Ferran Adrià cuenta el día que su padre dijo que el sashimi “era para los gatos”
El chef recuerda en la Cadena SER la primera vez que llevó a sus padres a un japonés… y cómo tuvo que pedir tempura para salvar la cena.
Hay anécdotas familiares que no se olvidan. Y si además te llamas Ferran Adrià, la escena tiene todavía más gracia. Ahora verán por qué les digo esto.
En una entrevista en la Cadena SER, el chef recordó la primera vez que llevó a sus padres a cenar a un restaurante japonés. Imaginen el panorama y dejen volar su imaginación. El lugar elegido no era cualquiera: el mítico Shunka, templo de la cocina nipona en Barcelona y regentado por su amigo Hideki.
La escena prometía. A Adrià le hacía especial ilusión compartir esa experiencia con sus padres. Además, su padre era amante de las ostras y las almejas vivas. "Vivas, no muertas", recuerda sabiendo lo que viene a continuación. El pescado crudo no debería ser un problema, ¿no? Pues no exactamente.
"¿Pero esto qué es?"
Sentados ya a la mesa, Adrià decidió que lo mejor era empezar por lo más representativo: el sashimi. Quería que entendieran la esencia del sitio, la pureza del producto, la delicadeza del corte. Les sirven la bandeja. Silencio. Miradas raras.
"Es atún, ventresca de atún", les explica él, orgulloso.
Y entonces llega el momento.
"¡¡Eso está crudo!! ¡¡Eso es para los gatos!!", suelta su padre.
No gritando, pero sí lo suficientemente alto como para que el restaurante entero se girara. Hideki delante. Los comensales mirando. Y Adrià, sin saber muy bien dónde meterse. Uno de esos momentos tan: "Tierra, trágame".
Su padre, según contaba Adrià, no tiene filtro. Lo que piensa, lo dice. Y aquello del pescado crudo no entraba en sus esquemas. Para él, el atún debía estar hecho. Lo otro no era comida.
La madre, más moderna
En medio del pequeño terremoto gastronómico, su madre intentó suavizar y relativizar la situación. "Bueno, pruébalo, pruébalo", le decía al marido. Pero no hubo manera. El sashimi no pasó el filtro paterno.
Ahí es cuando Adrià decidió activar el plan B.
Miró a Hideki y pidió que sacara tempura. Cambio de estrategia. "¿Te gustan los calamares a la romana?", le preguntó a su padre. "Pues esto es algo parecido, pero con gamba".
Y entonces sí. "Eso, eso es lo que quiero".
Problema resuelto.
Una lección más allá de la cocina
Más allá de la anécdota divertida, Adrià explicó que aquella experiencia le enseñó mucho. No todo el mundo vive la gastronomía con la misma apertura mental. Lo que para un chef es cultura, técnica y producto, para otros puede ser simplemente algo extraño.
Y ahí está la clave: entender al comensal.
La escena, casi de comedia costumbrista, resume perfectamente el choque entre tradición y modernidad, entre generaciones y entre formas de entender la comida. Incluso en la familia de uno de los cocineros más influyentes del mundo, el sashimi puede convertirse en ¿polémica?
Al final, no hubo drama. Hubo tempura. Y seguramente, risas posteriores.
Pero la imagen es impagable: uno de los grandes revolucionarios de la cocina mundial, sonrojado en un japonés, mientras su padre sentencia que el atún crudo es "para los gatos". ¿Habría segunda vez? Igual nos enteramos en algún momento.