Richard Feynman, Nobel de Física, sobre el gran peligro de ser listo: "El primer principio es no engañarte a ti mismo, y tú eres a quien es más fácil engañar"
El físico estadounidense no solo fue una eminencia en electrodinámica cuántica, sino también un defensor feroz del pensamiento honesto, incómodo y autocrítico.

Cuando piensas en consejos de comportamiento y capear problemas, siempre pensamos en psicólogos y filósofos, pero también científicos como el Nobel de Física, Richard Feynman, te pueden ayudar con estas claves. Y es que muchos de ellos, aun confiados en lo puramente científico, tenían o tienen fuertes convicciones religiosas, filosóficas y morales.
La famosa frase "El primer principio es no engañarte a ti mismo, y tú eres a quien es más fácil engañar", la pronunció durante su discurso de graduación en el Instituto Tecnológico de California (Caltech) en el año 1974. Posteriormente, se adaptó para el capítulo final de su libro de memorias ¿Qué te importa lo que piensen los demás? (What Do You Care What Other People Think?), publicado en 1988.
Pocas frases explican mejor los límites del conocimiento humano que esta advertencia de uno de los físicos más influyentes del siglo XX. No habla de ignorancia ni de falta de inteligencia, sino justo de lo contrario: del riesgo que asumen las personas brillantes cuando confían demasiado en su propio criterio.
El autoengaño como elemento principal
"El primer principio es no engañarte a ti mismo", dijo Feynman, "tú eres a quien es más fácil engañar". No se refería a mentiras conscientes, sino a algo más sutil y peligroso: la tendencia a justificar nuestras propias ideas, incluso cuando la evidencia las contradice.
Para Feynman, este era el mayor pecado intelectual. Y lo veía a diario en laboratorios, universidades y centros de investigación. Personas brillantes, formadas, convencidas de estar haciendo ciencia rigurosa… pero saltándose pasos incómodos, ignorando resultados que no encajaban o maquillando conclusiones.
No era un problema de mala fe. Era, precisamente, un problema de exceso de confianza.
Cargo cult science: parecer científico sin serlo
Feynman acuñó el término para describir prácticas que imitan la forma extrema de la ciencia, pero carecen de su esencia. Como los rituales de ciertas islas del Pacífico tras la Segunda Guerra Mundial: construían pistas de aterrizaje falsas esperando que volvieran los aviones de suministros, sin entender qué los hacía llegar realmente.
En ciencia —y por extensión en economía, política o empresa— ocurre algo parecido cuando se siguen protocolos, gráficos o modelos sin espíritu crítico. Hay fórmulas, hay estadísticas, hay lenguaje técnico… pero falta honestidad intelectual. Lo mismo se puede extrapolar a las facetas personales, a las relaciones con los demás.
Y aquí vuelve la advertencia y la posible paradoja: cuanto más listo eres, mejor sabes justificarte.
Feynman defendía la honestidad brutal
El físico estadounidense defendía una idea simple pero radical: "Debes tener una integridad absoluta al presentar resultados. Incluir todo lo que podría invalidar tu conclusión, no solo lo que la refuerza". Lo que tanto cuesta decir a la mayoría de la gente, científica o no: "Puede que esté equivocado".
Para Feynman, la ciencia no avanza por demostrar que tienes razón, sino por descubrir cuándo no la tienes. Y ese principio vale igual para un experimento físico que para una decisión empresarial o una convicción personal.
El mensaje sigue siendo incómodo hoy, o más que nunca, en una época de "atrincheramiento" de las ideas y de incluso negar hechos, un choque frontal con la cultura actual, donde cambiar de opinión se ve como incoherencia y falta de razón, pero al mismo tiempo, un propósito complicado pero ideal para 2026.
El famoso sesgo de confirmación
Feynman pensaba justo lo contrario: la capacidad de dudar de uno mismo es una señal de fortaleza intelectual. De hecho, varios estudios en psicología cognitiva han confirmado décadas después lo que él intuía: el llamado sesgo de confirmación afecta más a personas con alto nivel educativo, porque disponen de más herramientas para racionalizar sus creencias previas.
Richard Feynman no solo fue premio Nobel por sus contribuciones a la electrodinámica cuántica. Fue, sobre todo, un defensor feroz del pensamiento honesto, incómodo y autocrítico.
