María Gómez, ganadera cántabra, tras el recorte al precio de la leche: "Si pudiera, me ataba a la cadena todo el mes para que no entrara ni un camión de leche de fuera"
Un sector donde cada céntimo cuenta para subsistir en el día a día.
En una extensa lista de oficios que no entienden de fines de semana ni de festivos, el trabajo del ganadero es uno de los grandes castigados. Las vacas no esperan, la leche no se detiene y el trabajo tampoco, por lo que apenas queda tiempo para el descanso. En ese contexto de esfuerzo silencioso y continuo, cualquier golpe en el precio no es solo un dato económico, sino un mazazo directo a la forma de vida de quienes sostienen el campo.
A ese desgaste diario se suma el recorte en el precio de la leche en origen. En plena renovación de contratos y coincidiendo con la llegada de la primavera, las explotaciones se han encontrado con bajadas mucho más pronunciadas de lo esperado. Lo que suele ser un descenso asumido, aunque doloroso, se ha convertido este año en un recorte que pone en jaque la rentabilidad de muchas granjas y reaviva el malestar en el sector.
En este contexto, la ganadera cántabra María Gómez Arredondo ha puesto voz a ese malestar creciente, denunciando lo que considera una situación injusta para el sector. “En primavera se baja siempre la leche, pero contábamos con 1 o 2 céntimos como mucho, que ya nos duele, pero de 5 a 10 céntimos el litro de leche es para llorar”, lamenta en un vídeo difundido por la Unión de Ganaderos y Agricultores Montañeses.
"¿Quién se queda el beneficio?"
La protesta se concentró frente a la fábrica de Leche Celta, en Meruelo, donde medio centenar largo de explotaciones alzaron la voz contra la medida. En su intervención, María también cuestiona el argumento de los excedentes. “Dicen que tienen excedentes de leche pero sabemos que no es verdad, porque si tienen excedentes no meten camiones con leche en polvo de Portugal y de Francia”, asegura.
Su crítica apunta a una contradicción que, según ella, golpea a las explotaciones familiares mientras el producto llega al consumidor sin abaratarse de forma equivalente. “Al consumidor no le van a bajar el precio, entonces ¿quién se queda ese margen de beneficio?”, plantea la ganadera, que remata con una comparación tan simple como afilada: “Blanco y en botella, como la leche”.
La ganadera recuerda que la primavera suele traer ajustes, pero insiste en que una rebaja de “cinco a diez céntimos” por litro supone un golpe doloroso. “Si pudiera, me ataba a la cadena todo el mes para que no entrara ni un camión de leche de fuera, porque nuestro trabajo es muy digno y sacrificado”, asegura poniendo voz a toda esa frustración acumulada en el campo, donde cada céntimo cuenta para sobrevivir al día a día.