Kaya, 27 años, tarda tres horas en tren para ir a clase porque no puede pagar el alquiler en Londres: "Era un campo de minas: todas las habitaciones costaban más de 1.000 libras"
“Los precios que la gente pagaba por el alquiler eran desorbitados”, asegura.
Hoy en día, el precio de la vivienda sigue subiendo a un ritmo que parece imparable, y eso está cambiando la forma en que vivimos. Para muchos, especialmente jóvenes y estudiantes, ya no es posible permitir que el hogar esté cerca del trabajo o la universidad. A muchos les toca hacerse largas horas en transporte público, madrugones y viajes que consumen energía, todo para poder seguir adelante sin que el alquiler supere el presupuesto.
Este es el caso de Kaya Turner, una joven de 27 años que llegó a Londres desde Sheffield para cursar un máster en historia medieval en el King’s College. Con la ilusión de vivir la experiencia de la ciudad, buscó alojamiento cerca del campus, pero los precios se le escapaban de las manos, incluso las habitaciones más pequeñas superaban ampliamente su presupuesto. Ante la imposibilidad de encontrar un alquiler digno, Kaya tomó la decisión de volver a Sheffield y viajar cada día a Londres.
Durante seis meses, intentó mantener el equilibrio entre trabajo y estudios, compaginando dos turnos de 12 horas semanales en un pub con sus clases, pero finalmente la presión financiera y el cansancio acumulado empezaron a pasar factura. “Era un campo minado: todas las habitaciones costaban más de 1000 libras, y simplemente pensé que no tenía sentido”, confiesa en declaraciones recogidas por The Telegraph, aunque a cambio tuvo que pagar un alto coste.
El precio a pagar
Ahora, cada semana la joven se hace seis horas diarias de viaje entre Sheffield y Londres para poder asistir a sus clases. Sale de casa a las 5 de la mañana, toma un tren de aproximadamente 90 minutos hasta Londres y, entre transbordos y caminatas hasta el King’s College, llega justo a tiempo para su seminario de dos horas. Al terminar, el regreso puede alargarse hasta las 11 de la noche.
Aunque este esfuerzo le permite ahorrar casi 12.000 libras al año en alojamiento, reconoce que la rutina es agotadora. “Los viajes eran una locura, pero los precios que la gente pagaba por el alquiler eran desorbitados”, asegura. Sus viajes diarios reflejan la realidad de muchos estudiantes que se ven obligados a sacrificar tiempo y energía por poder estudiar en ciudades con alquileres inalcanzables.
De vuelta en Sheffield, Kaya gasta unas 400 libras al mes en los viajes de ida y vuelta a Londres y, pese al cansancio, calcula que el ahorro en alojamiento ronda las 12.000 libras al año. Pero el precio no es solo económico, ya que el ahorro se materializa en la pérdida de vida universitaria. Sus largas jornadas le impiden participar en actividades extracurriculares, socializar con sus compañeros o disfrutar del ambiente de la ciudad, recordándole que las decisiones financieras también implican renunciar a experiencias personales que forman parte de esta etapa de su vida.