Zuckerberg en el banquillo: exige más horas de tu vida, culpa a los padres y cuela cámaras espía en el juicio por la adicción a Instagram
El dueño de Meta trata de expulsarse de las acusaciones en un juicio que ya es histórico, y en el que uno de sus acompañantes se ha saltado una norma fundamental estipulada en la ley.

El fundador de Meta comparece ante el Tribunal Superior de Los Ángeles en uno de los procesos más delicados de su carrera. No es una discusión técnica sobre privacidad ni una audiencia rutinaria en el Congreso. Aquí la pregunta es mucho más directa: ¿diseñó Instagram mecanismos para enganchar a los adolescentes y retenerlos cada vez más tiempo en la pantalla?
Mientras Mark Zuckerberg avanza entre cámaras con gesto imperturbable, fuera del edificio le esperan padres que acusan a la compañía de haber contribuido a la depresión, la ansiedad e incluso pensamientos suicidas de sus hijos. La batalla es jurídica, pero también simbólica.
La acusación: algoritmos para atrapar
El caso gira en torno a una joven demandante, identificada como "KGM" o "Kaley", que sostiene que Meta y Google desarrollaron deliberadamente sistemas adictivos en Instagram y YouTube. Otras plataformas como TikTok o Snapchat ya han optado por acuerdos extrajudiciales, pero Meta ha decidido defenderse hasta el final.
En el centro del debate está el modelo de negocio:
- Más tiempo de uso implica más datos
- Más datos permiten segmentar mejor la publicidad
- Más publicidad significa mayores ingresos
Durante su interrogatorio, Zuckerberg rechazó que la empresa buscara conscientemente prolongar el tiempo de permanencia en Instagram. Ante un correo de 2015 donde se hablaba de aumentar la interacción, respondió que esos objetivos eran comparaciones internas con competidores, no una política de adicción planificada.
Sin embargo, los abogados de los demandantes presentaron documentos del actual jefe de Instagram, Adam Mosseri, que fijaban metas concretas: pasar de 40 minutos diarios de uso medio en 2023 a 46 minutos en 2026. Para la acusación, eso no es una coincidencia, sino una estrategia.
El giro legal: más allá del Artículo 230
Durante años, Meta -matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp- se ha beneficiado de la protección que ofrece el Artículo 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones en Estados Unidos. Esta norma blinda a las plataformas frente a la responsabilidad por contenidos generados por usuarios.
Ese escudo ha resistido críticas de demócratas y republicanos, incluido el expresidente Donald Trump, que ha pedido su derogación. Pero el caso actual no se centra en lo que publican los usuarios, sino en cómo están diseñadas las plataformas.
Y ahí podría estar el cambio de paradigma.
Más de mil demandas individuales similares están en marcha. Además:
- 29 estados han presentado acciones legales
- Distritos escolares y familias se han sumado a las reclamaciones
- Se plantean posibles indemnizaciones multimillonarias
Si los tribunales consideran que el problema no es el contenido, sino el diseño algorítmico, el alcance real del Artículo 230 podría redefinirse.
Padres frente a la narrativa corporativa
La defensa de Meta no solo se basa en argumentos técnicos. Según informaciones judiciales, los abogados de la compañía han señalado factores como la inestabilidad familiar para explicar los problemas de la demandante.
Ese enfoque ha indignado a muchos padres presentes en la vista. Para ellos, el proceso no es una discusión abstracta sobre métricas, sino una cuestión de salud mental adolescente.
Zuckerberg solo admitió deficiencias en un punto concreto: la verificación de edad. Instagram tuvo problemas para detectar y eliminar cuentas de menores de 13 años. La pregunta lanzada por un abogado fue demoledora: "¿De verdad espera que un niño de nueve años lea las condiciones del servicio?"
Documentos incómodos y paralelismos con el tabaco
El proceso también ha obligado a Meta a revelar comunicaciones internas. Entre ellas, referencias al llamado "Project Mercury", un estudio interno suspendido en 2020 que analizaba los efectos negativos de las redes sociales.
Los críticos han comparado la situación con la estrategia histórica de la industria tabacalera: investigaciones que detectan riesgos y empresas que, aun así, priorizan el negocio. Meta sostiene que el proyecto tenía deficiencias metodológicas y que por eso se canceló. Pero el daño reputacional ya está hecho.
Europa aprieta, EE. UU. observa
Mientras en Estados Unidos el debate gira en torno a la responsabilidad civil, en Europa la regulación ya ha dado un salto con la Ley de Servicios Digitales. Las grandes plataformas deben evaluar riesgos sistémicos, especialmente para menores, y adoptar medidas preventivas.
Empresas como TikTok han recibido sanciones millonarias y exigencias de cambios estructurales. Meta, por ahora, no enfrenta en EE. UU. un castigo de esa magnitud, pero el clima político ha cambiado.
La batalla de las imágenes… y las gafas inteligentes
Paradójicamente, en un juicio donde no se permiten fotografías en la sala, la primera polémica visual llegó de la mano de la tecnología de la propia Meta. Según informó CNBC, un acompañante de Zuckerberg accedió al tribunal con gafas inteligentes Meta Ray-Ban con capacidad de grabación.
El juez ordenó retirar cualquier posible grabación y advirtió sobre sanciones. Un detalle aparentemente menor, pero simbólico: en un proceso sobre vigilancia algorítmica y adicción digital, la sospecha de una cámara encubierta no pasó desapercibida.
El veredicto aún está lejos, pero el impacto ya es evidente. No se trata solo de si Instagram resulta adictivo. Está en juego hasta qué punto las plataformas deben responder por el diseño de productos que compiten por la atención humana.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Meta Platforms no se enfrenta únicamente a legisladores o competidores, sino a padres que ponen rostro y nombre a las consecuencias.
