Este año se ha vendido en una subasta una de ellas por más de 14 millones de euros, batiendo el récord Guinness mundial como la más cara adquirida en todas las categorías de cartas existentes.
Algunos ejemplares raros, como una prueba de sello ruso o un modelo finlandés de 1866, han alcanzado cifras astronómicas. La clave está en la escasez… y en el deseo.