Una granja de lavanda instala wifi en pleno campo para los influencers que viajan de todo el mundo a fotografiarla: “Cuando la plantamos no existía Instagram”
Todo sea por la foto.

Lo que comenzó hace un cuarto de siglo como una apuesta por los aceites esenciales se ha convertido en un inesperado fenómeno de las redes sociales. Los campos de lavanda de Castle Farm, en el condado inglés de Kent, reciben cada verano a miles de visitantes en busca de la fotografía perfecta entre hileras de flores violetas.
La afluencia es tal que la familia propietaria ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos. Entre las últimas novedades destaca la instalación de amplificadores de wifi en plena campiña para que los visitantes puedan compartir sus imágenes al instante.
La historia resume a la perfección cómo Instagram y TikTok han transformado la forma de viajar y han puesto en el mapa rincones rurales hasta hace nada poco conocidos que ahora son capaces de atraer viajeros de múltiples países.
Del aceite esencial al fenómeno viral
Castle Farm abrió sus campos al público para paseos y picnics mucho antes de que existieran las redes sociales. La intención inicial era cultivar lavanda para abastecer a la industria del bienestar, aprovechando las propiedades aromáticas de la planta.
Sin embargo, el espectacular paisaje púrpura terminó conquistando internet. Según explica Lorna Roberts, responsable de la granja, muchos visitantes acuden expresamente a capturar la imagen perfecta y compartirla con sus seguidores.
“Cuando la plantamos no existía Instagram”, recuerda Roberts entre risas. Hoy, de forma absolutamente inesperada, esa misma plantación se ha convertido en uno de los escenarios más fotografiados del verano británico.
Ahora con wifi entre flores
Las continuas quejas por la falta de cobertura llevaron a la familia a instalar una red wifi para invitados y varios amplificadores de señal repartidos por los campos. El servicio se utiliza sobre todo para subir fotos y vídeos en tiempo real.
Con esta instalación, ha cambiado el funcionamiento tradicional de la plantación, pero también han conseguido una repercusión que está siendo global. Una pizarra a la entrada de la plantación invita a los visitantes a anotar su lugar de procedencia, y en una sola jornada han llegado a contabilizar personas de 56 países distintos.
Lejos de verlo como una molestia, los propietarios consideran que la lavanda se ha convertido en un inesperado punto de encuentro. El aroma, el paisaje y la historia familiar siguen siendo el alma del proyecto, aunque ahora convivan con móviles, selfies y publicaciones en tiempo real.
