Un hombre organizó 140 vuelos ilegales de drones a nueve cárceles británicas en dos meses y cobró 30.000 euros: le han condenado a más de cinco años de prisión
"Nos han entregado machetes mediante drones. Es cuestión de tiempo que llegue algo peor".

Un hombre ha sido condenado a más de cinco años de prisión en Reino Unido tras organizar una red de contrabando con drones que operó durante apenas dos meses. El caso revela hasta qué punto esta tecnología se ha convertido en una de las mayores amenazas para la seguridad penitenciaria.
El condenado, Shafaghatullah Mohseni, de 29 años, lideró una operación que realizó alrededor de 140 vuelos ilegales a nueve cárceles británicas entre diciembre de 2024 y febrero de 2025. A cambio, recibió unos 30.000 euros por introducir drogas, teléfonos móviles, armas y otros objetos prohibidos dentro de los centros.
"Como si fuera Uber Eats": así funcionaba la red
El modus operandi era simple y eficaz. De madrugada, el acusado se desplazaba a zonas cercanas a prisiones como Wormwood Scrubs. Desde allí lanzaba drones comerciales cargados con paquetes ilegales.
Los envíos llegaban con precisión a patios o ventanas de las celdas, donde los presos ya estaban preparados para recogerlos. El juez que dictó la sentencia fue contundente: los paquetes llegaban "francamente, como si fueran de Uber Eats".
Drogas, móviles… y hasta cuchillos
El contenido de los envíos muestra la gravedad del problema: drogas, teléfonos móviles y cargadores, tabaco y cuchillos. Según responsables penitenciarios, también se han detectado artículos inesperados, como medicamentos o productos sanitarios.
La clave es que todo lo que tenga valor dentro de la cárcel acaba siendo objeto de contrabando, y lo más curioso es que son artículos normalmente pagados por familiares.
Un fenómeno en auge: más de 1.700 drones detectados
El caso no es aislado. Según datos oficiales del Gobierno británico, se registraron 1.712 avistamientos de drones en cárceles de Inglaterra y Gales en el último año. Es la cifra más alta desde que comenzaron los registros en 2014.
Y probablemente se queda corta. Muchos vuelos se producen de noche, cuando la vigilancia es menor.
Un problema de seguridad real (y creciente): así han cambiado los drones las reglas
Las autoridades alertan del riesgo del aumento de la violencia dentro de la prisión. El acceso a drogas, armas y móviles alimenta las redes criminales internas, genera deudas entre los presos, y provoca conflictos y agresiones. Un responsable penitenciario lo resumió con una frase: "Nos han entregado machetes mediante drones. Es cuestión de tiempo que llegue algo peor, incluida una fuga", según declaró Mark Fairhurst, presidente de la Asociación Británica de Funcionarios de Prisiones, en el New York Times.
El contrabando en cárceles no es nuevo. Antes se hacía mediante visitantes, funcionarios corruptos y lanzamientos manuales por encima de muros. Sin embargo, los drones lo han cambiado todo: permiten entregas precisas, evitan contacto directo y son difíciles de interceptar. Además, muchas prisiones fueron construidas hace décadas, sin prever amenazas aéreas. Son seguras desde tierra, pero vulnerables desde el cielo.
Las autoridades están reaccionando con la instalación de redes y protecciones físicas, el desarrollo de sistemas para interceptar drones y el análisis forense de dispositivos incautados.
Pero hay un problema: una vez que el dron está en el aire, es muy difícil detenerlo. Por eso la estrategia se centra en detener a los pilotos antes o después de los vuelos.
Un negocio rentable… con consecuencias graves
El sistema funcionaba porque era rentable. Los productos dentro de prisión pueden costar entre cinco y diez veces más que fuera. Eso genera un mercado negro potente, pero también consecuencias fuera de la cárcel: familias presionadas para pagar deudas, extorsión y expansión de redes criminales.
El uso de drones para contrabando no es un fenómeno exclusivo británico. Los informes oficiales advierten de que el problema se está extendiendo por toda Europa. La tecnología no solo facilita la vida fuera, también está cambiando el crimen dentro de las cárceles.
