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Vehículos anfibios, trampas gigantes y helicópteros para combatir a los jabalíes: las soluciones extremas que prueban los granjeros

Vehículos anfibios, trampas gigantes y helicópteros para combatir a los jabalíes: las soluciones extremas que prueban los granjeros

Granjeros de EEUU usan toda la tecnología y logística a su alcance contra los jabalíes ferales, una plaga que cuesta cientos de millones de dólares al año.

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Los jabalíes son un gran problema en EEUU, hasta el punto de usar la mejor tecnología y medios propios de película para evitar daños.Copyright Raimund Linke

Los jabalíes asilvestrados se han convertido en una de las especies invasoras más destructivas de EEUU. Arrasan cultivos, levantan pastos, contaminan cursos de agua, atacan crías de ganado y obligan a los agricultores a probar medidas cada vez más extremas: trampas gigantes para capturar manadas enteras, operaciones desde helicópteros, perros entrenados, vallados, cámaras remotas e incluso vehículos todoterreno o anfibios en zonas pantanosas.

El problema no es menor. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos calcula que los cerdos ferales causan 2.500 millones de dólares al año en daños y costes de control en el país, con presencia en al menos 35 estados. Solo la parte agrícola supera los 800 millones de dólares, según el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal del USDA, conocido como APHIS.

Una plaga que se reproduce rápido y arrasa el campo

Los cerdos ferales —también llamados feral swine, jabalíes salvajes o cerdos asilvestrados— no son una especie nativa de Norteamérica. Descienden de cerdos domésticos escapados o liberados y de jabalíes euroasiáticos introducidos para la caza. El resultado es un animal resistente, adaptable y difícil de controlar.

Su impacto se nota sobre todo en el campo. Remueven la tierra en busca de raíces e insectos, destrozan maizales y arrozales, dañan pastos, comen semillas, atacan animales pequeños y pueden transmitir enfermedades al ganado, a la fauna silvestre e incluso a personas. APHIS los define como una especie invasora peligrosa y destructiva, con riesgos para la agricultura, la propiedad, los recursos naturales y la salud pública.

El dato que mejor explica la desesperación de muchos agricultores está en Texas. Es el estado con mayor población de cerdos ferales del país. La American Farm Bureau Federation estimó en 2025 que los daños agrícolas causados por estos animales en 13 estados alcanzaron 1.600 millones de dólares en un solo año (unos 1.366 millones de euros), con Texas como el territorio más afectado: 871 millones de dólares.

Trampas gigantes para capturar manadas enteras

Una de las técnicas más usadas no consiste en abatir animales uno a uno, sino en capturar grupos completos. En inglés se conocen como whole sounder traps: trampas pensadas para encerrar a toda la manada, no solo a uno o dos ejemplares.

Texas Parks and Wildlife explica que la eficacia de estas trampas ha mejorado gracias a las cámaras remotas y a los sistemas de vigilancia en tiempo real. El agricultor o el técnico puede ver desde el móvil cuándo entra el grupo completo y activar el cierre en el momento adecuado.

APHIS también incluye este método entre las herramientas habituales de gestión, junto con vallados, operaciones terrestres, vacunación del ganado para reducir riesgos sanitarios y control aéreo. La clave, según el organismo, no está en una sola técnica, sino en una estrategia integrada.

El motivo es que, si solo se capturan algunos ejemplares, los supervivientes aprenden. Se vuelven más esquivos, cambian rutinas y evitan cebaderos. Por eso los programas más serios intentan actuar sobre grupos completos y con seguimiento previo.

Helicópteros y caza aérea: eficaz, cara y polémica

La imagen más llamativa es la de los helicópteros. En Texas y otros estados se usan para localizar y abatir cerdos ferales en zonas amplias, especialmente donde el terreno dificulta la entrada por tierra. APHIS reconoce las operaciones aéreas de eliminación como una herramienta habitual dentro de los programas de control.

Texas A&M AgriLife Extension, una de las fuentes académicas de referencia en este tema, señala que la caza aérea puede permitir retirar grupos enteros cuando las condiciones son favorables, especialmente con temperaturas más bajas, porque los helicópteros pueden volar más despacio y operar con mayor precisión.

Pero no es una solución mágica. Es cara, depende del clima, exige pilotos y tiradores entrenados, y no sirve igual en zonas boscosas que en espacios abiertos. Además, genera debate por razones éticas y de seguridad. En refugios federales, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EEUU explica que este tipo de actuaciones las realiza personal entrenado y bajo criterios de seguridad y bienestar animal.

Perros, vehículos todoterreno y zonas pantanosas

En algunas áreas rurales, especialmente en el sur de EEUU, también se utilizan perros entrenados para localizar cerdos ferales en zonas de matorral espeso. Texas A&M advierte de que estos perros deben estar bien adiestrados para evitar ataques a especies no objetivo y para reducir el riesgo de lesiones.

Sobre los vehículos anfibios o buggies de pantano, no hay tanta documentación oficial como en el caso de las trampas o los helicópteros. Sí forman parte del paisaje de algunas operaciones privadas de caza y control en zonas húmedas, pero conviene no presentarlos como una política pública generalizada sin una fuente sólida. Lo fiable, según los organismos oficiales, es que el control real combina trampas, seguimiento con cámaras, eliminación terrestre, retirada aérea y coordinación con propietarios.

Por qué matar jabalíes no siempre reduce la plaga

Uno de los puntos más contraintuitivos es que la caza recreativa puede no bastar. Incluso puede empeorar el problema si desplaza animales, rompe grupos o incentiva traslados ilegales para mantener poblaciones de caza.

APHIS insiste en que las estrategias más eficaces son las coordinadas, no las actuaciones aisladas. Algunos estados han llegado a restringir la caza del cerdo feral porque puede dificultar la erradicación cuando las poblaciones aún son pequeñas.

La razón es que estos animales se reproducen rápido y son muy adaptables. Si no se elimina un porcentaje muy alto de la población de forma constante, el número vuelve a crecer. Por eso los técnicos hablan de gestión más que de una victoria definitiva.

Una guerra rural que ya llega a las ciudades

El problema ya no se queda en las granjas. APHIS advierte de que los cerdos ferales también están apareciendo en zonas urbanas y periurbanas, donde dañan jardines, parques, carreteras y propiedades.

En Texas, las autoridades locales han alertado en los últimos años de la presencia de estos animales en barrios residenciales. Allí el control se complica, porque no se puede disparar libremente y las normas de captura y transporte son más estrictas.

Lo que empezó como un problema rural se ha convertido en una batalla de gestión ambiental, agrícola y sanitaria. Y por eso los granjeros están recurriendo a medidas que parecen sacadas de una película.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Te paso lo de la bio: Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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