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Europa solo será soberana si se libera "de la ideología de Silicon Valley, no solo de su tecnología", según el responsable de un think tank antimonopolio

Europa solo será soberana si se libera "de la ideología de Silicon Valley, no solo de su tecnología", según el responsable de un think tank antimonopolio

Las decisiones políticas adoptadas en Washington pueden tener efectos inmediatos sobre ciudadanos europeos. 

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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante una conferencia de prensa del G7.dpa/picture alliance via Getty I

La dependencia tecnológica de Europa respecto a EEUU podría convertirse en una de sus mayores vulnerabilidades estratégicas. Esa es la conclusión que defienden diversos expertos en regulación digital tras la presentación del nuevo paquete de soberanía tecnológica de la Comisión Europea

Entre ellos destaca el responsable de un think tank antimonopolio, que lanza una advertencia contundente: la Unión Europea no alcanzará una verdadera autonomía si solo sustituye proveedores estadounidenses sin cuestionar el modelo de innovación importado desde Silicon Valley.

El mensaje llega en un momento especialmente delicado para Bruselas, que intenta reducir su exposición a gigantes tecnológicos como Apple, Amazon, Microsoft o las grandes plataformas de inteligencia artificial. 

La preocupación ya no gira únicamente en torno a la competencia económica, sino a la posibilidad de que estas infraestructuras puedan convertirse en herramientas de presión política y geopolítica.

El caso de una jueza europea que perdió acceso a servicios estadounidenses

Uno de los episodios que ha alimentado este debate es el de Beti Hohler, jueza de la Corte Penal Internacional y ciudadana eslovena residente en Países Bajos. Después de ser sancionada por la Administración Trump debido a su actividad en el tribunal, comprobó hasta qué punto la vida cotidiana depende de empresas estadounidenses, caso publicado en The Guardian.

Según relató, las restricciones afectaron a servicios financieros y plataformas digitales vinculadas a compañías de EEUU, generando una situación de gran incertidumbre. Su experiencia se ha convertido en un ejemplo de cómo decisiones políticas adoptadas en Washington pueden tener efectos inmediatos sobre ciudadanos europeos debido a la fuerte dependencia tecnológica existente. 

Para los analistas, el episodio demuestra que la soberanía digital va mucho más allá de disponer de aplicaciones propias: implica garantizar que servicios esenciales no puedan quedar condicionados por intereses políticos externos.

La Comisión Europea intenta reaccionar

Consciente de estos riesgos, Bruselas ha presentado un paquete legislativo destinado a fortalecer las capacidades tecnológicas europeas. Su pieza central es la futura Ley de Desarrollo de la Nube y la IA (Cada), que pretende establecer diferentes niveles de confianza para los proveedores que gestionan datos públicos.

La propuesta busca que las operaciones más sensibles, especialmente las relacionadas con seguridad nacional, defensa o aplicación de la ley, recaigan sobre empresas que cumplan criterios más estrictos de soberanía y control.

Sin embargo, algunos especialistas consideran que el impacto práctico será limitado. Recuerdan que la mayor parte del mercado europeo de computación en la nube continúa dominado por empresas estadounidenses y que buena parte de la aplicación de las nuevas normas dependerá de cada Estado miembro.

El verdadero problema, según los críticos: copiar el modelo de Silicon Valley

Para el responsable del think tank antimonopolio, el principal error de la Unión Europea consiste en asumir la misma filosofía que ha guiado el desarrollo tecnológico estadounidense. 

Según explica, Bruselas parece aceptar que la inteligencia artificial debe desplegarse cuanto antes y al mayor ritmo posible, dando por hecho que su expansión traerá beneficios automáticos para la sociedad. A su juicio, esa premisa carece de suficiente respaldo empírico y deja en segundo plano cuestiones como la privacidad, el consumo energético, el impacto laboral o las consecuencias democráticas. 

La crítica también alcanza a los planes para acelerar la construcción de centros de datos en Europa. Las denominadas "zonas de aceleración" previstas por la Comisión podrían simplificar trámites administrativos y reducir plazos para nuevos proyectos, pero sus detractores alertan de que también podrían rebajar controles medioambientales y acabar reforzando precisamente a las multinacionales tecnológicas que ya lideran el mercado.

Más que fabricar tecnología: construir una visión propia

El debate de fondo es si Europa debe limitarse a desarrollar versiones locales de las herramientas estadounidenses o aprovechar este momento para definir un modelo tecnológico diferente.

El experto sostiene que la soberanía digital no depende únicamente de quién posee los servidores, los centros de datos o los algoritmos, sino también de quién decide para qué sirven y bajo qué principios se utilizan

En otras palabras, una nube europea o una inteligencia artificial desarrollada en territorios comunitarios no garantizarán por sí solas la independencia si siguen respondiendo a las mismas lógicas económicas y sociales que han marcado el ecosistema de Silicon Valley.

Por ello, concluye que la Unión Europea necesita una estrategia propia basada en el interés público, la evidencia científica y la protección de los derechos fundamentales. Solo así, afirma, podrá dejar de actuar como un mero consumidor de tecnologías diseñadas por otros y convertirse en un actor capaz de definir su propio futuro digital.

La advertencia resume un debate cada vez más presente en Bruselas: la autonomía estratégica no consiste únicamente en fabricar chips, construir centros de datos o desarrollar modelos de inteligencia artificial europeos. 

También implica decidir con criterios propios cómo se diseñan, regulan y ponen al servicio de la sociedad esas tecnologías. De lo contrario, Europa podría reducir su dependencia técnica mientras sigue importando las mismas prioridades y la misma visión del mundo que dominan hoy en Silicon Valley.

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Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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