La venta de una casa saca a la luz un cuadro de Velázquez de 1616: "Es la primera vez que tengo una pieza así"
La obra, titulada Joven riendo, permaneció durante décadas en una vivienda familiar y ahora sale al mercado con un precio de partida de 800.000 euros.

Un cuadro que llevaba más de medio siglo prácticamente oculto en una vivienda familiar ha reabierto el debate sobre la aparición de obras desconocidas de Diego Velázquez. La venta de una casa en Noirmoutier-en-l'Île, en el oeste de Francia, ha sacado a la luz una pintura atribuida al maestro sevillano que, según sus actuales custodios, permanecía alejada del foco público desde finales de los años cincuenta.
La obra, titulada Joven riendo, ha llegado a manos del anticuario Serge Thuillier, quien reconoce que nunca había tenido entre sus manos una pieza semejante. "Es la primera vez que tengo una pieza así", afirma en Ouest-france.
El cuadro ya se ofrece a potenciales compradores con un precio de salida de 800.000 euros, aunque los especialistas recuerdan que las pinturas atribuidas directamente a Velázquez son extraordinariamente escasas y, si la autoría termina siendo aceptada de forma generalizada, su valor podría multiplicarse.
Un informe pericial avala la atribución a Velázquez
Junto a la pintura se conserva un exhaustivo informe elaborado por la Société de Contrôle et d'Expertise de París, que analiza tanto los materiales empleados como las características técnicas de la obra.
Según ese documento, los estudios científicos realizados no habrían encontrado elementos incompatibles con una ejecución a comienzos del siglo XVII y concluyen que no existen rasgos que contradigan la atribución del cuadro a Diego Velázquez.
La pintura es un óleo sobre lienzo reentelado, montado sobre bastidor de madera, con unas dimensiones aproximadas de 58 por 42,5 centímetros. En la parte posterior del bastidor figura inscrito el nombre del pintor con tinta, uno de los detalles que también ha sido analizado durante el proceso de autentificación.
No obstante, en el mundo del arte, este tipo de atribuciones suelen requerir un amplio consenso entre historiadores, museos y expertos internacionales antes de considerarse plenamente consolidadas.
Una historia que comienza en Madrid y termina en una casa francesa
La reconstrucción de la procedencia del cuadro es uno de los aspectos que más interés despierta entre los especialistas.
Según la documentación conservada, la obra perteneció en el siglo XIX a la colección madrileña de Don Pedro Ximénez de Haro. En 1859 fue adquirida por Paul Lefort, inspector de Bellas Artes en Francia, y posteriormente pasó a distintos propietarios privados.
Entre ellos figuran el compositor Émile Bonnamy, el matrimonio Husson, vinculado a la Compañía Portuguesa de Ferrocarriles, y posteriormente Georges Siaut, quien la adquirió en 1930.
Finalmente, el cuadro fue comprado en una subasta celebrada en la región de París en 1959 por el padre de una conocida del actual anticuario. Desde entonces permaneció primero en una vivienda de la capital francesa y después en la casa familiar de Noirmoutier, donde apenas era conocido fuera del entorno de sus propietarios.
Todo cambió tras la venta de esa vivienda el pasado invierno. La familia decidió confiar la obra a Serge Thuillier para que buscara comprador.
"Es una pintura digna de museo"
El anticuario asegura que todavía le cuesta creer que una obra de estas características haya llegado a su galería.
"Hay talento de por medio; fíjense en la transparencia del cuello, está muy bien hecha. Es una pintura digna de museo", sostiene al describir algunos de los detalles que más le impresionan.
También destaca el perfil del anterior propietario, al que define como un auténtico apasionado del arte. "Tenía cuadros preciosos. Era claramente un amante del arte, no alguien que simplemente invertía su dinero", explica.
Para Thuillier, esta historia supone además un giro inesperado en su propia trayectoria profesional. Después de tres décadas al frente de su tienda de antigüedades y cuando se preparaba para jubilarse, ha decidido abrir una galería de arte impulsada precisamente por esta aparición.
Las obras de Velázquez, entre las más cotizadas del mercado
Las pinturas originales de Diego Velázquez figuran entre las más difíciles de encontrar en el mercado internacional del arte. Gran parte de su producción se conserva en museos o colecciones institucionales, lo que convierte cualquier posible nueva atribución en un acontecimiento seguido muy de cerca por historiadores, marchantes y coleccionistas.
Desde France Estimation, una de las principales redes francesas de expertos y casas de subastas, recuerdan que las obras atribuidas directamente al pintor sevillano son "extremadamente raras". Incluso cuadros realizados por artistas de su entorno o copias antiguas bien documentadas pueden alcanzar varios millones de euros en las subastas internacionales.
Por ahora, Joven riendo inicia su camino en el mercado con un precio orientativo de 800.000 euros. El siguiente paso será comprobar si la atribución logra convencer a la comunidad internacional de especialistas y si algún gran coleccionista o institución decide hacerse con una obra que podría convertirse en uno de los grandes hallazgos artísticos de los últimos años.
