Ni es arquitecto ni constructor, pero se ha construido una casa flotante de 65 metros cuadrados con sauna finlandesa y cinco toneladas de baterías
"Una mañana me caí de la cama y decidí construir un barco".

Hay proyectos que requieren años de planificación y un equipo profesional al completo. Sin embargo, en el caso de Guy solo hizo falta la intuición. Este autodidacta, según cuenta, tomó una decisión muy sorprendente y ambiciosa: "Una mañana me caí de la cama y decidí construir un barco".
Ya ha construido varias embarcaciones diferentes, entre ellas un restaurante flotante y un espacio para eventos. Sin embargo, no cuenta ni formación académica en arquitectura ni en construcción naval. Ahora, su último proyecto es una vivienda flotante totalmente eléctrica que navega por el río Mosela, en la ciudad francesa de Metz.
Lejos de ser una embarcación convencional, se trata de un catamarán concebido como un auténtico loft de 65 metros cuadrados, en el que cada detalle ha sido diseñado por su propietario, desde la distribución de los espacios hasta el más pequeño de los tornillos.

Un loft sobre el agua con vistas de 360 grados
La vivienda se asienta sobre un doble casco que sitúa el suelo prácticamente a la altura de la línea de flotación, apenas a 60 centímetros del agua. Esto crea una sensación de continuidad entre el interior y el río, reforzada por enormes ventanales que ocupan el 50% de la superficie de las paredes.
La decoración gira en torno al verde esmeralda. Sofás, paredes y elementos decorativos siguen esta tonalidad, elegida por el propietario porque representa "armonía, placer y calma". Incluso el nombre del barco fue decidido antes de iniciar su construcción. El suelo, por su parte, incorpora baldosas de vinilo tejido con un diseño geométrico inspirado en la estética de los años 70.
Mucha tecnología y energía solar
El interior combina diseño y tecnología. Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es su autonomía energética. La cubierta superior alberga paneles solares que alimentan toda la embarcación, mientras que en el fondo del catamarán se encuentran cinco toneladas de baterías destinadas a almacenar la energía.

Según explica Guy, el barco puede funcionar aproximadamente cuatro días sin necesidad de recarga y permite una autonomía de unos quince días para dos o tres personas viviendo a bordo. En la misma cubierta existe también una zona de descanso con tumbonas y un pequeño jardín de hierbas aromáticas cultivadas en macetas, adaptadas a las limitaciones de altura para navegar bajo los puentes.
Uno de los espacios más sorprendentes es el baño. Además de una bañera de hidromasaje, incorpora una sauna finlandesa que también hace las funciones de ducha. Las paredes están revestidas con una fina chapa de piedra que permitió reducir en unos 450 kilos el peso respecto a una instalación tradicional de azulejos.
