Así es como un simple churro de piscina se puede convertir en la mejor herramienta para mantener la cocina ordenada
Cuesta muy poco, lo tienes olvidado en el trastero y resuelve uno de los fastidios más universales de la cocina al proteger la cubertería de rayaduras o destrozos.

Mudarse a una casa nueva trae una tarea que parece menor y acaba sacando de quicio: montar la cocina. Entre decidir dónde va cada cosa y pelearse con los cajones, hay un detalle que repite casi todo el mundo. El separador o el organizador de cubiertos casi nunca encaja del todo, así que cada vez que abres el cajón sale disparado hacia el fondo. La solución no pasa por comprar un mueble nuevo ni por resignarse, sino por un juguete de verano que probablemente tengas olvidado en el trastero: un churro de piscina.
La idea, recogida por el medio gastronómico Chowhound, es tan simple como eficaz: un trozo de churro colocado dentro del cajón hace de tope y evita que el organizador se deslice. Solo necesitas una regla o un metro, uno o varios churros —según los cajones que te traigan de cabeza— y algo para cortarlos, ya sea un cuchillo de sierra, un cuchillo eléctrico o una sierra de mano.
El proceso tiene tres pasos. Primero, mide la distancia entre la parte trasera del organizador y el fondo del cajón. Después, corta el churro a esa medida. Y, por último, coloca el trozo en el hueco: el organizador queda fijo y, como lo resume Chowhound, solo te queda "contemplar tu cocina, ahora bonita y en silencio". Si quieres que ocupe aún menos, puedes partir el trozo por la mitad a lo largo y apoyar la cara plana contra el fondo.
Otros usos del churro de piscina en la cocina
Sujetar el organizador no es lo único que puede hacer este accesorio, que cuesta muy poco. Bien aprovechado, sirve para ganar orden, espacio y unos cuantos euros:
- Compartimentos a medida. Cortando secciones que ajusten al ancho y al alto del cajón se crean divisiones para separar cubiertos y utensilios; la espuma los mantiene en su sitio para que nada baile.
- Utensilios colgados en la pared. Pega un trozo de churro en vertical por dentro de la puerta de un armario o en la pared y haz cortes a la medida de cada utensilio para colgar cucharas y espátulas, liberando cajón y encimera.
- Escobas y fregonas. Coloca un trozo en horizontal en la pared y haz ranuras verticales donde descansen los palos (puede que la base tenga que apoyarse en el suelo).
- Cuchillos sin sustos. En lugar de dejar los cuchillos afilados sueltos en un cajón, guárdalos sobre un trozo de churro para reducir el riesgo de cortes al meter la mano.
- Ollas y sartenes sin arañazos. Al apilarlas, pon un trocito de churro cortado por la mitad, con la ranura abierta, en los bordes o en las asas para que no se rayen.
- Cables a raya. Aprovecha el hueco central: con un corte a lo largo, el churro recoge el cable enrollado de los electrodomésticos pequeños y evita que se enrede.
- Llenar el cubo de fregar. Si el cubo no cabe bajo el grifo, encaja el churro sobre la boca del grifo y baja el otro extremo hasta el cubo: el agua corre por dentro y lo llena sin salpicar media cocina.
Del cajón a toda la mudanza
El mismo objeto que pone orden en la cocina nueva resulta útil mientras llegas a ella. Cortado a la medida de cada lado, el churro protege los cantos y las esquinas de cuadros, espejos, televisores y otros objetos delicados durante el traslado; basta hacer la incisión en ángulo para que ajuste bien. Y una vez instalado, un trozo con una ranura a lo largo encajado en el canto de una puerta de armario o de un cajón evita esos golpes que con el tiempo abollan la pared o el rodapié.
Si hay niños en casa, hay un uso más que agradecerás: cortar una cuña y encajarla en el borde de la encimera acolcha las esquinas peligrosas, una versión casera y baratísima de los protectores que se venden en las tiendas.
Barato, reutilizable y un respiro para el bolsillo
Más allá de la comodidad, el atractivo de fondo es económico. Los churros se encuentran por muy poco dinero y, como están hechos de una espuma difícil de reciclar, darles una segunda vida en casa es también una forma de mantenerlos lejos del vertedero.
En el fondo es un buen ejemplo de cómo un objeto pensado para el agua puede ahorrarte cambiar muebles, comprar organizadores caros y, de paso, alargar la vida de tu menaje.
