Adelia, 95 años: "Adoro la gimnasia, por la noche como poco, no bebo alcohol y de vez en cuando me permito un dulce con el café de cebada"
Después de una infancia marcada por la guerra y el trabajo, ahora disfruta aprendiendo cosas nuevas y haciendo ejercicio varias veces por semana.

Con 95 años, Adelia tiene claro que la edad no debe convertirse en un freno. La italiana, que vive en el barrio de Comasina, en Milán, resume su forma de entender la vida en el diario italiano Corriere della Sera con una frase sencilla: "La vida debe vivirse rápido".
Después de superar la guerra, sacar adelante a una familia y trabajar durante décadas, ahora disfruta de una rutina en la que el ejercicio, las relaciones sociales y una alimentación sencilla ocupan un lugar central.
En una entrevista concedida al diario Corriere della Sera, Adelia explica que no busca ninguna fórmula milagrosa para vivir más años. Cree que el secreto está en mantenerse en movimiento, conservar la curiosidad y no dejar que la soledad gane terreno. "Si uno está sano, los dolores se superan mirando siempre hacia delante y no demasiado hacia atrás", afirma.
De una infancia marcada por la guerra a una vejez llena de actividad
Nacida en 1931 en Roncade, en la provincia italiana de Treviso, Adelia fue la segunda de doce hermanos. Su infancia estuvo marcada por la guerra y las dificultades económicas, una etapa en la que aprendió desde muy pequeña que quedarse quieta no era una opción.
Con apenas 15 años hizo las maletas y se marchó sola a Milán para trabajar. Allí encontró un empleo, conoció al que sería su marido y comenzó una nueva vida.
Recuerda que durante años caminó a diario para acompañar a una niña a sus clases de ballet en San Babila. Fue precisamente en uno de esos trayectos donde conoció al hombre con el que compartiría toda una vida. "Un día empezó a hablar conmigo, salimos a bailar y poco después nos casamos", recuerda. Su marido falleció hace cinco años, después de décadas juntos y de criar a cuatro hijos.
"Tengo muchísimas ganas de volver a hacer gimnasia"
Aunque nunca practicó deporte de joven, siempre llevó una vida muy activa. Ahora, la gimnasia se ha convertido en una de sus grandes pasiones. Participa en AMIS (Actividades y Movimiento Juntos por la Salud), un programa gratuito impulsado en varios distritos de Milán para fomentar el ejercicio físico y combatir la soledad entre las personas mayores. "Tengo muchísimas ganas de volver a hacer gimnasia porque me da una excusa para salir, pasear por el barrio y charlar con mis amigos", explica.
Para ella, el mayor beneficio no es únicamente el ejercicio. "Lo mejor es que no solo hago actividad física, también conozco gente nueva". Después de pasar varias semanas en casa recuperándose de una fuerte gripe, asegura que lo que peor llevó fue dejar de salir. "Estoy aburrida y siento como si tuviera piernas de palo."
Comer poco por la noche y mantenerse siempre en movimiento
Adelia tampoco atribuye su longevidad a una dieta complicada. Cuenta que se levanta temprano, desayuna y espera la llegada de sus nietos para compartir la comida. Por la noche prefiere cenar poco. "No como mucho, sobre todo por la noche. No bebo alcohol y de vez en cuando me doy el gusto de comer un postre con café de cebada."
También defiende una actitud abierta hacia la vida. Le gusta probar cosas nuevas, aprender aquello que no pudo hacer durante su juventud y aprovechar el tiempo que ahora tiene para ella. "En mi vida solo conocí el trabajo. Estos años son mi oportunidad para dedicarme a mí misma".
Aún tiene sueños por cumplir
Lejos de conformarse, Adelia asegura que todavía le queda mucho por descubrir. Su mayor ilusión es volver a Córcega, donde viven dos de sus bisnietos. Sin embargo, reconoce entre risas que sus hijas prefieren que no viaje sola. "Me han cortado las alas. Quizá tienen miedo de que me pase algo, pero deberían dejarme hacer lo que siempre he hecho", afirma.
También mantiene intacta su curiosidad por las nuevas tecnologías. Aunque no utiliza teléfono móvil, hace poco vio una imagen de sus padres animada mediante inteligencia artificial. "Los vi moverse y besarse. Me quedé fascinada. Es una tecnología increíble... aunque también da un poco de miedo".
A sus 95 años, Adelia sigue convencida de que la vida aún tiene mucho que ofrecerle. "Todavia hay todo un mundo por descubrir", concluye.
