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Pascual, agricultor ecológico: "Las sandías este año y el verano están hundidas de precio"

Pascual, agricultor ecológico: "Las sandías este año y el verano están hundidas de precio"

Ni siquiera cubre los costes de producción.

Agricultor recogiendo sandías en el huerto
Agricultor recogiendo sandías en el huertoGetty Images

Pascual no habla del campo como un negocio cualquiera. Lo hace como quien habla de su propia historia. En su finca, La Salada, un terreno de 90 hectáreas —equivalente a 45 estadios de fútbol— ha construido un proyecto vital basado en la agricultura ecológica. 

Entre cultivos de melones, tomates y mangos, este agricultor ha invertido años de esfuerzo, aprendizaje y sacrificio. “Yo soy agricultor, esta es mi finca. Aquí es donde yo me he dejado la vida”, afirma con rotundidad en un vídeo publicado por Archie Ted en su canal de YouTube. Su día a día transcurre pendiente del cielo, del estado de la tierra y de la evolución de unos precios que, en muchas ocasiones, no compensan el riesgo asumido.

La apuesta de Pascual por la agricultura ecológica no es una moda, sino una convicción. En sus campos no se aplican productos químicos de síntesis. Para combatir plagas se emplean únicamente sustancias naturales autorizadas en agricultura ecológica, bajo una estricta normativa.

El secreto está en la tierra

“Tenemos muchas inspecciones. Tenemos que tener un cuaderno de campo donde se anota todo lo que se hace y cuándo se hace”, explica. Cada tratamiento, cada intervención y cada abonado con fertilizantes naturales queda registrado. El resultado es un producto 100% natural y un ecosistema vivo.

La propia naturaleza, cuenta, le dio una prueba inesperada. Cuando plantó mangos en ecológico al mismo tiempo que un amigo lo hacía en convencional, unos corzos irrumpieron en la zona. Los animales devoraron sus plantas, atraídos por el olor natural, mientras que las tratadas con herbicidas permanecieron intactas. “Los animales son muy sabios”, reflexiona.

En sus balsas de riego habitan ranas y otros pequeños animales que, según él, demuestran la ausencia de pesticidas. “Si hubiese herbicidas o pesticidas, no podrían estar aquí”, asegura, señalando que su finca funciona como un ecosistema equilibrado.

Golpes del clima y pérdidas millonarias

Pero el campo no siempre recompensa el esfuerzo. Pascual recuerda especialmente los daños provocados por fenómenos meteorológicos extremos como la DANA que arrasó la estructura de su cultivo de maracuyá. “Nos tiró toda la estructura. Han sido cientos de miles de euros en pérdidas”, lamenta. “Esa es la parte mala de la agricultura, que cuando algo sale mal es muy duro”, reconoce.

“Las sandías este año y el verano están hundidas de precio, en torno a 5 céntimos, pérdida total”, denuncia Pascual. Una cifra que, según explica, ni siquiera cubre los costes de producción. Muchos supermercados utilizan estos productos como reclamo comercial, abaratándolos hasta límites insostenibles para el agricultor.

El problema, a su juicio, es estructural. Denuncia la competencia de países extracomunitarios que no están sujetos a las mismas exigencias normativas que los productores europeos. “Jugamos con normas diferentes”, afirma.

Lo compara con un partido de fútbol desigual: “Es como si tú juegas con 11, pero el otro juega con más jugadores y además con la portería más pequeña”. Mientras los agricultores europeos cumplen estrictas normas de seguridad alimentaria y sostenibilidad, las importaciones compiten con costes más bajos y menos exigencias.

La búsqueda de un precio justo

Ante esta situación, Pascual decidió no quedarse de brazos cruzados. Creó EAP (European Agricultural Products), una marca destinada a identificar el origen europeo de los productos y defender la transparencia. Tras dos años de reuniones con grandes cadenas de supermercados que, según él, “daban largas”, optó por un camino diferente: la venta directa online. “Si los supermercados no quieren ser transparentes, lo seremos nosotros”, pensó.

El objetivo es conectar directamente agricultor y consumidor, garantizando el origen y un precio justo. “Queremos que quien quiera apoyar al agricultor lo haga sabiendo que detrás hay un precio digno”, explica.

Además, en su finca nada se desperdicia. Los melones que no cumplen los estándares estéticos se transforman en mermelada o miel de melón, utilizada como edulcorante natural para su tomate frito casero, eliminando el azúcar añadido. “Aquí se aprovecha absolutamente todo”, concluye.

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Soy madrileña, pero con raíces en Castilla-La Mancha. Estudié Periodismo en la Universidad Ceu San Pablo, aunque siempre digo que mi verdadera escuela ha sido El HuffPost, el lugar donde escribí mis primeras líneas como periodista. Empecé como becaria y ahora colaboro en este medio que me ha visto crecer.


Mi pasión por el periodismo nació en la infancia, cuando dibujaba las portadas de los medios deportivos y soñaba con convertirme en una de aquellas reporteras que veía en la televisión.

 


 

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