienen el mercado de la vivienda estropeado”, expone.
La dificultad para acceder a un hogar cercano al trabajo está empezando a afectar a la contratación y al funcionamiento de sectores enteros. La vivienda, por tanto, ya no es solo un derecho en cuestión, es también “una pieza clave del engranaje económico”.
La ciudadanía, en el centro de la solución
Más allá de las medidas técnicas, el mensaje final apunta a la responsabilidad colectiva. El problema, según coinciden los expertos, no se resolverá únicamente desde las instituciones.
La solución pasa también por una ciudadanía más activa, capaz de exigir cambios reales y sostenidos en el tiempo. Porque, como advierte Burón, sin esa presión constante, las medidas necesarias seguirán posponiéndose.
En un país donde acceder a una vivienda digna se ha convertido en una carrera cuesta arriba, parece que la gran pregunta ya no es si hay que intervenir de forma más contundente, sino cuánto tiempo más se puede esperar para hacerlo.
