El sueño totalitario de Elon Musk tiene 90 años: su abuelo ya exigía el fin de la democracia para imponer una dictadura de ingenieros
Joshua Haldeman, abuelo de Elon Musk, defendió la tecnocracia, apoyó el apartheid y abrazó ideas conspirativas.

De tal palo... La figura de Joshua N. Haldeman, abuelo materno de Elon Musk, el hombre más rico del mundo, ha vuelto al foco mediático, no por un hallazgo nuevo, sino porque su biografía encaja de forma inquietante con debates actuales sobre tecnocracia, autoritarismo y desconfianza hacia la democracia liberal. Lo que durante décadas fue una nota al pie familiar hoy se analiza como un antecedente ideológico incómodo.
Haldeman no fue un personaje marginal y da para una película. Fue quiropráctico, aviador, explorador, agitador político y defensor de ideas antidemocráticas, con una trayectoria que atraviesa Canadá, Estados Unidos y, finalmente, Sudáfrica en plena consolidación del apartheid.
De la quiropráctica al activismo político
Nacido en Canadá a comienzos del siglo XX, Haldeman ejerció como quiropráctico, una profesión que en aquella época solía convivir con corrientes pseudocientíficas y discursos alternativos al saber académico. Pero su ambición iba mucho más allá de la medicina alternativa.
En los años 30 y 40 se vinculó al movimiento tecnócrata norteamericano, una corriente que proponía sustituir la democracia representativa por un sistema dirigido por ingenieros, científicos y expertos técnicos. Instaurar el llamado tecnato.
Para Haldeman, los parlamentos eran ineficientes, manipulables y moralmente débiles. La solución, creía, pasaba por gobiernos gestionados como máquinas, sin partidos ni elecciones tradicionales.
Estas ideas, hoy minoritarias, gozaron entonces de cierta popularidad en círculos descontentos con la Gran Depresión y el orden liberal.
Conspiraciones, antisemitismo y rechazo a la democracia
Con el paso del tiempo, su pensamiento se radicalizó. Según investigaciones recientes citadas por medios como The Guardian y recopiladas en análisis publicados a comienzos de 2025, Haldeman abrazó teorías conspirativas, con un fuerte componente antisemita y antidemocrático.
No existen pruebas documentales de que fuera miembro del partido nazi. Este punto es importante. Aunque Errol Musk, padre de Elon, afirmó en entrevistas viralizadas en 2024 y 2025 que sus suegros simpatizaban con el nazismo, investigaciones posteriores —incluidas las recogidas por Yahoo News— no han encontrado evidencias de afiliación formal. Lo que sí está acreditado es su afinidad con posturas de extrema derecha y su rechazo frontal a la igualdad racial y política.
El salto a Sudáfrica y el apoyo al apartheid
En 1950, Joshua Haldeman emigró con su familia a Sudáfrica, justo cuando el régimen del apartheid acababa de institucionalizarse. No fue una decisión neutral. Diversos reportes coinciden en que vio en Sudáfrica un entorno político acorde a sus ideas, donde la segregación racial estaba respaldada por el Estado y donde la minoría blanca conservaba el poder político y económico.
Este traslado resulta clave para entender su legado. Sudáfrica no era solo un lugar de oportunidades económicas, sino un experimento social alineado con su visión jerárquica del mundo. Allí vivió hasta su muerte, sin renegar nunca de ese sistema.
¿Influencia real sobre Elon Musk?
Siendo rigurosos, no hay pruebas de una transmisión directa de ideas entre Joshua Haldeman y su nieto. Elon Musk nació años después y su carrera se ha desarrollado en contextos muy distintos. Cualquier vínculo ideológico directo sería especulativo.
Sin embargo, historiadores y analistas subrayan que el entorno familiar importa. Crecer en una familia marcada por desconfianza hacia la democracia, fascinación por la tecnología como forma de poder y tolerancia hacia sistemas autoritarios no es irrelevante.
El interés reciente por Haldeman no responde al morbo genealógico. Coincide con un momento en el que las ideas tecnocráticas, el desprecio por los contrapesos democráticos y la fascinación por líderes "eficientes" vuelven a ganar terreno.
Joshua Haldeman murió convencido de que la democracia era un error. Su nieto lidera algunas de las empresas tecnológicas más influyentes del planeta. Entre ambos no hay una línea recta, pero sí una pregunta incómoda que hoy vuelve a plantearse: ¿quién decide el futuro cuando la técnica sustituye a la política?
