Los investigadores coinciden: "Los jóvenes de hoy pasan con sus amigos la mitad del tiempo que pasaban en 2010; las redes sociales son las más poderosas del mundo y sus críticos no están ganando"
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Los investigadores coinciden: "Los jóvenes de hoy pasan con sus amigos la mitad del tiempo que pasaban en 2010; las redes sociales son las más poderosas del mundo y sus críticos no están ganando"

Una chica de 21 años ha demandado a Meta y Google al considerar que utilizan mecanismos psicológicos para captar la atención de los usuarios de forma deliberada, generando una adicción con la intención de ·programar la adicción en el cerebro de los niños y jóvenes".

Jóvenes con los móvilesXavier Lorenzo

Durante semanas se ha celebrado en un tribunal de Los Ángeles un proceso que, en teoría, debería estar generando un enorme debate público. Sin embargo, apenas ha despertado atención fuera de la sala. Se trata de la demanda presentada por una joven contra Meta y Google, propietarias de Instagram y YouTube respectivamente, en la que acusa a ambas compañías de diseñar sus plataformas de forma que perjudican la salud mental y física de los usuarios.

El caso plantea una cuestión incómoda para la sociedad actual: si las redes sociales están afectando al comportamiento y bienestar de millones de personas, especialmente de los jóvenes. Sin embargo, el silencio que rodea al juicio refleja una realidad que muchos investigadores consideran evidente: pese a años de críticas, el poder de estas plataformas no deja de crecer.

Menos tiempo con amigos, más tiempo en pantalla

Uno de los cambios sociales más llamativos de la última década afecta directamente a la forma en que los jóvenes se relacionan. Diversos estudios muestran que las personas de entre 18 y 29 años pasan hoy mucho menos tiempo con sus amigos que hace apenas quince años.

De hecho, el tiempo dedicado a encuentros presenciales se ha reducido a menos de la mitad respecto a 2010, aproximadamente cuando los teléfonos inteligentes y las redes sociales comenzaron a generalizarse. La pandemia aceleró esta tendencia, pero los investigadores señalan que el descenso ya se estaba produciendo antes.

Mientras tanto, el tiempo frente a las pantallas sigue creciendo. Y no solo en Estados Unidos o Europa. En países como Brasil, Sudáfrica o Filipinas el uso de redes sociales se dispara año tras año. El resultado es un cambio profundo en los hábitos cotidianos: gran parte de las interacciones que antes se producían cara a cara ahora se trasladan al mundo digital.

Un juicio contra el diseño de las plataformas

La protagonista de la demanda nació prácticamente al mismo tiempo que YouTube apareció en internet, en 2005. Según su relato, comenzó a utilizar estas plataformas cuando tenía apenas seis años.

Su caso pretende demostrar que las grandes empresas tecnológicas diseñan deliberadamente sus productos para generar un uso compulsivo. Entre las prácticas cuestionadas se encuentra el llamado "desplazamiento infinito", un sistema que permite consumir contenidos sin llegar nunca al final del feed.

Los abogados de la joven sostienen que este tipo de decisiones de diseño están pensadas para mantener al usuario conectado el mayor tiempo posible. En su intervención ante el tribunal, el abogado Mark Lanier describió a las plataformas como corporaciones capaces de "programar la adicción en el cerebro de los niños".

Las empresas rechazan estas acusaciones. Desde Meta, dirigida por Mark Zuckerberg, defienden que han introducido mejoras constantes para hacer sus servicios más seguros. Por su parte, YouTube sostiene incluso que no debería considerarse una red social en el sentido tradicional.

La batalla entre responsabilidad individual y poder tecnológico

En el fondo del proceso judicial se enfrentan dos visiones muy diferentes sobre el papel de la tecnología en la sociedad. Por un lado, los críticos de las redes sociales sostienen que las grandes plataformas explotan deliberadamente mecanismos psicológicos para captar la atención de los usuarios.

Por otro lado, las compañías defienden que el uso que cada persona hace de internet depende fundamentalmente de su propia responsabilidad. Durante el juicio, el responsable de Instagram, Adam Mosseri, cuestionó la idea de que el consumo digital pueda equipararse a una adicción clínica.

Un poder que no deja de crecer

Más allá del resultado del juicio, los datos reflejan que las redes sociales siguen expandiéndose. Solo Facebook e Instagram cuentan con unos tres mil millones de usuarios mensuales cada una. A esto hay que añadir plataformas como TikTok o WhatsApp, también propiedad de Meta, que forman parte del día a día de miles de millones de personas.

El crecimiento económico de estas compañías también ha sido espectacular. Cuando Zuckerberg compareció ante el Congreso estadounidense por el escándalo de privacidad de datos de 2018, Meta estaba valorada en unos 500.000 millones de dólares. Hoy su valor se ha multiplicado varias veces.

Todo ello refuerza una conclusión cada vez más extendida entre investigadores: pese a las críticas, los denunciantes y los debates políticos, los detractores de las redes sociales no están logrando frenar su expansión.

El juicio de Los Ángeles puede abrir una nueva batalla legal sobre el diseño de estas plataformas. Pero incluso si los demandantes logran una victoria judicial, muchos expertos creen que el cambio social ya está en marcha. Las redes sociales se han convertido en una infraestructura básica de la vida moderna. Y, para bien o para mal, millones de personas ya no conciben el mundo sin ellas

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