Leticia, cajera en un bazar chino: “La gente piensa que tenemos una vida monótona, pero ojalá tuviese un trabajo monótono”
La joven de origen chino habla sobre su experiencia trabajando en un local de barrio.
Los conocidos popularmente como "bazares chinos" se han convertido en una auténtica institución en España. Son esos comercios salvavidas a los que acudimos cuando no sabemos dónde encontrar un producto en concreto, ya sea un domingo por la tarde o un festivo. De hecho, según algunas estimaciones, en nuestro país existen cerca de 30.000 locales de este tipo.
Para la mayoría de los clientes, hacer la compra allí es un trámite rápido, pero para los que están detrás del mostrador, cada jornada es una auténtica caja de sorpresas. Así lo relata Leticia, una joven que trabaja como cajera en un bazar ubicado en Gran Canaria, y que ha querido compartir sus vivencias más surrealistas como dependienta en una reciente entrevista para el canal de YouTube Fortfast WTF.
Un no parar de surrealismo y robos absurdos
Leticia hace hincapié en que, trabajando de cara al público en el bazar, ha sido testigo de situaciones que superan la ficción. “La gente piensa que tenemos una vida monótona, pero ojalá tuviese un trabajo monótono”, declara.
La joven recuerda perfectamente la odisea que vivieron con un hombre con problemas de movilidad que intentó robar artículos del local en repetidas ocasiones. "Del que más me acuerdo es de un chico que cojeaba. Entró a la tienda, cogió una bolsa de deporte y salió por la puerta tan tranquilo. Mi jefa salió corriendo detrás de él y se la arrebató. Lo más fuerte es que el tío, a los 10 minutos, volvió a entrar e intentó robar de nuevo. Como nosotras estábamos a otra cosa y no lo vimos, tuvo que entrar una señora de la calle a la que le agradezco la vida: le arrancó el bolso de las manos y le empezó a gritar en la cara que era un sinvergüenza", comenta.
Pero los hurtos no siempre acaban con gritos en la calle; a veces dejan un rastro mucho más desagradable. Leticia no olvida cómo un supuesto cliente de lo más normal se marchó de la tienda dejando, literalmente, un recuerdo escatológico.
El individuo parecía un comprador común y corriente: dio una vuelta, cogió un par de artículos, los pagó en caja y salió del establecimiento. Sin embargo, al ir a recoger la zona, Leticia y sus compañeras se llevaron una sorpresa asquerosa. “Ese hombre se había meado en los pantalones, había robado unos pantalones, había robado una sudadera y se la había puesto encima. Además, nos había dejado sus pantalones meados ahí, relata la chica.
"No somos esclavos, somos personas"
Más allá de las anécdotas escatológicas y los pequeños hurtos, la dependienta reconoce que la gran mayoría de los vecinos del barrio son muy amables con ella. No obstante, denuncia el clasismo y el racismo que todavía sufren a diario por parte de algunos clientes.
“Hay otros que parecen salidos de la derma, te tratan de una manera como si fueses un esclavo. O te tratan como idiota, o piensan que no hablas su idioma”, detalla.
Por este motivo, Leticia aprovecha su altavoz para lanzar un clarísimo mensaje a la sociedad pidiendo un mínimo de educación y empatía: “Cuando entres a un bazar, tened en cuenta que nosotros también somos personas, estamos trabajando de pie con muchas horas, somos el sustento de nuestra familia. Por favor, hacednos la jornada más tranquila”, concluye.