Luca, 12 años, inventa un hormigón que absorbe el agua a partir de su alfombrilla de baño y gana un premio de jóvenes inventores: "Era como una esponja y quise saber de qué estaba hecha"
“Me encantó descubrir qué materiales marcaban la mayor diferencia”, concluye.

La curiosidad, la creatividad y las ganas de encontrar soluciones a problemas cotidianos no entienden de edad. Cada vez son más los jóvenes que demuestran que una simple pregunta puede convertirse en una idea capaz de mejorar la vida de muchas personas. Es el caso de Luca Durham, un niño de 12 años que, inspirado por un objeto tan cotidiano como una alfombrilla de baño, ha desarrollado un innovador material.
Su invento, un hormigón capaz de absorber el agua de lluvia y mejorar el drenaje de las calles, le ha valido el Premio Lemelson al Joven Inventor, un reconocimiento que distingue cada año a estudiantes con proyectos capaces de dar respuesta a problemas reales de sus comunidades. La idea surgió después de que Luca observara cómo una fuerte tormenta inundaba la entrada de la casa de un vecino, una escena que le llevó a preguntarse si sería posible crear un pavimento que, en lugar de acumular el agua, la absorbiera.
Lejos de conformarse con la idea del hormigón poroso tradicional, Luca investigó sus limitaciones y descubrió que, aunque permite el paso del agua, suele perder resistencia con el tiempo y puede obstruirse con facilidad. "Tal vez habría una manera de hacer que se pudiera absorber el agua en lugar de inundar la calle", se planteó en palabras recogidas por Society for Science. Esa pregunta fue el punto de partida de su invento.
Un éxito a base de prueba y error
La inspiración apareció en el lugar más inesperado: el baño de su casa. “Un día, después de ducharme, pisé mi alfombrilla de baño de piedra y noté la rapidez con la que absorbía el agua de mis pies”, cuenta Luca. “Era como una esponja, y quise saber de qué estaba hecha. Descubrí que era de tierra de diatomeas, que proviene de diminutas algas fosilizadas”, explica el joven inventor.
A partir de entonces, Luca comenzó a experimentar con distintas mezclas de cemento y materiales sostenibles. Probó con conchas marinas trituradas, carbón vegetal, grava y tierra de diatomeas para comprobar cuál ofrecía el mejor equilibrio entre resistencia, drenaje y absorción. Tras numerosos ensayos, concluyó que la combinación más eficaz era un compuesto formado por un 70% de cemento con grava y un 30% de tierra de diatomeas.
Algunas de las primeras pruebas fallaron por utilizar proporciones incorrectas o por la dificultad de conseguir que los materiales reciclados tuvieran un tamaño uniforme. Sin embargo, el joven asegura que esos errores le enseñaron a no rendirse. “Me encantó ver la ciencia en acción y descubrir qué materiales marcaban la mayor diferencia”, concluye Luca, que ya sueña con seguir perfeccionando su invento para contribuir a construir ciudades más sostenibles y preparadas frente a las inundaciones.
