Los investigadores coinciden: los fenómenos climáticos extremos dañarán más los olivares españoles que el aumento de las temperaturas
Esto pondrá en riesgo la producción de aceite de oliva en toda la cuenca mediterránea.
El campo español se enfrenta a una amenaza cada vez menos silenciosa. Más allá del aumento gradual de las temperaturas, los cambios bruscos del clima están poniendo a prueba la capacidad de resistencia de cultivos clave como el olivar. Los expertos advierten que estos fenómenos extremos pueden causar daños mucho mayores que el calentamiento del clima y comprometer tanto las cosechas como el futuro de miles de explotaciones agrícolas.
En el caso del olivar, uno de los cultivos más emblemáticos y estratégicos de España, los investigadores coinciden en que el verdadero desafío no será tanto el incremento de uno o dos grados en la temperatura media, sino la creciente frecuencia de episodios extremos. Un informe reciente alerta que las olas de calor, las sequías prolongadas y las precipitaciones intensas están alterando el ciclo natural de los olivos y poniendo en riesgo la producción de aceite de oliva en toda la cuenca mediterránea, especialmente en países productores como España.
El informe europeo del estado del clima de 2025, elaborado por Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial, describe un año con la humedad del suelo entre las más bajas desde 1992, con sequía en mayo para alrededor del 53% de Europa y con temperaturas por encima de la media en el 95% del continente. En España, el sur y el este llegaron a registrar hasta 50 días más de lo habitual con estrés térmico fuerte.
Chaparrones de pocos días
En el caso del aceite de oliva, el problema no es solo que haga más calor, sino cuándo y cómo llega ese calor. Una investigación sobre Andalucía detectó un aumento de los índices térmicos ligados a días extremos en Sevilla, Córdoba y Jaén, al tiempo que proyectó descensos más claros de la precipitación en el futuro bajo escenarios de altas emisiones. El sector se enfrenta a una combinación de más calor, menos agua útil y una mayor irregularidad climática.
“Un solo día de calor extremo durante la floración puede arruinar toda la cosecha, incluso si el resto de la temporada es perfecta”, asegura el agroclimatólogo italiano Marco Moriondo, en declaraciones recogidas por Olive Oil Times. ¿Por qué ocurre esto? En esa fase, el polen y la fecundación son especialmente sensibles, y un episodio breve pero intenso puede provocar aborto floral o caída del fruto aunque el resto de la campaña sea normal.
En cuanto a la lluvia, en lugar de un reparto más o menos regular, cada vez son más frecuentes los chaparrones concentrados en pocos días, una dinámica que favorece la escorrentía y la erosión del suelo. Un informe del IEEP sobre los olivares españoles advierte que las lluvias extremas agravan la pérdida de tierra fértil y que las cubiertas vegetales y un laboreo menos agresivo reducen notablemente ese daño.
La magnitud del reto es enorme porque España sigue siendo el gran corazón del aceite de oliva mundial. Según el Consejo Oleícola Internacional, la campaña 2024/25 situó la producción española en 1,419,000 toneladas, y para 2025/26 se prevé un retroceso global del 4% respecto a la campaña anterior. En definitiva, el árbol sigue siendo resistente, pero su calendario biológico depende de ventanas muy finas de frío, lluvia y floración.