Nils, sueco de 43 años y residente en Mallorca: "Cada vez es más difícil para todos, no solo para los locales. Los precios han subido muchísimo"
"Cosas que antes eran normales ahora son un lujo".

Mallorca lleva años caminando sobre una línea cada vez más fina entre el éxito turístico y la saturación. Lo que durante décadas fue su gran motor económico se ha convertido también en una fuente creciente de tensiones: precios disparados, vivienda inaccesible y una sensación compartida de que la isla ha cambiado demasiado en los últimos años.
Nils, sueco de 43 años, lo ha vivido en primera persona. Llegó a Mallorca hace 15 años, se instaló en la zona de Ciudad Jardín y desde entonces ha construido su vida allí. Separado y con dos hijas adolescentes que alternan su vida entre Suecia y Mallorca, asegura que el lugar que conoció ya no existe.
"Cuando llegué, Mallorca era otra cosa. Más tranquila, más auténtica. Podías vivir bien sin gastar tanto. Ahora todo es mucho más caro, tardas una hora en llegar a cualquier sitio, hay muchísima gente en todos lados… ¡Incluso es imposible ya ir a comer sin reservar!", indica Nils.
De paraíso asequible a lujo tensionado
Nils no habla solo desde la nostalgia, también desde su experiencia diaria. Lleva más de una década viviendo en el mismo edificio, donde mantiene una estrecha relación con sus vecinos pese a no dominar todavía bien el español. "Me llevo muy bien con todos, siempre me han tratado bien", asegura.
Pero incluso en ese entorno cercano, el tema de la vivienda aparece constantemente: "Cada vez es más difícil para todos, no solo para los locales. Yo mismo lo veo: los precios han subido muchísimo. Cosas que antes eran normales ahora son un lujo”".
Además, parte de su actividad económica está ligada precisamente a ese mercado tensionado. Nils alquila desde hace años una vivienda a sus compatriotas suecos a través de una página sueca para el alquiler vacacional, un tipo de alquiler que suele situarse por encima de lo que pueden asumir muchos residentes de la isla.
Aun así, asegura que ni siquiera eso escapa a la presión de los precios. "Incluso para mí es más difícil ahora. Tengo que subir el precio porque todo sube: los gastos, los impuestos… pero al mismo tiempo veo que a mis propios clientes también les cuesta más pagar", expone.
Más turistas, menos identidad
El cambio, insiste, no es solo económico. También es visible en el día a día. "Hay muchísima más gente que antes. En verano es una locura, pero ahora casi todo el año hay movimiento", explica.
Para alguien que llegó buscando calidad de vida y tranquilidad, el contraste es evidente. "Antes había temporadas muy marcadas. Ahora parece que nunca se para. Siempre hay turistas, siempre hay tráfico, siempre hay ruido", censura.
Esa masificación, añade, acaba afectando a todo: desde el acceso a la vivienda hasta la convivencia: "No es solo que haya más gente, es que todo gira alrededor del turismo. Y eso cambia la forma de vivir".
Una isla que aleja a quienes la habitan
Nils no se plantea marcharse. Su vida está en Mallorca, sus hijas pasan largas temporadas allí y mantiene vínculos sólidos con su entorno. Pero reconoce que la isla se está volviendo cada vez más difícil.
"Yo tuve suerte de llegar cuando todo era más fácil. Hoy no sé si podría hacer lo mismo y conseguir lo que tengo ahora", reflexiona. Su diagnóstico coincide con el de muchos residentes: el problema no es el turismo en sí, sino su escala.
"Mallorca siempre ha vivido del turismo, eso es normal. Pero ahora es demasiado. Y cuando es demasiado, todo cambia", advierte el sueco. Quince años después de su llegada, la conclusión es clara: "Esto ya no es lo que era".
