Mi padre siempre guardaba los billetes doblados en su cartera: me reí durante años antes de comprender por qué tenía razón
Se trata de una forma discreta de disciplina financiera.
Seguramente muchos recuerden haber visto a sus padres o abuelos abrir la cartera con calma, sacar un billete cuidadosamente doblado y volver a contar el dinero antes de pagar. Durante años, ese gesto fue interpretado como una costumbre propia de otra época, incompatible con las tarjetas, los móviles y los pagos instantáneos. Sin embargo, lo que parecía una simple manía escondía una razón muy práctica y sensata.
Lejos de ser una simple costumbre heredada, diversos estudios sobre comportamiento financiero han demostrado que pagar con efectivo ayuda a ser más consciente del dinero que se gasta. Mientras que las tarjetas y los pagos móviles hacen que las compras resulten más rápidas y casi imperceptibles, entregar un billete obliga a visualizar el desembolso y a pensar dos veces antes de sacar la cartera.
La psicología conductual incluso ha puesto nombre a este fenómeno: el “dolor de pagar”. Este concepto describe la sensación de pérdida que experimenta una persona cuando se desprende físicamente de su dinero. Según recoge 20 minutes, numerosos expertos sostienen que los métodos de pago digitales reducen la percepción real del gasto y pueden favorecer compras más impulsivas o menos meditadas.
Primacía del pago en efectivo
Un metaanálisis reciente que revisó 71 estudios en 17 países concluyó que los pagos sin efectivo suelen asociarse con un mayor gasto, aunque ese efecto se ha ido debilitando con el tiempo. En este contexto, el barómetro Ifop–Monnaie de Paris publicado en 2025 muestra que, para el 80% de los franceses, pagar en efectivo ayuda a gestionar mejor el presupuesto, y que el 81% declara un apego claro a este medio de pago.
Aunque pueda parecer una costumbre antigua, cabe señalar que entre los jóvenes de 18 a 34 años la lógica del efectivo no ha desaparecido, sino que sigue siendo una herramienta para controlar el gasto y evitar compras impulsivas. De hecho, cada vez son más quienes recuperan métodos tradicionales de gestión del presupuesto, como separar una cantidad concreta de dinero para determinados gastos, con el objetivo de tener un mayor control sobre sus finanzas en un contexto marcado por la inflación y el aumento del coste de vida.
En definitiva, el viejo hábito de doblar billetes en la cartera ya no parece una excentricidad de otra generación, sino una forma discreta de disciplina financiera. No sustituye al ahorro ni a los pagos digitales, pero sí recuerda una idea muy simple: contar el dinero antes de gastarlo sigue siendo una de las maneras más eficaces de no perder el control. Quizá por eso, aquello que muchos consideraban una manía acabó siendo una valiosa lección de prudencia financiera.